Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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05. Rebus fidei

Confieso que todo lo que no recé en cuarenta años lo hice en tres meses, y también confieso que encendí velas a todos los Santos. Necesitaba ver una luz siempre encendida que me ayudara a mantener la esperanza viva.

Pero aquella noche, al terminar el horario de visitas, se me olvidaron todas las oraciones y soplé la llama. Recorrí el pasillo del hospital con los pies a rastras, intentando no pisarme el alma.

Y cuando por fin entré en el ascensor, las lágrimas y el temblor de la mano me impedían pulsar el botón de parking. Recuerdo que fue una monja franciscana quien me sujetó la mano y me ofreció su pañuelo. Llegué al coche rezando de nuevo. Y me quedé allí sentada frente al volante hasta que se apagó la luz de cortesía, justo cuando recibí la llamada de la UCI.

No he vuelto a rezar desde entonces, aunque aún conservo aquel pañuelo con una cruz de Tau bordada en una esquina.

5 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Nacemos y morimos como parte de un proceso natural. Nos aferramos a la vida porque, pese a sus pesares, es lo que conocemos. Pensar que todo no termina con el final biológico es, como señala el título, cuestión de fe, algo muy personal.
    Los rezos de tu protagonista mantuvieron viva la llama de su esperanza, pero no somos eternos, nada puede detener el avance del tiempo. Ante esta evidencia, la creencia en el más allá parece el único consuelo. Esa letra griega tau, símbolo franciscano, ha sustituido a las velas que se apagaron, es una luz ante la más incierta e inexorable de las oscuridades: la muerte.
    Un relato profundo, que hace pensar, triste también, desde luego, al reflejar una realidad de la que nadie escapa, pero esperanzador, al aportar la posibilidad de la fe, para quien la acepte, como herramienta para pensar que no somos tan efímeros, que puede existir una continuidad. Un tema por el que preferimos pasar por encima, cuando, en realidad, deberíamos estar preparados, pues forma parte de la vida y, antes o después, llegará.
    Un abrazo y suerte, Aurora

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