Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

CORAJE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL CORAJE

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto CORAJE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 de MAYO

Relatos

AGO105. UNA ABEJA OLIENDO LAS TOSTADAS CON MIEL, de María del Pilar P. Rey

Somos dos chicas valientes, ¿verdad?, le pregunto a mi hija, quien como yo, tiene un pánico atroz a los insectos. Las dos nos escondemos detrás de la cortina del salón. Mi hija dice sí moviendo su cabecita rubia mientras me abraza con sus brazos helados por el miedo. Mientras llega a nuestros oídos el zumbido aterrador de la abeja que ha entrado por la ventana de la cocina que mi marido ha dejado abierta cuando estuvo preparando sus tostadas con miel de todas las mañanas.

AGO104. PROYECTO WALDEN DOS AL GARETE, de Christine Cleret de Langavant (kistila)

¡¡Ya estábamos hartas!!
Padres, profesores, y luego jefes, nos querían todas iguales: uniformizadas, en fila, y, por descontado, sin rechistar…
Como nuestro grupito de bohemias y artistas se entendía bien, soñábamos en independizarnos y vivir juntas. Soñábamos en crear una comunidad estilo Walden Dos…

Un día en el que habíamos acarreado azúcar todo el día y que la fila de obreras exhaustas volvía a los barracones, decidimos aprovechar el anochecer y el relajamiento de los soldados para escabullirnos.

Los primeros días fueron mágicos sobre todo que a nuestro grupo se adjuntaron dos buenos elementos: uno cantaba rancheras y el otro con sus pelos azules erizados tocaba la guitarra eléctrica.
Lo malo es que estos dos cogieron un gran ascendiente sobre ellas y cuando les recordaba el invierno que se acercaba todos se mofaban…

Iba errante y melancólica buscando algo de comida…
Por las noches veía las compañeras en fila que volvían al hogar calentito con comida rica… ¡pero por nada del mundo volvería con ellas!…
Estaba decidida en realizar sola nuestro gran proyecto:
¡¡Criar pulgones!!
Por más que todas, a coro con la cigarra y la oruga, me griten:
“¡¡Vuélvete al hormiguero de una vez!!”…

AGO103. JACINTO Y SUS GUSANOS, de Miguelángel Flores

El mismito día que me compraron las zapatillas veloces, se perdió Jacinto. Fue cuando vi luego a papá con la caja de mis deportivas irse para la higuera. Allí se arrodillo y se puso a escarbar. Asustado fui hasta mi armario casi llorando, pero sin correr porque no las llevaba puestas. Lo abrí y allí estaban. Entonces, me las puse y me dormí con ellas.
Luego se me olvidó hasta un día que no. Ese día, como no, me acordé de la caja. Así que, fui a la higuera, rebusqué donde la tierra removida y la encontré. Recubiertita de polvo marrón. Claro, como no llueve, del roce la vida se desgasta así, dice el abuelo. La destapé. Estaba llena de gusanitos iguales, que se movían como si brillaran. O como si respiraran con un ruido de moscardones. Seguramente pensaban dármelos si seguía llorando por Jacinto. Por si tenían hambre o frío, pobrecillos, metí la caja bajo mi cama.
Primero les echaba morera; ahora, carne y cosas así, que les gusta más. Ya hay casi un millón y como no caben, algunos granujillas se suben por mi cama, donde muchas veces sueño con que vuelve Jacinto. Y anoche lo oí maullar.

AGO102. HIELO, de María Jesús Briones Arreba

Soy un parásito, cuando, intento posarme en tus labios, como una de esas cien mil moscas , en busca de mi mínuto de orgasmo.
El manotazo impacata en mis lentes, con la embestida de aquel camión, ¿Recuerdas?
La moto sobre mi cuerpo inútil y el tuyo convertido en carámbano. después del diagnóstico. Duelen los cristalitos perforan mi carne con la provocación de tu sentimiento hostíl.
Me siento un insecto estampado en un frigorífico.

Mi vida se construye con tus pequeñas gotas de hielo , que congelan el corazón.

AGO101. EN LA BUHARDILLA, de Gabriel Bevilaqua

Los sábados de madrugada, mientras me cree dormido, mamá sale de casa y regresa siempre con un extraño. Tras cuchichear brevemente en el living, los invita a subir a la buhardilla. Con cautela, los sigo; pero como le echan llave, ignoro qué es lo que hacen. He llegado a deducir que practican algún tipo de arte marcial, porque mi mamá suele abandonar la habitación con la ropa desarreglada como en los combates de yudo. Pero tengo la seguridad de que ella siempre gana, y de que esa es la razón por la cual nunca he visto a los sujetos salir de la buhardilla. Su vergüenza los hace escapar por la ventana. Sin embargo, anoche la puerta quedó sin llave y descubrí que mi teoría era incorrecta.

Mamá se hallaba en el centro de una telaraña gigante, y a su lado yacía, medio envuelto en un capullo, el desconocido de turno. Al verme, ella ocultó su rostro tras sus ocho extremidades y me suplicó que cerrara la puerta. Desde entonces mamá se la pasa llorando en la buhardilla. ¡Y para colmo está tan demacrada! Lo mejor será que me apure en colocar el aviso ofreciendo un cuarto para hombres solos.

AGO99. TAMBIÉN HAY FLORES QUE CRECEN EN EL FANGO, de Modes Lobato Marcos

La Dama de la Guadaña se acerca, y me ofrece sus labios.
Yo, los acepto.

Que curiosa y fascinante es la vida.
Hasta hace unas horas yo era una cucaracha que vivía en El Dorado.
Mis hermanas y yo éramos dueñas de una habitación repleta de basura.
Afortunadamente, el anciano con el que compartíamos espacio, se encargaba de abastecernos cada tarde de comida fresca.
Síndrome de Diógenes lo llaman.
Pero hoy, se ha sentado en su sofá, y juro que su mirada y la mía se han cruzado.
Y en mi diminuto corazón ha estallado el big bang, y he tenido la certeza absoluta de que todo mi ser amaba a ese humano.
Después él permaneció inmovil. Durante horas.
Simplemente había muerto.
Mis hermanas olieron la presa y, como hienas, se dispusieron a devorarlo.
Y yo a defenderlo.
Juro que luché contra ellas hasta que mi cuerpo fue un oasis lechoso.
Y agonizando deseé que el destino permitiera que en otra vida, mi alma y la del anciano llegaran a rozarse.

Sí. Soy una repugnante cucaracha, pero, de algún modo, mi corazón intuye que mis sentimientos se aproximan a eso que los humanos llamáis… belleza.

SE SINTIÓ PROTAGONISTA…

Esta mañana me he encontrado a mi amiga libélula en el limonero de la entrada de mi casa, y parecía querer decirme… «un saludo para los amigos de ENTC«… 
Y aquí la he traído…

AGO97. EN EL CIRCO, de Amparo Martínez (Petra Acero)

Les dio las últimas indicaciones. Ella actuaría después, con los adultos.
—Saldréis los doce en fila… como hormigas —sonrió—. Avanzaréis con los ojos cerrados para… que no os deslumbre la luz. Recordad: ¡No abráis los ojos!… Aunque el público os lo pida.
Fuera, la animación crecía: el circo se llenaba.
—Iréis de la mano —les animó—. Las hormigas trabajan en comunidad… ¡Juntas poseen más fuerza que un león!
—Yo quiero hacer de escarabajo. Los escarabajos dan suerte.
—Yo de luciérnaga… ¿Las luciérnagas también van de la mano?
—Pues yo… ¡Yo seré el pez! —exclamó uno de los más pequeños.
Todos rieron. Sabían que los peces no podían caminar por la arena del circo como las hormigas, los escarabajos o las luciérnagas.
Ella le acarició la cabeza, y le dibujó un pez en la frente.
En las gradas, el entusiasmo del gentío silenció el primer rugido.

AGO96. EL DESPEGUE, de Luisa Hurtado González

Fue un verano extraño el del 2013, en Londres hizo un calor fuera de lo normal y todos nos volvimos un poco locos, también los insectos que desde tiempo inmemorial llenaban las salas del Museo de Historia Natural.
Recuerdo que estábamos visitando la exposición de mariposas vivas que todos los años había en el jardín del Museo y que, de repente, una sombra se extendió sobre nuestras cabezas al tiempo que el aire se llenaba de un murmullo ensordecedor, algo extraño, como de millones de ángeles. Elevamos la vista y vimos cómo el Museo salía volando, dirigiéndose hacia el sur, aparentemente liviano, llevado en volandas por miles y miles de insectos resucitados y con ganas de volver a agitar sus alas, como antaño, como antes.
Hoy lo han dicho las noticias, el edificio ha sobrevolado la Península Ibérica y muy posiblemente se posará en Doñana siguiendo una ruta aún por documentar. Mientras aquí, en Londres, en el vacío dejado por el vetusto edificio, sólo pueden verse los esqueletos de aquellos dinosaurios que, quizás demasiado pesados o acaso un tanto esquivos, decidieron no emprender el viaje, decidieron no dejarse llevar.

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