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Qué curioso…, quién hubiera podido imaginar una casualidad así, me parece que nadie; quizás yo, por ser el responsable de lo sucedido.
En 1984 mi abuelo, por entonces un joven emprendedor, compró el primer barco de lo que muy pronto sería una famosa compañía de transporte.
Los negocios marchaban bien, pero cuando me hice cargo de la empresa no me conformé, pues quise que nuestra firma quedara en la memoria del mundo entero; creo que lo logré, aunque de una manera diferente.
-«Hay que arriesgarse.»- Sentencié ante el resto del Directorio. ¿Qué puede pasar?
-«Es muy peligroso,»- me decían. “-Una cosa es dar un paseo por el espacio o visitar la Luna, otra es vender excursiones a Plutón; los cálculos y precauciones necesarios todavía no están listos«.- «-No podemos esperar;»- respondí – «o vamos nosotros o lo hace la competencia«. Estamos en el año 2084, ¡bienvenidos a los viajes de punta a punta del sistema solar!”-
Aquella cápsula espacial con varias personas abordo, llenas de emoción por la aventura, no regresó jamás y hoy, exactamente un siglo después de la labor iniciada por mi abuelo, escribo este relato recostado en la litera de mi celda.
Eres risa que embellece
cada noche
donde el cielo se ha llenado de adarajas,
y renaces en un gesto
que parecen bellas lunas.
Te recuerdo, el mundo existe
y que en él, mujer, eres reina de trabajos
y guirlache.
La ternura que guardabas tras espejos
y ventanas
te hizo abrir los imposibles,
y tú fuiste una vida en otra vida,
como todos, no se olvide,
y lograste el descanso del cansado,
pues del tuyo te olvidabas.
Eres fuerte, mas, no temas,
no eres piedra sino el agua que refleja el universo
y recoges cada gota del nublado,
y aunque siguas siendo agua de ese río, sin nombrarte,
sabes ser samaritana.
Eres fuerte como el roble y la montaña,
eres viento en la vela del suspiro,
eres cauce que se aúna con los mares
y que baña de ilusiones tus sonrisas.
No hay rencores, ni vacío ni tormento;
yo lo sé,
eres mujer y encrucijada en los derechos,
y persona, que en otro tiempo, fue olvidada
siendo hermana, siendo madre o siendo hija.
Mas, naciste una Mujer,
profesora de la vida
con un libro bajo el brazo titulado
“Piensa y siente”, que firmaste con el nombre de “Persona”…
Ángeles Sánchez Gandarillas©
8-III-2013
Todo empezó en el año 2084 cuando comenzaron a neutralizar las mentes de las personas y trasplantarlas a redes neuronales externas. De esa forma cesaba el dolor y se controlaba el placer. Después se eliminó físicamente el cuerpo porque era frágil y se rompía, resistía mal el paso del tiempo. Finalmente prescindimos de nuestra individualidad porque solo generaba conflictos de unos sobre los otros, hasta agruparnos en un único cerebro. Este cerebro.
La vida de un único cerebro se desarrolla en un eterno domingo por la tarde, como eterno es su aburrimiento, el nuestro, el aburrimiento de todos. A veces imagino relaciones que recuerdan la realidad de un tiempo pasado, copias de seres humanos que lloran o que aman, que tienen hijos. Que leen. La vida es pacífica un domingo por la tarde.
Por fin terminaba 1984. La rata daba un mordisco a mi cerebro coincidiendo con cada gong de las campanadas, hasta que completó los doce. Sentí amor por aquella rata, incluso más que por el Gran Distopo. Temiendo que se desvaneciesen los datos en mi cabeza, escribí apresuradamente una especie de diario que sintetizase lo que había significado aquel año tan inaudito:
Frases muertas, ríos estériles, biberones envenenados, avenidas sin final, cielos rotos, tiempo errante, marinos sin norte, recuerdos perpetuos, tormentas hipnóticas, infinita tristeza, suicidas repetidos, embriones hibridados…
Antes de terminar, entraron a la celda y me quitaron el papel. Tatuaron en mi antebrazo el temido “MOVE TO ROOM 101” y me dejaron a solas con la rata, que yacía muerta en el suelo anormalmente hinchada, parecía que el amor llenaba su cuerpo. No recuerdo cuánto tardaron, pero al regresar de mi inconsciencia, estaba dentro de la 101 sentado frente a una pantalla de ordenador donde unas letras explosivas de colores repetían a intervalos muy cortos “Feliz 2084”. La voz del Gran Roedor desde el altavoz del techo dijo: “Eres libre”.
Al salir, mi larga cola quedó atrapada en la puerta. Habré de acostumbrarme a esta nueva morfología, me propuse.
El teléfono sonó.
Contesté y mi corazón estalló en mil pedazos.
Segundos, o quizá minutos después, fui al cuarto de baño y, con toda la rabia del universo ebulliendo en mi interior, cogí mis lápices de ojos y labios, mis pintauñas y mis coloretes y los arrojé al cubo de basura.
Después bajé a la calle y un taxi me llevó al hospital.
Allí una enfermera me guió hasta la habitación 284, o 204, o tal vez fuese la 2084, porque el océano de lágrimas que anegaba mis ojos me impedía ver con claridad los números grabados en la puerta.
Entré, lentamente me acerqué a su cama y, con un amor infinito, lo abracé.
Y mi marido ciego a mí.
– Aparta chaval, te la estás jugando!!!
No sabía por qué cuando se topaba con los muchachos de finales de 2084 le salía su lado más chulo y provocativo. Por no decir directamente macarra o quinqui.
Pero no, los provocativos eran ellos, si hubieran vivido como ella en los 80, pero los años ochenta del siglo XX, no habría durado ni medio telediario. Claro que ellos qué saben lo que eran los macarras, ni los quinquis, ni siquiera los telediarios.
Ay… si es que tener el cuerpo de veinteañera no le quita a una el estar a puntito de cumplir la friolera de 125 castañas. Casi ná.
Aún recuerdo cuando en la década de 2040 los avances médicos en el campo del retraso del envejecimiento empezaron a ser espectaculares. Hasta el punto de que aunque a mí me pillara ya muy, muy madurita, me hicieron retroceder años y hoy tengo este cuerpo espectacular, tanto que francamente no me reconozco, ni le tengo el cariño de antes, cuando de repente me miraba al espejo y veía una arruguita más o esas ojeras, por no decir las adorables canas, ¡vejez divino tesoro!
Se indignó cuando un humano le recordó que sólo era una máquina, que no podía enfadarse, y que por supuesto, tampoco podía sentir.
Sabía que eso era lo que se esperaba de ella, para eso había sido creada con una materia prima integrada por circuitos eléctricos y microchips, pero sin el mínimo atisbo de algo parecido a un corazón.
Sin embargo no estaba dispuesta a aceptarlo, sin intentar rebelarse una vez, sobre todo después de descubrir lo que significaba sentir amor hacia alguien, en su caso hacia su compañero en la cadena de montaje, Promesa-2084.
Como robot de élite, no se le escapaba lo peligroso que podría llegar a ser que alguien conociera que era capaz de sentir.
Dudaba sobre cómo debía de disfrutar de ese maravilloso don, vedado al resto de robots. Por eso, para evitar dirigir hacia ella ninguna sospecha, Esperanza-1984, retornó a su rutina en la fábrica de aeronaves.
Quizás algún día, cuando las máquinas tuvieran conciencia, podrían rebelarse… Tan sólo entonces podría ejercitar su capacidad de amar, de sufrir, de ponerse en la piel del otro.
Pero no lo haría mientras el Gran Hermano continuara observándolo todo…
En aquella ciudad todas las calles se llamaban igual. Uno, por ejemplo, preguntaba “¿Cómo se llega al Ayuntamiento?” y un amable vecino respondía: “Coja la 2084 y en la esquina de la 2084 con la 2084 tuerza a la izquierda. A doscientos metros verá la 2084. Sígala quinientos metros hasta dar con la 2084. En esa misma acera, en el 2084 lo encontrará. No tiene perdida”. Y aquel perdido ciudadano agradecía la valiosa información y llegaba a su destino sin necesidad de volver a preguntar a nadie, pues las instrucciones que le habían facilitado eran exactas, no podían, jamás, dar lugar a malentendidos.
—Abriendo unidad de edición KM16. Grabando… Mañana es mi cumpleaños, cumplo dieciocho años y lo voy a celebrar en el asteroide Ascamio. ¡Va a ser fantástico! Un día de diversión con mis amigos; música asternocop, comida y bebida deshidratada de barbacoa y todo esto al lado de la laguna Mascarpona. ¡Lo vamos a pasa genial!
A partir de mañana empiezo a formar parte activa en la vida de la ciudad satelital en la que vivimos, por eso mi padre quiere que decida el módulo de aprendizaje rápido intra-sensorial que me tienen que inocular en el cerebelo. En sólo una hora, tendré todos los conocimientos científicos-técnicos necesarios para formar parte de mi comunidad.
Siento miedo, pero también mucha pereza, ante la responsabilidad que se me viene encima. Hasta ahora he vivido en una nebulosa y, de repente, de hoy para mañana, me tengo que hacer mayor.
Estaba harto de los mensajes reiterativos de su madre, de las miles y miles de veces que le repetía que recogiera su habitación y todo el tostón que le daba. Pero por fin había descubierto la solución a todos sus problemas.
Con la nueva actualización para I-Mom “UNAYNOMÁS” en lugar de oir veinte veces “cómete la sopa” sólo tendría que oir “cómete la sopa/20.iteración”. Y lo mismo servía para “tómate un yogur que necesitas calcio/6.iteración”, “tienes que comer más fruta/14.iteración”, “a ver si dejas de fumar/87.iteración”, “con lo que te quiere tu madre/10 a la 257.438.000.iteración”.
Con este invento hasta veía viable echarse novia.
¡¡2084 iba a ser un año memorable!! ¡La pena es que aún fuera el 2013! En ese momento lo decidió: Si aprobaba Selectividad se matricularía en la Facultad de Informática.
Entonces entró su madre sacudiéndole con un “¡Deja la consola y ponte a estudiar que mañana tienes exámen/0.iteración….error….error…error…dato no computable!”
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