74. Pendular
Encaramado sobre una rama robusta y elevada, se la colocó alrededor del cuello y tiró del nudo. Tan solo faltaba dejarse caer cuando divisó una silueta en idéntica decidida posición.
Aún en la lejanía, percibió la confluencia de sus miradas.
Antes de saltar, se liberó de la soga mientras observaba como él o ella hacían lo propio.
Sorprendentemente, descubrieron otros cuerpos que alcanzaban la tierra con sus pies desde árboles aledaños. Caminaron unos hacia otros hasta encontrarse en el punto donde encenderían las primeras hogueras y acabarían por prender amores que ya no esperaban.
No es fácil precisar cuánto tiempo transcurrió hasta que un joven panadero, taciturno y solitario, se dejó caer desde la horquilla del majestuoso roble de la plaza. Todo concluyó, a cierta distancia del suelo, en el clásico movimiento.


Hay personas que, con cierta facilidad, tienen en común pasar de un extremo a otro. En el caso de tus personajes, oscilan, como un péndulo, entre la caída voluntaria y <ltima por falta de alicientes, y el disfrute mutuo. Pero hay quien suele frecuentar con demasiada asiduidad la frontera triste, y tanto va el cántaro a la fuente, que ha de terminar por romperse.
Un relato para la reflexión.
Un abrazo y suerte, Javier
Supongo que el panadero no pertenecía realmente al grupo de los suicidas. Fue más fuerte su tristeza interna que la amistosa calidez que podía encontrar en el grupo cuyos miembros abrazaron de nuevo las posibilidades de la vida.
Un saludo
Me ha parecido muy original el planteamiento de grupo de personas unidas por la intención suicida. Además, el relato tiene expresiones muy logradas. Ejemplo: “donde encenderían las primeras hogueras y acabarían por prender amores que ya no esperaban”. “Todo concluyó, a cierta distancia del suelo, en el clásico movimiento”.
Qué lástima, a ese joven panadero le faltó alguien que, desde otra rama, le mirara y se liberara de la soga. En algo tan grave como el suicidio es importante tener a alguien cerca que haya sentido lo mismo y te pueda ayudar.
Un abrazo y suerte.
El joven y taciturno panadero no encontró el amor dentro del grupo de los suicidas… En la plaza solo estaba el majestuoso roble…
Un abrazo y suerte.