23. Visillos
Estoy mirándolo desde mi sofá, las cortinas corridas, olor de verano y las golondrinas como locas de un lugar a otro, creando sombras en mi salón y dando movimiento al polvo… Esas partículas fantasma, estancas a su manera, reverberando la luz filtrada: mi compañía. Las páginas del libro dobladas, me arrepentiré luego.
Siento que la soledad se esparce y que hoy es el día. Sólo muevo los ojos unos 10 grados y enfrento ese pasillo inabarcable.
Los ruidos del parque no tienen clemencia, pero él avanza lento. Se detiene junto a la farola y alza sus ojos. Me estremezco, pero no me muevo. El cuerpo tiembla a su manera. La súplica de ese rostro es un descampado urbano.
Sigue avanzando y ya puedo respirar. La habitación pega un vuelco, las cortinas se inflaman y me rozan. Una arcada engorda dentro. Entierro la cara entre mis manos y lloro de nuevo sin lágrimas ni espasmos. El túnel del pasillo se expande más allá del universo, no hay barreras en el paso.
El libro hace un ruido sordo al caer, se desprende el marcapáginas, y yo divago con horror sobre mi capacidad de encontrarme de nuevo.


Tu protagonista quiere salir a la calle, al encuentro de una persona, que con paciencia, espera. Necesita hacerlo, pero por algún motivo no se atreve, le falta el coraje para dar el paso, en una casa que se le vuelve inmnesa y un exterior que siente como un universo inalcanzable. En el fondo, sabe lo que le ocurre, que el problema está dentro de ella, pero podemos ser nuestro peor enemigo. Ojalá lo consiga.
Un abrazo y suerte, Susana
Espero que el personaje de este relato abra completamente los visillos y pueda ver y verse con claridad. Los libros son un gran consuelo, pero hay que vivir la propia vida. Me gusta esta manera tuya de plantear incertidumbres. Muchas suerte con esta propuesta, Susana 🤗