Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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10. VERGÜENZA

Enseñan a los niños a dar gracias a Dios por haber nacido allí, donde no falta el agua. Fuera de sus latitudes, las ciudades y los pueblos abandonados agonizan al sol. La arena y el polvo cubren lo que antes era vegetación extinguiendo cualquier hálito de vida. El sur se ha convertido en un inmenso desierto. También les cuentan historias sobre gigantes semi humanos que quedaron al descubierto tras derretirse los glaciares y ahora, al despertar de su hibernación, deambulan en busca de alimento. Leyendas que los pequeños escuchan con los ojos abiertos y el corazón encogido.

Han comenzado a faltar animales en algunas granjas, por eso, forman cuadrillas armadas que recorren el bosque en las noches claras. Desde las casas se escuchan disparos lejanos hasta el amanecer, cuando los cazadores regresan con los rostros sombríos, los ojos huidizos y la determinación de construir un muro para que nadie pueda entrar en la comarca. Saben que una vez que han comenzado, “ellos” no dejarán de llegar obligados por el hambre y la desesperación. Pero tampoco salir; quieren ocultar a sus hijos que los cuerpos abatidos no pertenecen a monstruos quiméricos, sino a hombres, mujeres y niños como ellos.

1 Response

  1. Ángel Saiz Mora

    Como bien dices, no hay nada peor que el hambre y la desesperación. Ambas lacras hacen de quien las padece personas dispuestas a todo, persistentes en un empeño en el que no tienen nada que perder, porque nada tienen. Quizá pueden caer en el intento, pero hasta eso puede ser un alivio para ellos, dada su situación; luego vendrán muchos más, no es un problema pasajero. La pregunta es hasta cuándo es factible soportar esa presión en un planeta cada vez más degradado, con mayores desigualdades entre norte y sur, en el que se ponen muros, represión y verjas, en lugar de considerar otras opciones, como compartir, colaborar o cooperar. En tu relato es aún peor, los afortunados no se limitan a contener a la masa hambrienta y atormentada, sino que van más allá, violencia incluida, no se detienen ante nada, pese a los remordimientos que, lógicamente, sienten, con el agravante de lo que cuentan a sus niños. El futuro no se puede cimentar en mentiras y agresiones.
    Un relato ambientado en un futuro distópico, que sentimos demasiado cercano, que solo puede tener el título que tiene, cuando con «los otros», los que han tenido menos suerte, no nos queda ni una pizca de humanidad.
    Un abrazo y suerte, Paloma

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