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4 de junio de 2084, 05:59 de la mañana. Espero tumbado en el nicho la señal que indica que el tiempo de descanso ha terminado. Cinco, cuatro, tres, dos, uno… Se enciende la luz y unas preciosas fotos de lagos y bosques iluminan hoy mi celda desde sus paredes de cristal. “Buenos días, Richard. ¿Qué tal ha descansado hoy?” Contesto desganado a la pregunta metálica para impedir que se repita una y otra vez hasta obtener respuesta. Día 7.325. Uno más a la espera de que el piloto verde anuncie las condiciones óptimas para la vida en el planeta.
En el centro de la habitación, sobre un espejo que me devuelve siempre la misma imagen, el precepto que rige nuestras vidas me recuerda: “Si piensas, puedes equivocarte”.
Como cada día, pego mi cara al holograma de cristal y haciendo sombra con las manos intento buscar un resquicio entre los abetos y el agua pura del paisaje, que me permita averiguar lo que ocurre afuera.
La voz vigilante me increpa: “Por favor, apártese de la pared”. Mientras, en el exterior, la lluvia ácida se derrama sobre las ruinas de mi ciudad.
Marzo se presentó con sus vientos peleando con el sol nuevo. Juanito y Vanesa corren, a buen ritmo, por el sendero que rodea la Casa de Reposo. El lugar es idóneo, el ambiente ligeramente húmedo y tibio refuerza el sistema inmunitario, los sueños son más reparadores.
El último protocolo EMDR funciona mejor en ambientes calmos, necesitan actualizar muy pocas veces los niveles de neurotransmisores.
Un hombre de avanzada edad pesca en el lago. Luce melena, el domingo pasado confesó a Vanesa que perdió el pelo muy joven y que lo recuperó recientemente, entonces decidió dejarlo crecer.
La pareja terminaba su carrera. Al acercarse al hombre melenudo escucharon algunas palabras ininteligibles: Soy Pa, soy el Pa…soy Paquirrín, dijo por fin el hombre. Seguían sin entenderle. Llamaron al 1984 para que integrasen al tembloroso sujeto.
Tras comer frugalmente deciden echar una siesta y tener sexo 3 antes de permitir actuar al sueño. Fue al despertarse cuando se miraron a los ojos con extrañeza. Dos lágrimas recorrían la mejilla de Juanito.
La evidencia científica afirmaba sin duda alguna, que el trasplante de cerebros era positivo para la humanidad. Un reducido grupo se opuso a la investigación. Ellos fueron los primeros sujetos experimentales.
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ESTA NOCHE TE SUEÑO
(recopilatorio de los relatos seleccionados en la 2ª convocatoria de 2012)
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942 70 08 79
(Marta Calderón)
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En aquel tiempo escogió un pueblo, lo liberó de la esclavitud y lo convirtió en el Elegido. Dictó leyes y preceptos exigentes e incuestionables. Fue vengativo y cruel con ellos, castigador implacable de las violaciones de la norma, celoso de la idolatría pagana a ídolos de barro. Mató y censuró por igual en defensa de su fe: Nadab y Abihú fueron devorados por las llamas tras ofrecer un fuego profano.
Con el tiempo los hombres devinieron en insumisos e inmorales. Comenzaron a cuestionarle y dudar de Él y su falta de piedad frente a los terrores del mundo: la guerra, el holocausto, las enfermedades innombrables. Como el día en el que Paul Gauguin epistolarmente le espetó: “Nunca tuve suerte. Siempre la adversidad. Por eso grito: Dios, si existes, te acuso de injusticia y maldad”.
Hastiado se revolvió en su altar sagrado y vuelto ya de espaldas a la humanidad resolvió dejar al hombre al albur de sus propios designios, pues éste había destruido más que creado, odiado más que amado.
En el año 2084 Dios claudicó, se rindió y se dejó morir. Esta vez, al tercer día, no resucitó.
Nací en 1984. Primero leí 1984. Después, 1Q84. Acabo de cumplir cien años. Algunos visionarios imaginaron el futuro de 2084, pero ningún universo literario se parece al mundo actual. Hace tiempo se decía: «La realidad supera a la ficción». Hoy los humanos viven una ficción continua, son actores que representan el papel asignado a cada uno, sin rechistar. Esclavos que al terminar la jornada se alienan y subliman en paraísos de realidad virtual.
Ha sido inolvidable. Nunca pensamos que este proyecto pudiera terminar en una declaración de compañerismo semejante entre todas, entre todos aquellos que compartimos la ilusión por desarrollar pequeños universos imaginados en formatos pequeños… Fuimos menos de los que nos hubiera gustado estar, pero nos encontramos representando a muchos más de los que allí cabían.
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| De abajo hacia arriba: Kistila, Paloma Casado,Begoña Heredia, Javier Ximens, Mar González, Emilio Magdalena, Xavier Blanco, Susana Revuelta, Ginette Gilart y JAMS |
En unos días, cuando recojamos las fotos de los participantes os mostraremos los detalles; por hoy sólo me queda disponer de un montón ilimitado de agradecimiento por todo lo que vivimos ayer, y el deseo de que ese espíritu que ayer nos reunió, más interesado por compartir que en competir, nos domine a todos los que por aquí pasamos.
Solía enumerarlo todo. Gracias a eso descubrí que los ciempiés no tenían cien pies y que las cajas de palillos contenían menos de los indicados en el envase. Los números estaban en mi cabeza y los usaba para contabilizar lo que veía con el deseo de esquivar los pensamientos dañinos. Era un acto obsesivo y sin sentido, pero esa reincidencia numérica con las cosas se convertía en mi estrategia para olvidar a Claudia. Centraba mi mente en unidades, decenas y centenas durante el día y por las noches me atrevía con las estrellas, con el infinito. Mantenía un alto nivel y me encabezoné con una lámina de Georges Seurat, un pintor francés que llenaba sus lienzos con miles de puntitos de color para expresar su obra, en concreto con “Baño en Asniêres”. Agotaba a mi mente y no quedaba espacio para nada más, pero, a quien pretendía engañar, ella seguía instalada en mi cabeza. Un día, decidido, conté mis pasos hasta llegar al rascacielos donde vivía. No funcionaba el ascensor, así que subí con tesón los 2084 escalones para llegar exhausto a la última planta y comprobar que mi corazón dejó de latir por ella y por mí.
He probado en los pasillos de las bibliotecas y en las mesas de novedades de las grandes librerías; pero nada puede compararse con los clubes de lectura como territorio de caza. Es habitual que en las sesiones iniciales los participantes se presenten con aquellos libros que revelan parte de su ser. Suele tratarse de obras conocidas que hablan de sus almas soñadoras, si optan por Jane Austen o la siempre presente Madame Bovary; o de sus pequeñas rebeldías y sutil histrionismo, si se han decantado por Las flores del mal, por ejemplo. Yo suelo asistir acompañado de 1984, porque me gusta jugar fuerte, arriesgarme a ser descubierto a las primeras de cambio, exponer algo de mi verdad ante quienes sean capaces de traspasar el umbral de lo evidente. Componiendo un gesto adusto, en un lateral de la sala observo y elijo mi objetivo mientras siento también cómo me deconstruyen. La explosión de placer llega con las primeras luces de la mañana, al acariciar el cuello de la presa elegida y hundir la mano en su pecho. Es impagable el momento en que descubren que no soy víctima, sino verdugo.
Cada año aquel ectoplasma aparece. Cada año, en el mismo día, en el mismo lugar y de la misma forma.
Con la medianoche aparece de las profundidades del mar, dejando un sin fin de huellas invisibles e inexistentes con sus pasos renqueantes sobre la arena humedecida y sin problemas traspasa aquella puerta que derribó tiempos atrás con sus propias piernas para adentrarse en una oscuridad sólo bañada por la luz de la luna. Uno a uno van quedando atrás cada uno de los peldaños de madera desgastada de aquel faro y con sólo el sonido de las olas chocando contra las piedras, termina de contar <<...82, 83 y 84>>. Otea el horizonte como lo hizo antaño con su amado y recuerda como los prejuicios de la gente se lo arrebataron. El reloj del pueblo suena en la lejanía y de nuevo juega con la fuerza de la gravedad. Adiós repite creyendo que aún tiene 20 años, obligado a morir año tras año sin reunirse con su amado por un crimen nunca juzgado.
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