Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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35. Portugués para principiantes (Marian Ramos)

«Meu nome é José. A minha mãe era portuguesa». Al leer la redacción frente a la clase, el niño que fue se despierta en su interior con un pinchazo indefinido entre el estómago y la garganta.
Se ve saliendo del colegio, pegado al muro, atisbando desde la esquina hasta que todos sus compañeros eran recogidos. No sabría decir si le daba más vergüenza el olor a fritanga rancia por las horas trabajando en el bar o el cerrado acento portugués. Todas sus precauciones por ocultarla fueron vanas por culpa de su testarudez en ir a hablar con los profesores, la jefa de estudios y hasta con la directora. ¿Y para qué? se preguntaba, seguro de que una analfabeta que a los ocho años ya trabajaba en el campo no podía entender nada. «El hijo de la portuguesa», le llamaban, y él, en su mente, completaba el timbre de desprecio. Lo que hubiese dado por que su madre fuera otra, cualquiera menos ella, daba igual.
Ahora, sin embargo, lo daría todo por escuchar otra vez su hablar sinuoso, como de radio sintonizando, que él se negó a aprender.
«A minha mãe era portuguesa e tenho orgulho dela», continua leyendo.

3 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    La integración de los inmigrantes no es tarea sencilla. Tener que dejarlo todo por obligación y comenzar de nuevo en un mundo diferente ha de resultar muy duro, comenzando por la base de la comunicación: el idioma. Los niños pueden resultar muy crueles y tratar a quien estiman diferente de forma inapropiada. El problema mayor es cuando la propia persona no es capaz de superar ese falso estigma y busca culpables, en este caso en una persona luchadora que lo dio todo por él. El tiempo le ha enseñado a apreciar el idioma materno y a su madre, de ambos renegaba. La evolución ha sido efectiva, pues ha pasado de la vergüenza al orgullo, solo hay que desearle que, respecto a su madre, no sea demasiado tarde.
    Un abrazo y suerte, Marian

  2. Marian Ramos

    Muchas gracias, Ángel, por tu análisis siempre tan sensible y acertado del texto. En mi mente la madre ya está muerta, pero es cierto que se puede entender también como tú lo haces y que todavía no sea demasiado tarde. Un abrazo.

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