71. Sonría, por favor
«Por favor, sonría para ir al cielo. Si por el contrario prefiere ir al infierno, frunza el ceño», me propuso aquel anciano —de aspecto bonachón y cuidada barba blanca— que vestía una túnica y blandía un par de llaves, antiguas y grandes, como las del portón de la casa del pueblo de mis abuelos.
Un sueño lúcido, pensé, y decidí seguirle la corriente… Y desde entonces vago por el inframundo, dando vueltas en círculo y lo peor: todo el santo día con el entrecejo arrugado.


Una sonrisa abre muchas puertas. Es comprensible tener fe en ese gesto, en que antes o después tendrá efecto, aunque parezca ya no tener remedio.
Un abrazo y suerte, Ángel