78. Rumbos
Es una habitación hecha de jirones de azul cielo. La cuna, un bote bañado en índigo y con ojos de buey. De una esquina cuelga un móvil de unicornios a punto de echar a volar con cualquier soplo de aire. Quieren creer que la criatura nacerá querubín. Que vivirá durante meses en el añil de sus patucos, acurrucada al lado del peluche. A la espera de las enhorabuenas por lo hermoso del recién nacido, de los juegos con los coches y los camiones, regalo bien intencionado de los abuelos; de cómo crece; lo bien que corre y cómo habla; de los primeros logros en la escuela. Y luego el tiempo todo lo emborronará. Desmontarán uno a uno los muebles de puertas celestes. Comprarán canicas, cocinilla, balones, disfraces: de princesa, de astronauta, sets de maquillaje, espadas y tirachinas. Colgarán por toda la habitación imágenes de mil colores, rosa si cabe, bajo la mirada complaciente de un arcoíris desde el techo.


Tenemos esquemas mentales y culturales que condicionan de entrada, sin pararnos a pensar que no hay certidumbre sobre la naturaleza que tendrá una criatura, con el rumbo que tomará acorde con ella.
Un abrazo y suerte Mei
Nunca he sido amante de los azules y los rosas para las habitaciones de las criaturas. ¡Qué vivan todos los colores! Y luego, que cada uno sea como sea pero sobre todo, alegre y feliz. Muy bien escrito.
Un abrazo,
Carme.
Maravillosamente tratado el asunto.
Desde que nacemos la sociedad nos va condicionando para que nos gusten/disgusten unas cosas u otras, pero siempre es mejor dejar que los niños y las niñas crezcan libres, sin imposiciones sociales. Es difícil, estamos rodeados y no somos conscientes, pero es posible.
Ni rosa, ni azul, mejor una vida llena de todos los colores.
Un abrazo y suerte.
Un poco de todo que debería servir sea cual sea el sexo. La mejor decisión.
Un abrazo