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Cuando despertó vio la hora que era y comenzó su rutina. Cada mañana se levanta, se viste y sale a comprar el periódico. Después en el bar de siempre desayuna un café, comenta los titulares con el camarero y se marcha a buscar alguna obra. Le encanta observar cómo las grúas crean de la nada esas moles de viviendas, pero sobre todo le gusta discutir con sus compañeros de valla los aspectos técnicos de cada construcción. Al mediodía vuelve al bar y toma algún tentempié, mientras charla con sus vecinos de mesa. Por la tarde se sienta en el banco de la plaza e intenta arreglar el mundo. Al anochecer vuelve resignado a la soledad de su casa, toma leche o una pieza de fruta y hace tiempo hasta acostarse. Entonces con un “hasta mañana” se despide de los extraños que le acompañan. Alguna vez su nuera, otras su hijo, las menos su nieto, le responden con las mismas palabras.
¿Quién soy? La pregunta flotaba en una nada etérea en la que se ha convertido mi ser, una fusión irrompible con esa hermosa oscuridad que lentamente comenzó a cubrirme hace algún tiempo.
Cuando aún era algo, recuerdo que me gustaba la lluvia, el olor a tierra mojara y sentir la brisa en la cara. Recuerdo que deseaba sentir unos brazos protegiéndome, poder llorar en algún hombro y dormir sin miedo.
Luego descubrí que todo aquello tenía un precio y me volvieron una sombra por primera vez, una mujer hecha a imagen de alguien más, una copia de un ideal, y las lágrimas segaron mis ojos, y ya no fui capaz de reconocer mis manos, mis palabras se perdieron en el viento, y olvide.
Olvide… olvide quien era, olvide el sonido de la lluvia, no reconocí el cantar de las aves y me vi y no me reconocí, entonces me deje llevar… flote y viaje hasta perderme.
Cuando desperté… tus ojos me recordaron quien soy, porque vivo, mi razón de ser y a una sola palabra tuya mi universo bailo, ¡mamá!, me dijiste y todo rastro de sombra o duda desapareció.
Cuando despertó se desperezó ejecutando su divertida danza de piernas y brazos, y emitió un profundo bostezo, no tan sonoro como acostumbraba, sino que concluyó con un murmullo, algo similar a un ¿maullido? Se incorporó de la cama con una ligereza que le sorprendió; miró alrededor y descubrió un extraño panorama; parpadeó varias veces, pero sus focos interrogantes le devolvían siempre la misma visión. ¿Dónde estaba? Aquel espacio era similar a su habitación, pero la distribución era… ¡simétrica! Además, los muebles, su ropa, el aroma… ¡todo había cambiado! El joven corrió hacia el espejo, interpeló al vidrio y la imagen de una preciosa mujer, boquiabierta, confirmó sus sospechas. Él ahora era ella. No cualquier ella, sino «Ella«, su amor… cercano como sus puertas vecinas, pero separado por un inexpugnable rellano de cobardía. El joven recordó el sueño de aquella noche, el de cada noche: él llamaba a su puerta y ella…
Dos sonidos estridentes anunciaron al unísono el final de la evocación ensoñadora y un comienzo prometedor. Él apagó el despertador y ella retiró su dedo del timbre de la vivienda vecina. El joven entreabrió la puerta y una preciosa mujer le ofreció una sonrisa, abierta de par en par.
Cuento las horas de insomnio mientras doy vueltas entre las sábanas. Creo soñar con infinitos mares que surco bajo el sol abrasador hasta llegar al país del olvido, donde la lluvia se hace presente borrando las huellas del viaje perdido. Pregunto el nombre del pueblo donde amarro mi barca y nadie sabe responderme, tampoco lo encuentro en mapas ni en diarios.
Sentada en el muelle contemplo el ocaso del día que se pierde como mis pensamientos entre las nubes grises de la melancolía.
Hacinados en la cola junto al Támesis, pasito a pasito van avanzando. Pronto será su turno, subirá a una de esas cabinas acristaladas y a lo largo de media hora disfrutará del más allá. Lleva preparada la cámara para no perderse ni un solo detalle.
Cuando despertó estiró su largo cuello, sacudió las plumas blancas y dirigió el pico hacía el cielo, cerrando de nuevo los ojos.
Las distintas votaciones realizadas durante la semana han supuesto el siguiente resultado.
RELATOS SELECCIONADOS (orden numérico):
Los relatos que tienen premio de finalistas, son candidatos al premio final y se aseguran aparecer en la publicación de la 2ª Edición son:
DIC80. NI CHICO NI GRANDE, de Miguelángel Flores
DIC102. LA PIEZA QUE NOS FALTA, de Ignacio Feito
DIC109. Y EL HOMBRE INVENTÓ LA NAVIDAD, de Félix Valiente
DIC123. QUERIDOS REYES MAGOS…, de Rafa Heredero García
RELATOS MENCIONADOS (orden numérico)
Los relatos elegidos como «mencionados», que podrían ser incluidos en la edición final como finalistas mediante la repesca que realice el jurado de la final son:
DIC37. 1984: ORO, INCIENSO Y MIRRA, de María Elejoste Larrucea
DIC47. ZAPATOS CON PINTURA VERDE, de Luisa Rodríguez García
DIC58-B. DESASOSIEGO, de Javier Palanca
DIC63. SIEMPRE ES NAVIDAD, de Mònica Sempere Creus
DIC73. UN MUNDO MEJOR, de Mercedes Jiménez Rueda
DIC90. CONDONACIÓN, de Javier Ximens
DIC91. SUEÑOS DE UNA NOCHE DE INVIERNO, de Antonio Toribios García
DIC103. UN HÚMEDO SEIS DE ENERO, de Miguel Pereira Rodrigo
DIC118. ADIVINA QUIÉN VIENE A CENAR ESTA NOCHE, de Jes Lavado
DIC144.IDA Y VUELTA. Ruben Rojas Yedra
Como infiltrada en el mes de Diciembre, me veo en la obligación de desvelar cierta información secreta que quizás desconozcáis. Confieso que la investigación ha sido dura. En primer lugar me puse a leer todos los relatos que brotaban a lo largo de los días para atrapar al delincuente del caso ENTC.
En resumen, no os podéis ni imaginar el interés que se toma Jams y el cariño con el que se os lee. Ahora más que nunca me enorgullezco de formar parte de esta gran familia. Se os quiere.
“No le haría ningún daño a este libro que le quitases algunas páginas”, me dijo. Yo lo miré perplejo pero, como estaba desesperado por conseguir un editor, sonreí y dije aquello de “quizás tengas razón, quizás pueda eliminar algunos párrafos”. “No, no he dicho párrafos, he dicho páginas”, puntualizó, mientras yo ya comenzaba a odiarle.
Ésa fue la última ocasión en que nos vimos, no hubo trato. Sin embargo, compruebo ahora que me plagió y, como usted mismo verá, bien fácil puedo demostrarlo. Lea estos folios, es mi libro, el que él quiso despedazar como si fuese un carnicero que odiase las palabras; no le costará nada comprender que el famoso microrrelato que ha escrito, sí, ése que empieza con “cuando despertó…”, sólo puede haber salido de estas páginas; comprenderá que sólo yo debo ganarme la fama por esas siete palabras, que sólo pudieron ser creadas tras haber leído estas setecientas a las que yo titulo “Parque Jurásico”.
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