10. UN BUEN CHICO (Ángel Saiz Mora)
Estaba decidido, aunque dudaba de que fuese capaz de vencer la timidez para consumar su idea temeraria. Tampoco podía predecir la reacción de ella.
Había visto antes la película de terror en secreto, para elegir la escena más escalofriante.
Los pellizcos inquietos en su brazo por parte de la muchacha, durante algunos momentos tensos del largometraje, lo animaron a seguir con la arriesgada apuesta. Todo o nada.
Ella cerró los ojos al llegar la secuencia prevista, mientras ladeaba la cabeza con la adrenalina disparada, instante que él aprovechó para unir sus labios a los suyos.
La bofetada que recibió fue tan fuerte como su audacia. El corazón fundido en negro por el fracaso le hizo marcharse avergonzado y evitar todo contacto posterior.
Sus hijos ríen con ganas cuando les cuenta que el impacto en su oído aún resuena años después. No se cansan de escuchar esa vivencia, que vuelve a relatarles cuando se lo piden, ya superado el trauma.
A ella, cuando rompe con algún impresentable a los que es propensa, monstruos que succionan su juventud, ilusión y alma, le sobreviene la certeza de haberse equivocado aquella tarde con quien tanta molestia se tomó para transmitirle sus sentimientos.


Sin llegar al bofetón ni al beso de pasión, conozco a una con la que convivo que pega gritos de terror en el cine. Cuando termina la película y se encienden las luces varias filas delanteras vuelven su cabeza para investigar de dónde salían los gritos.
Muy bueno Álgel.
Es curioso lo que se puede llegar a sufrir y, al mismo tiempo, a disfrutar, con esas películas, a las que le viene muy bien un público entregado.
Muchas gracias, Jesús.
Un abrazo
Sí que era un buen chico, y decidido, además. Lástima que esta chica tuviera tan mal ojo para elegir a sus parejas. Aunque no lograra sus pretensiones, él salió pronto de dudas. Ella, en cambio, parece haber necesitado media vida para darse cuenta del error. No es fácil tener certezas en ningún momento de la vida; las incertidumbres, en cambio, nos acompañan siempre. Yo prefiero actuar ante ellas siempre que puedo, como tu personaje, aunque sea para aclararme un poco.
Enhorabuena por esta nueva estampa en tu fantástico álbum de la condición humana.
Mucha suerte con ella y un abrazo, Ángel.
Dicen que el tiempo es el mejor árbitro, porque pone las cosas en su sitio, sin engaños o autoengaños, y en perspectiva. Este personaje, por su timidez, tuvo que hacer un esfuerzo que otro no hubiese hecho, y se lo jugó todo a una carta. Él salió ganando a la larga, ella no tanto.
Muchas gracias, Enrique.
Un abrazo
Cómo es el destino, querido Ángel…A veces, un hecho puntual o una apresurada decisión pueden determinar el curso de una vida. Otro micro bien interesante y muy tuyo. Un abrazo y suerte, guapo.
Bay decisiones y acciones rápidas y poco mwsitadaa que resultan trascendentales, y no nos damos cuenta de ello hasta que ya no hay vuelta atráa. Si pudiéramos dar cuerda al reloj en sentido contrario no haríamoa lo que hicimos en más de un caso, pero como suele decirse, hay trenes que aolo pasan una vez.
Muchas gracias, Puri.
Un abrazo
. La incertidumbre de él queda resuelta de golpe. La seguridad de ella en ese momento es muy diferente de la certeza que le aportan los años, aunque le pese. Es curioso como se pasa de compadecerlo a él al principio de la lectura y a ella, al final. Muy bien.
Bay incertidumbres que se resuelven de golpe, como bien dices, y certezas que necesitan tiempo para revelarse.
Me alegra que te guste, Edita.
Un abrazo
Tal vez si ella hubiera dudado un poco antes de soltarle la bofetada se habría dado cuenta en ese momento, y no años después, de que era un buen chico, y todo habría terminado de otra manera. Pero ay, las pasiones, que a veces nos dejamos llevar y pasa lo que pasa. Un retrato muy realista y verosímil.
Un abrazote, Ángel.
Hay cosas que necesitan el reposo que no tuvieron para revelar su verdadera importancia, sentido y dimensión. Lástima que cuando ocurre, a menudo ya es tarde.
Muchas gracias, Ana María, ahí va otro abrazo
Un relato muy tierno y humano, Ángel, que juega estupendamente con la incertidumbre y con esas decisiones diminutas capaces que, como en la peli “Slidding doors”, son capaces de cambiar toda una vida. Me ha encantado ese final agridulce, tan lleno de ironía y nostalgia, que nos deja pensando en los caminos que no tomamos y en todo lo que pudo haber sido y, para bien o para mal, no fue. Abrazo.
Nunca sabremos a ciencia ciwrta qué habría sucedido de baher tomado una decisión diferente, por no saber, hasta desconocemos que hemos pasado por un cruce dw caminos y hemos tomado uno en lugar de otro, nos damos cuenta, si acaso, más tarde. La vida está escrita de pequeñas cosas.
Muchas gracias, Sergio.
Un abrazo
A la distancia todo se ve distinto. Una bola mágica y que fácil sería. Aunque pensándolo bien, a veces la incertidumbre tiene su aquel.
Una de cal y otra de arena para estos personajes.
Si supiéramos qué es mejor no nos confundiríamos nunca, o puede que ni así acertáramos. El ensayo-error es lo que nos hace aprender.
Muchas gracias y un abrazo, Rosa
Las decisiones que tomamos tienen consecuencias y como de momento no somos conscientes de nuestra vida paralela en otra dimensión pues tenemos que confirmarnos con la vida que tenemos y elegimos. Muy tierno lo de que se lo cuente a sus hijos. ¿A quien le contará ella su decisión errónea?
Un abrazo
Seguramente ella se guardará su decisión para sí, o la contará como deshogo a alguna amiga. Con errores y aviertos vamos viviendo.
Muchas gracias y un abrazo, Gema
El contrafáctico tiene infinitas soluciones por lo que la incertidumbre permanece a lo largo del tiempo de forma garantizada. Nunca lo sabrás. La vida nos lleva por un camino que no siempre elegimos… muy bien planteado, maestro. Suerte.
Efectivamente, nunca lo sabremos. Cada paso que damos varía la realidad, la propia y la ajena. Solo podemos imaginarlo, con riesgo de equivocarnos.
Muchas gracias, Miguel Ángel.
Un abrazo
Ángel, mientras lo leía, yo imaginaba que esos hijos eran los que tuvieron juntos y que le estaban diciendo: «Papá, cuéntanos cómo conquistaste a mamá». Porque en mi mundo más bonito y más certero, ella habría terminado dándose cuenta de que aquel «buen chico» era precisamente el que merecía la pena.
Pero quizá la vida también va de eso: de las decisiones que tomamos sin saber todavía cuánto pueden pesar, de las personas que dejamos escapar y de las oportunidades que no siempre vuelven. Y ella, por lo que cuentas, parece estar pagando bastante bien aquella bofetada de la vida.
Él, sin embargo, seguro que acabó encontrando a una buena mujer y construyó su propia historia. Porque a veces un fracaso no es el final, sino simplemente el camino que nos lleva hasta donde sí debemos estar.
Qué bonito, Ángel. Y qué humano, como todo lo que escribes. Un abrazo, amigo. ❤️
Los errores también nos hacen avanzar, o lo que es lo mismo: seguimos adelante a trompicones, y siempre un poco a ciegas. Ella se ha arrepentido con el tiempo, mientras que él, como bien dices, ha formado una bonita familia, pero a uno y a otra siempre les quedará la duda de lo que podría haber sido, un pequeño vacío por no haberlo intentado. Como decía mi madre: «Todo no se puede tener».
Me alegra que te guste, Nuria.
Muchas gracias y un abrazo
¡Tremendo «bife» le pegó! ¡Pobre chico! Temeraria la idea, es cierto, pero arrojo no le faltó, y pudo superar la experiencia, tanto así, que hoy se ríe contándola a sus hijos. La chica, por el contrario, vaya si se equivocó. Como decimos acá en Argentina, ella se lo pierde… Esperemos que en el futuro tenga mejor ojo para elegir pretendientes…
Me gustó mucho, Ángel, ese binomio de duda y certeza plasmado en el micro…
Como siempre, un placer leerte.
Besos,
Mariángeles
En las relaciones de dos que se rompen, incluso en las que no llegan a materializarse como podría haber sido, siempre hay una parte que pierde más. Puede dar la impresión de que es él quien peor lo lleva al principio, pero la vida tiene esos giros. Aquí también decimos mucho eso de «ella (o él) se lo pierde».
Mil gracias y un abrazo, Mariángeles
Ninguno de los dos sabrá qué hubiera podido pasar entre ellos si no hubiera habido beso o bofetón. Pero al menos él ha encontrado el amor. Esperemos que ella también lo encuentre. O quizás la vida los vuelva a justar.
Un abrazo y suerte.
Él ha salido mejor parado, y ella tiene cierta querencia hacia los chicos malos. Las cosas son como quedan, podrían haber sido de otra forma con un simple gesto, pero al final, agua pasada es difícil que mueva molino.
Muchas gracias, Rosalía.
Un abrazo
Lo cierto es que no podemos acceder a la mente de los demás, por lo que nunca conoceremos sus verdaderas intenciones. Sin embargo, parece que el tiempo deja en buen lugar a tu protagonista (algo que solemos entender siempre cuando ya no hay solución). Es una historia muy tierna y bien narrada. ¡Enhorabuena, Ángel, y mucha suerte!
El hizo lo que le pedía el corazón, no sin incertidumbre sobre el resultado, y de la forma que consideró más apropiada, aunque puede que no lo fuese. El caso es qje cambió de camino y no le fue mal.
Muchas gracias y un saludo, Antonio
Incertidumbre de él que desapareció en un segundo(bofetada). Incertidumbre de ella que le ha acompañado toda la vida… Muy bueno, Ángel. Suerte
Lo que él nunca sabrá es que su intuición no le fallaba: ella le quería, o podía llegar a hacerlo. Otro gallo hubiera cantado de haber sido sincera.
Muchas gracias, Fernando.
Un abrazo
Para el chico, declarar sus sentimientos es como estar a punto de saltar a una piscina con la incertidumbre de no saber si estará llena o vacía. Para la chica, siempre le quedará la duda de si volverá a pasar dos veces el mismo tren, al que rechazó subirse la primera vez. La incertidumbre en el amor muy bien narrada, Ángel. Un abrazo y mucha suerte.
Él se estrelló contra una piscina que parecía vacía, aunque en realidad le hubiera convenido acogerle. Ella ha salido peor parada, por no reconocerlo a tiempo. Puede que pasen muchos trenes por una estación, pero algunos solo una vez. Una mala cabeza puede llevar a que el corazón sufra.
Muchas gracias, Liliana
Con lo que le debió de costar al pobre chico decidirse a dar el paso…¡Ay, esos bofetones y esos cines y esos brazos pasados por el hombro! Recuerdo una época en la que ir a ver pelis de terror era el mejor truco para ligar. Al pobre de tu relato le ha salido rana el intento. Mucha suerte y un abrazo fuerte.
Es verdad que quien algo quiere, algo le cuesta, pero también que hay pasos que cuesta muchísimo dar y resultan baldíos, aunque en este caso no tanto, porque ella quedó arrepentida de no haber tenido otra reacción; el disparo sí que dio en el blanco, pero con efecto retardado y sin consecuencias, más que la triste sensación fracaso de una de las partes.
Muchas gracias y un abrazo, Aurora
Me ha encantado esta incertidumbre que presentas con resultado conocido incluido. ¿Quién no se ha visto alguna vez en una disyuntiva amorosa? Es tan real como la vida misma. El, buen chico, imaginativo, enamorado pero no correspondido.Ella, con esa tendencia a los chicos «malotes». En esta vida los caminos son infinitos y solo podemos elegir uno.
El seguro que no se ha arrepentido, ella tal vez sí.
Un abrazo grande, Ángel
Solo podemos elegir un camino entre muchos posibles, como bien dices, con una inevitable dosis de incertidumbre en cuanto a si acertamos o no. Dicen que de los errores se aprende, pero a veces no es posible rectificar.
Me alegra que te guste, Pilar.
Muchas gracias y un abrazo.
La audacia y la muestra de amor se merecían una oportunidad, y la falta de valentía de ella siempre gravitará en sus pensamientos como la incertidumbre de lo que pudo haber sido. Original propuesta, Ángel. Un abrazo y suerte.
Él se quedó sin una oportunidad que se había ganado. Ella, como tuvo que reconocer después, perdió la oportunidad de una vida mejor acompañada, todo por un impulso reflejo, por no haber sabido rectificar, o no haber querido hacerlo por orgullo, o por su querencia hacia los chicos «malos».
Muchas gracias, Salvador.
Un abrazo
Él quería salir de dudas, pero no esperaba hacerlo de una manera tan brusca. Ahora la vivencia produce risas entre los suyos, y él no tiene inconveniente en contarla una vez tras otra porque ya no le escuece. Él ha tenido suerte de encontrar a la persona adecuada; ella que al parecer se dio cuenta más tarde de su error, de momento no ha tenido suerte. A mí me pasa como a Edita, me apena él al principio y ella al final. Como en el mar hay muchos peces, y aprendemos de los errores, confío en que la chica encuentre, si de verdad lo desea, la pareja adecuada. Muy acertado tu enfoque de la incertidumbre, Ángel. Un abrazo y suerte.
Cuando una decisión personal no dolo depende de uno mismo, sino de otra persona, no hay que dar por hecho nada, porque puede haber adhesión o rechazo, o porque puede que ese rechazo inicial acabe tornándose en lo contrario. No nos gustan las incertidumbres, pero hemos de lidiar con ellas
Agradezco mucho tu lectura y tus palabras.
Un abrazo, Juana
Hola, Angel;
Una escena genial la del cine. El bofetón lo sentí como propio.
Parece que a él no le fue mal.
El hecho de que se lo contara a sus hijos me ha despertado una ternura muy grande al imaginarme a esa familia.
¿ se seguirá bostezando para intentar pasar el brazo por los hombros antes del beso? O, eso ya ha pasado de moda.
Mucha suerte.
Pocas cosas son como eran. El cine ha cambiado mucho, para empezar, se va a las salas bastante menos de lo que se iba, con lo que esas estrategias de antaño deberán de trasladarse, supongo, a otros ámbitos. Contar el episodio a sus hijos es una manera de asentar la superación de un trauma, que seguro que lo fue. Ella es quien, si pudiera dar vuelta atrás al reloj, quizá hubiera actuado de otro modo, con menos orgullo premeditado, más cabeza y corazón.
Muchas gracias, Hugo.
Un abrazo