19. VACÍO (Miguel Ángel Jiménez)
Federico se preguntaba el día que ingresó en la Residencia que qué ingresaba con él. Total, su vida había quedado atrás y todo lo que tenía era su maleta y su memoria. Aquella llena de ropa vieja y ésta llena de agujeros, cada día mayores, como los tomates que crecían en los calcetines rotos día a día.
Su vida había quedado atrás. No la dejaban pasar. Su familia olvidada. Sus amigos fallecidos. Sus amores apagados. Sus vecinos, todos jóvenes, habían sido expulsados por un fondo buitre. En el barrio no quedaba nadie. En sus recuerdos tampoco. Prefería olvidarlos. Detrás no le quedaba nada. Su pasado no era suyo. Ya no tenía nada. Salvo años. Había salido en todos los telediarios del planeta el día que cumplió los 142 años. El ser humano más longevo de todos los tiempos. Y además le asignaron una habitación individual. Hubiera preferido habitación doble. Necesitaba a alguien con quien compartir el vacío de sus pertenencias. Un problema más. La soledad.


Todos queremos una vida plena y larga, cuanto más, mejor. El problema es que la extraordinaria longevidad de tu personaje lo hace demasiado único, sin nadie semejante, y los seres humanos necesitamos pertenecer a un colectivo, no ser una rara avis condenada a la soledad, sin nadie afín con quien compartir.
Un relato que invita a la reflexión, poniendo el acento en la sociabilidad inherente a nuestra especie.
Un abrazo y suerte, Miguel Ángel
Efectivamente,Ángel. Somos seres sociales y uno de los elementos esenciales para la creación de nuestra propia identidad es formar parte de una «tribu» Gracias por tu comentario.
Qué absoluta desolación. Qué desgracia tener solo años. Qué castigo vivir por vivir. Y sentirse fuera de lugar. Da mucha penita tu protagonista.
Gracias, Edita por leerme y tu reflexión.
Conmovedor, qué difícil sobrellevar el vacío y la soledad al mismo tiempo, o a destiempo con tanta inusual longevidad. La nada, su nada, genial, una excelente reflexión que nos invita a pensar, Miguel Angel.
¡Abrazo!
Gracias por tu comentario Aurora. O somos seres sociales o no somos.
Pobre Federico. Que malo eso de no pertenecer a nada. Demoledora la frase final de : “ compartir el vacío de sus pertenencias”
Gracias Hugo por tu comentario.
Somos nuestro entorno y nuestra memoria.
Con esa edad no me extraña que se sienta así: no le queda identidad a la que agarrarse. Solo vivir por vivir.
Exacto, Rosa. Si no tienes asideros no sobrevives. Gracias por tu comentario.
Qué duro y qué triste tu micro, querido Miguel Ángel, pero qué real. Pertenecemos a todo aquello que en un tiempo nos acompañó y que nos ayudó a crecer, pero si vivimos demasiado tiempo ya sólo son recuerdos lo único que nos queda… Es lo que hay. Enhorabuena y un abrazo, guapo.
Gracias Puri por tu comentario. Somos lo que recordamos es otra forma de decirlo. Un abrazo
Miguel Ángel, me sumo a los comentarios y añado la banda sonora que me ha recordado tu micro:
https://www.youtube.com/watch?v=_Jtpf8N5IDE
Gracias Rosalía por tu comentario. Para siempre es nuestro hoy dice la canción y yo añado que llega un momento en la vida en el que «el día de mañana fue antes de ayer» Abrazo.
Describes muy bien lo que significa ir perdiendo cosas con los años y más si se es tan longevo como Federico. Ese sentimiento es muy común en la vejez. Esa tristeza por sobrevivir a tu pareja ,amigos, familiares. Es realmente triste.
Un abrazo
Gracias Gema por tu comentario acertado. Un abrazo
Triste final para una vida que seguro que fue plena y dichosa, pero cuando ya no queda nadie con quien compartirla, se ve vacía. Cuando ya no tenemos futuro solo nos quedan los recuerdos del pasado. La epidemia de soledad es el mal de nuestro tiempo y los mayores la sufren en mayor medida.
Triste pero precioso relato. Mucha suerte.
Gracias Anna por leerme y por tu comentario.
Un hombre centenario ingresa en una residencia geriátrica: el mundo que conocía deja de pertenecerle porque ya no existe, y para colmo de males, a ese sentido de pertenencia que tanto necesita y extraña también se lo niegan al ubicarlo en una habitación individual…
Un relato que sirve para sembrar conciencia sobre lo que hacemos con nuestros mayores, y que ojalá nunca salga de la órbita de la ficción…
Un micro triste pero muy bueno, Miguel Ángel; me gustó.
Un beso,
Mariángeles
Gracias por tu comentario, Mari Ángeles. Llega un momento en la vida en que básicamente somo lo que recordamos. Si además, la memoria empieza a tener agujeros… dejamos de existir.
Abordas tres problemas muy dolorosos: la vejez, la soledad y la vivienda. El relato es desgarrador pero, a la vez, muy realista. A ver con quién conversa el protagonista de las guerras de Cuba y Filipinas, y si ese interlocutor puede seguir el hilo de la conversación. ¡Enhorabuena, Miguel Ángel! Te deseo mucha suerte.
Gracias Antonio por tu cometario. Fíjate que el problema de la vivienda no lo tenía en mi cabeza cuando escribí el micro. Pero cuadra en el contexto y te agradezco la luz que le aporta. Un abrazo.
Cuando los tuyos ya no están, es verdad que se debe de hacer difícil sentir que uno pertenece a un nuevo grupo con nuevos principios y escalas de valores con las que no se tiene nada en común. Muy bueno y para recapacitar. Un saludo y suerte.
Efectivamente, Liliana. La memoria está en los tuyos. Si estos no existen, aquella tampoco. Gracias por tu comentario. Un abrazo.
La vejez son achaques, decrepitud, decadencia física y mental, pero como añadido está la pérdida de las personas de tu generación. Con más de cien años la cosa se agudiza. Un tema para meditar con sorpresa final. Saludos y suerte, Miguel Ángel.
Gracia, Antonio por leer y comentar. Un abrazo.
Vaya micro bueno sobre la soledad no deseada, sobre el paso del tiempo y la importancia de estar, o sentirse, acompañado. Muy buenas frases, Miguel Ángel, me ha encantado esa memoria llena de agujeros y la necesidad de compartir el vacío de sus pertenencias. Mucha suerte y un abrazo
Gracias Jesús por tus cariñosas palabras. Un abrazo.