Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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70. UN LIMÓN Y MEDIO LIMÓN (Belén Mateos)

 

La veía pasear cada mañana a través de las rendijas de mi persiana con ese andar tan suyo, tan insinuante ante mis ojos, tan provocador para el vecino del segundo, tan prohibido para el del quinto, tan excitante para la mirada de Avelina.

Frenaba de manera compulsiva la correa de nuestra perrita, deslizaba sus manos en la cincha que ceñía su pelusa y al mismo ritmo contoneaba sus cadenas. 

Ella lo sabía, sabía que la miraba, sabía que cada ventana era una invitación para un café con pastas y un licor degustado en su vientre y a pesar de ello, a pesar de mí, cada mañana provocaba en todo el edificio una hiperventilación en esas cortinas corridas para el disfrute de su tanga amarillo y sus pechos desbordando un escote alimonado en el paladar de la imaginación de cada uno de nosotros.

Hoy, creo que es nuestra vecina la que degusta con placer cada rincón ambarino de su piel.

Mañana correré el dosel de mi fracaso y guardaré en la alacena el pienso de su hambre.

4 Respuestas

  1. Concha García Ros

    Muy sugerente tu historia, ese amarillo pasión despertando la imaginación y la libido de tus personajes y ese amarillo celos, resignados al parecer. Buen relato, María Belén. Un abrazo

  2. Ángel Saiz Mora

    Como dicen en la Biblia: «Muchos son los llamados y pocos los elegidos». Hay personas con un atractivo especial, aun sin pretenderlo. No pasan desapercibidas, provocan pasiones involuntarias. Son tesoros vivientes que no están al alcance de todos. Solo algún afortunado/a puede acceder a ellos. Quien puede elegir lo hace y, de forma inevitable, genera perdedores, a quien no les queda sino plegar velas y tratar de olvidar ese fruto inalcanzable, dejándoles un regusto ácido de limón, que a la vez resulta de lo más amargo.
    Un lenguaje sugerente y una sutileza fina para narrar de forma impecable una historia posible.
    Un abrazo, Belén. Suerte

  3. «Mañana correré el dosel de mi fracaso y guardaré en la alacena el pienso de su hambre». Esa frase es el broche de oro (¿o debería decir de limón?) de lo que vive el personaje. Nada hay peor que ver y no poder tocar, que ofrecer algo y que sea rechazado, que desear a alguien que nos provoca y que resulte inaccesible e inalcanzable para todos, salvo para el afortunado elegido… Nada fácil digerir la acidez de algo así.

    Un micro ácido, pero que es un deleite leer, MARÍA BELÉN.

    Cariños,
    Mariángeles

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