36. Temporada de adviento.
Aquel otoño fue algo extraño. Soñaba que entraba en casa y todo estaba como si se acabaran de ir unos ladrones. Los zapatos tirados por el pasillo, sobre las camas la ropa amontonada, y la mesa con latas abolladas y un cenicero rebosante de colillas. Me despertaba agitado en mi cuarto, donde los libros estaban colocados por tamaños, las camisas por colores y el escritorio podría pasar por bandeja de instrumental quirúrgico. Tardaba poco en recobrar la paz, tras un vistazo. Pero, volvía la pesadilla cada vez con más frecuencia. Me empezó a preocupar, sobre todo desde que en el sueño surgieron copas de licor junto a los cigarrillos. “Pero si odio el tabaco y soy abstemio”, le comenté angustiado al terapeuta el primer día. Y él me miró por encima de las gafas, con esa superioridad de los psicólogos. “Se avecinan cambios”, dijo tajante.
Y fue verdad, porque por Navidad llegaste tú. Con tus vestidos de flores en invierno, y tus gorros aparatosos en verano. Con tus cigarrillos y tus “tomate algo, no seas sonso”. Con tu sonrisa y esa locura encantadora que lo ordenó todo, definitivamente, a su manera.


El orden puede adoptar muchas formas distintas, hasta la de un desorden aparente (no hay nada que desordene más que el amor), que en realidad organiza y da sentido a la existencia.
Hermosa historia Antonio
Un abrazo y suerte.
Gracias, Ángel. Me alegro que te guste. Un abrazo.
Me ha encantado tu cuentito, Antonio. Nos enseña que por muy segur@s que estemos de nuestras convicciones (o de nuestras manías), siempre puede aparecer alguien fascinante que lo vuelva todo del revés y nos deje con las costuras al aire como un calcetín recién salido de la lavadora. Y yo, bueno…Creo que soy parecida a esa irreverente que aparece en Adviento. Fijo, fijo. Enhorabuena y un abrazo, guapo.
Qué decirte, Puri… Muchas gracias por ese comentario tuyo tan completo y magnánimo. Me encanta que te encante. Un abrazo.
Muy bueno. La interpretación de los sueños es seguramente subjetiva; incluso hay quien cree en los sueños premonitorios. Aunque los especialistas los suelen usar para entender los desórdenes mentales. Según su opinión, pueden representar miedos, deseos, preocupaciones, frustraciones… En este caso, quizás tu protagonista buscaba inconscientemente un amor que pusiera su mundo, excesivamente ordenado, patas arriba.
Un hombre tan perfecto necesitaba un poco de caos, y… qué mejor que el amor. Gracias, Edita. Un saludo.
Ay el amor! Cambia a las a las personas. Qué le dure mucho porque una persona tan, tan, ordenada no sé si puede aguantar ese caos. Salvo que le compense.
Gracias, Rosa. Los finales siempre son abiertos, hasta los más cerrados… La vida sigue, más allá de las historias. Un abrazo.
Al final resultó que el sueño era premonitorio, en cierta manera. Seguro que consiguen encontrar un punto de equilibrio entre el caos de la una y la rigidez del otro. Muy bien narrado, muy visual.
Un abrazo, Antonio.
Muchas gracias, Ana María. Los sueños a veces se hacen patentes en la vida real. Me alegro que te guste. Un saludo.
Es difícil alcanzar el equilibrio. Ni el orden patológico ni el desorden caótico. El amor es un buen intermediario hasta que deja de serlo claro. Jajajaja.
Un abrazo
Gracias, Gema, por tu comentario. Un saludo.
Qué bonito relato… Con la angustia que pasaba el pobre con esas «pesadillas» y mira al final como rezuma dulzura el texto gracias a «locura encantadora» con ese desorden-organizado «a su manera».
Un abrazo,
Carme.
El orden absoluto no es sano. Por algo un poeta amigo mío tituló uno de sus libros: El que desordena. Gracias, Carme. Un saludo.
Ojalá que todas las pesadillas fueran como éstas. Un relato bello con un tierno final. Si es que hay desórdenes que llenan la vida de alegrías, de sorpresas, de luz.
Un abrazo, Antonio
Gracias, María. A veces un poco de desorden viene bien. Otro de vuelta.
Bendito sea el desorden así. Que la magia que los ha unido no la separe el orden. El tiempo de espera ha merecido la pena. Un relato muy tierno.
¡Mucha suerte con él!
Besos
Gracias, Nuria. Me salió así de complaciente con el desorden. Será que me siento aludido… Un abrazo.
Ohhh, qué bonito final. Al final el hombre necesitaba un poco de caos para ordenar su vida. Te ha quedado redondo.
Un abrazo y suerte.
El caos arregla a veces la vida. Muchas gracias por tu opinión, Rosalía. Un saludo.
Me encanta ese caos amoroso en el que el pasado del orden es simplemente pasado… o algún otro orden, que también es relativo. Delicioso texto, Antonio. Un abrazo y suerte.
Gracias por tu comentario, Rafa. Me anima a seguir. Un abrazo.
Gracias por un texto que define tan bien el amor.
Bueno, es todo un elogio. Muchas gracias, Hugo. Por aquí nos veremos.