70. EL QUE MIRA, CAMINA Y CALLA
Cuando Sara perdió la vista, dejó de creer en casi todo. En los médicos, en las promesas, en las frases de ánimo o en los libros de autoayuda. Y también en Lupo, el perro que le asignaron como guía.
—Un animal no puede saber por dónde yo quiero ir o lo que me apetece hacer—gruñía—.
Durante semanas lo sujetó con desconfianza, tirando de la correa, corrigiendo cada paso, deteniéndose ante cada ruido. Lupo obedecía, pero avanzaba con el cuerpo tenso, caminaba cargando un miedo que no era suyo.
Un día, en un cruce que ella conocía de memoria, lo soltó. Tropezó. Cayó. El bastón rodó lejos.
Entonces Lupo no esperó órdenes. Se plantó delante, firme, bloqueando el paso. Ella intentó avanzar y chocó contra su pecho caliente. El perro no se movió. Un segundo después, el rugido del autobús desgarró el aire.
Ella apoyó la mano en su lomo, temblando.
Por primera vez, no preguntó. No dudó. No mandó. Simplemente se dejó guiar.
Y su mundo, aunque seguía oscuro, dejó de ser un abismo.


Todos necesitamos a alguien en quien confiar. En un perro fiel se puede tener fe, más aún después de haber dado buena muestra de ello en una situación real real. Como dice el refrán: «Cuanto más conozco a loa hombres más quiero a mi perro.
Hermosa historia, Encarna.
Un abrazo y suerte
Qué bonito. Me alegro de que haya tenido final feliz. Seguro que Lupo la va cuidar muy bien.
Un abrazo, Encarna.
Los perros guía son animales extraordinarios. Lugo los representa a la perfección.
Bonita historia.
Un abrazo
Encarna, es alucinante lo que puede hacer un perro guía. En este caso, además del mejor amigo, es un padre, una madre, y un ángel de la guarda. Ah, y el micro muy bien narrado, te mete dentro de la protagonista humana.
Un abrazo y suerte.
Gracias Rosalía. Ay los perros, cuanta compañia y amor nos dan. Un abrazo
Siendo como soy, bien «perrera», esta historia me ha conmovido. No debe ser nada fácil perder la vista, ese sentido del que más dependemos los humanos, y reaprender la configuración del mundo y caminarlo con la ayuda de unos ojos caninos, así que se entiende la actitud reacia de Sara… Y el nombre del perro no es casual: Lupo significa «lobo» en italiano, y los lobos se caracterizan por sus habilidades físicas y de cuidado de la manada. Sara ahora es su manada, y él no tiene ojos más que para ella; unos ojos que literalmente le salvan la vida.
Me encantó, Encarna.
Un beso,
Mariángeles
El mundo animal, ese que pensamos que no está a nuestra altura como especie, es un ejemplo de servicio a la humanidad. Deberíamos emperrarnos más,a sí todo sería más fácil. Bello texto. ¡Suerte y abrazaco!
Muy lindo y ejemplarizante!