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El mosquito hembra tiene el orificio genital lubricado con las feromonas de sus ovarios y observa en el árbol un enjambre de machos, con sus dos conductos deferentes inhiestos, con un zumbido excitante y tarareando el vuelo del moscardón de Korsakov. A través de sus ojos compuestos y como un mosaico de imágenes eróticas, se lanza en picado, copula salvajemente con tres machos de buen ver, en una orgía de miles.
Se deja caer en un charquito en el césped y chapotea.
Debe chupar un poco de sangre, para su metamorfosis.
Por la noche, desde la pared intuye a sus huéspedes, porque no se les ve, pero sabe que están haciendo lo que ella hace unas horas, pues a sus órganos sensoriales le llega el anhídrido carbónico exhalado, la humedad, el calor y el sudor corporal.
Se acerca y vuela en zigzag alrededor de los humanos pero el aleteo de unas manos le hacen huir volando. De repente una oleada de calor y los cuerpos se aquietan y aprovecha para hundir los estiletes de su mandíbula en el glúteo y a la vez, una mano tatúa su silueta en la piel, mientras una gota de sangre se dirige al canalillo.
Con gesto inquieto, ordena el plato y el vaso vacíos en la bandeja y la coloca sobre sus rodillas.
Abres la puerta y entras. Cree que le dedicas una sonrisa. Piensa que hoy estás más guapo y que el pelo te brilla. Sus ojos se iluminan, una mariposa de fogosos colores va a posarse en su cabeza, pero tú con gesto zalamero, la ahuyentas. Sale volando y ella también, se escapa con los suyos, ¡les echa tanto de menos!
Un suave roce de tu mano la trae de nuevo, le coges la bandeja, ahora es ella quien sonríe. Te pregunta… por los claroscuros de las paredes, y por esos palitos negros pintados en ellas. No contestas. Te marchas pero ella sabe que volverás, aún te queda una por venir, siempre las cuenta.
Sobre la destartalada mesa, en una minúscula y contigua habitación, abandonas la bandeja. Un hombre, desaliñado y astroso como tú, te ofrece un pitillo. El aire se espesa…
“Malditas polillas. Ya empieza a mirarme con ojos tiernos, con un poco de suerte… que no pase como con la última, que el papaíto llegó a tiempo con la tela y me quedé a dos velas”
Cada tarde perseguía por la pradera salpicada de pinceladas de color a las mariposas que felices revoloteaban entre el manto colorido. Iba tras ellas corriendo, saltando, cantando de alegría. También se detenía y fingía ser estatua para que se posaran sobre ella. Un día atrapó entre sus dedos a una muy hermosa y vino a enseñármela. Le dije que la soltara, que me daba pena porque iba a quitar de sus alas el polvo mágico de las hadas. Me miró dudando pidiendo una explicación más extensa. Le conté que las hadas de la primavera, en el momento que el capullo convertido en mariposa va a echar a volar esparcen unos polvos mágicos que les da el colorido tan bello y les hace poder volar. Y claro, si tocas las alas, se va esa magia. Soltó a la mariposa y se miró los dedos, los tenía pintados. Pobre mariposa, ya no podía volar. Cayó entre la hierba a merced del viento.
Esa noche entre sueños le pareció ver un hada junto a la mariposa de la tarde en el alféizar de su ventana. Con la luz del sol se acercó y vio unos polvitos brillar.
Desde que nací esssstuve ideando y preparándome para volar por espacios fantásticos y mmmmelodiosos que en principio no parecían destinados a mí pero que cada día imaginaba. Siempre anssssiaba llegar a la edad adulta para realizar todas aquellas cosas que la juventud no mmmme permitía. Todo era posposición y retraso. Poder solazzzzarme en el interior del pabellón auricular de un guepardo lanzado a más de cien kilómetros por hora ¡Qué pasión! O perder la noción del tiempo atravesando en semanas o meses el soberbio espacio que media entre un núcleo y su nube de electrones ¡Qué pasión, qué lujo-lujuria! Siempre he ssssido un perfeccionista y me gussssta planear las cosas hasta su último detalle pero ha llegado la noche y me temo que es la última. Tengo mi tagma superior algo dañado y lo que es peor, parece que mi exoesqueleto se ha agrietado ligeramente a nivel de mi abdomen y el escape de alguno de mis humores internos me tiene aprisionado a este parabrisas. Nunca puedes dejar nada para después, no merece la pena, la vida tiene sus ritmos. Ademássss calculo que los primeros rayos del Sol acabarán evaporándome !Qué mmmmierda! ¡Qué osssstia!
Que haya llegado a soñar con mi cuerpo convertido en un divertido esqueleto en el que las hormigas corren por el tubo hueco de los huesos no me convierte en perturbado; puedo admitir un grado de obsesión, pero quién se salva de eso…
Hace seis meses que aparecieron recorriendo una línea imaginaria que cruzaba mi habitación hasta desaparecer bajo el armario. En unos días se multiplicaron por todo el piso y eso estimuló mi interés. Aparté algunos muebles, desmonté las ventanas del salón y renuncie a la ducha cuando adiviné que el desagüe formaba ya parte de este inusitado hormiguero.
Me dediqué, entonces, a observar el cumplimiento jerárquico y funcional de sus individuos; su perfecta, estúpida y monótona maquinaria; el pánico ante lo imprevisto, la violenta reacción frente a lo extraordinario. En los últimos días he podido consultar varios manuales para confirmar mi sospecha de que un hormiguero también es un semillero de comportamientos interesados y egoístas.
Pero el caso es que me ha despertado el teléfono móvil. Le he contestado a Sonia que los domingos duermo hasta más tarde y que no estoy convencido de que sea buena idea su visita. Hemos decidido hablar más tarde. Es irremediable, supongo.
De momento para los que queráis buscar la inspiración por la red tenéis mucho y variado…
El TEXTO COMPLETO
La BIOGRAFÍA DEL AUTOR
Uno de los numerosos AUDIOLIBROS de la obra
Una VERSIÓN DRAMATIZADA española en blanco y negro
Uno de lo numerosos CORTOS DE ANIMACIÓN
Uno de los numerosos CORTOMETRAJES
Salgo todas las mañanas a la misma hora para ir a trabajar, camino por las calles, viendo como el gentío el ir y venir, el regusto de saber que no estoy solo, el ajetreo constante de los coches y los atascos, hacen que me sienta vivo en esta mi ciudad.
Cuento con los años que he vivido en Madrid, ni mas ni menos que sesenta, he visto de todo y he vivido de todo. Guerra, crisis, transición, el destape… Me he casado y he tenido cuatro hijos a los que adoro, cuatro nietos que tendrán el futuro muy negro si seguimos así, me reconforta que mis ojos no lo verán. Me duele ver como mi país se cae, se seca como una manzana podrida, deseo que todo pase, que pasará, pues así ha ocurrido siempre.
Preferiría no hacerlo, pero hoy es el último día que caminaré para ir a trabajar, de aquí en adelante, lo haré cuando me apetezca, al lado de mi esposa, con mis nietos.
Echaré de menos no volver al trabajo, más de cuarenta años en el mismo sitio es mucho tiempo, me entristece que haya caído también.
Ojalá pronto todo vuelva a ser como antes.
Este título podría interpretarse de varias maneras. Podría ser las primeras palabras que un bebé de cinco meses pronuncia o el comienzo del estribillo de las canciones con que «Aqua» o «Cartoons» nos flajelaban; pero no es el caso. Hace referencia a la duda, a la gran y reiterada duda que permito se hinque en lo más profundo de mi, como una garrapata hinca su cabeza bajo la piel. Convirtiéndose así en el equívoco motor «real» de mi vida. Preferiría no hacerlo; dime cómo.
– Vete por favor, no quiero que presencies esto.
Tus ojos color miel traspasan mis sentidos y tus palabras cargadas de tristeza hacen que mi corazón se encoja.
Es el aspecto más desgarrador de tu enfermedad la que se asoma cada noche en tu busca y nos acecha detrás de la puerta.
El miedo, el sufrimiento y los nervios muerden mi piel, preferiría no hacerlo pero tengo que plantarle cara a esto.
Preparo mis armas como un caballero de la Edad Media, el amor, la ternura, el cariño y la paciencia son mis utensilios de batalla junto con tu tesón y tus ganas de vivir para salir victoriosos.
Y una mañana despiertas, ya pasó todo, el sufrimiento se escapó habilmente por las rendijas de la persiana y llegó la claridad del día.
Vi tu sonrisa clara y abierta y me acerqué para besar tus labios totalmente enamorada.
Me tendiste tu mano fuerte y segura. Miramos a través de la ventana y volamos juntos lejos, muy lejos al país de los sueños para columpiarnos sobre las cuerdas de la esperanza y comenzar de nuevo.
RELATO FUERA DE CONCURSO
-Preparar el almuerzo.
-Repasar los bajos del pantalón.
-Encajar los horarios de la piscina.
-Fregar el suelo de la salita.
-Estudiar para el exámen de inglés.
-Recoger el estropicio de los gatos.
-Insistir a Marta para que recoja el cuarto.
-Reñir a Alfonso por las notas.
-Ir al médico por si…
-Airear el sótano.
-No olvidarme de la vacuna de los gatos.
-Organizar el cajón de las medicinas.
-Hilvanar el vestido para la boda del domingo.
-Adecentar un poco el coche.
-Comer menos.
-Engrasar la cerradura de la verja.
-Recalentar las sobras de la cena de ayer.
-Lavar las sillas del patio.
-Olvidarme de las ganas de escribir.
RELATO FUERA DE CONCURSO
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