71. Sonría, por favor
«Por favor, sonría para ir al cielo. Si por el contrario prefiere ir al infierno, frunza el ceño», me propuso aquel anciano —de aspecto bonachón y cuidada barba blanca— que vestía una túnica y blandía un par de llaves, antiguas y grandes, como las del portón de la casa del pueblo de mis abuelos.
Un sueño lúcido, pensé, y decidí seguirle la corriente… Y desde entonces vago por el inframundo, dando vueltas en círculo y lo peor: todo el santo día con el entrecejo arrugado.


Una sonrisa abre muchas puertas. Es comprensible tener fe en ese gesto, en que antes o después tendrá efecto, aunque parezca ya no tener remedio.
Un abrazo y suerte, Ángel
Siempre mejor una sonrisa, incluso en las peores circunstancias. Gracias Ángel.
Bueno, igual el infierno es más divertido, que en el cielo están todos los santurrones aburridos…
Un abrazo y suerte.
No me cabe la menor duda. Gracias Rosalía.
Con lo poco que cuesta sonreír! Bueno, ya está hecho, hay gente para todo.
Un simple gesto…
Pues a mí me has abierto las puertas, porque he sonreído.
Muchas gracias, Angel.
Entonces el relato ha cumplido su objetivo. Muchas gracias.