Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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1º Concurso «La GILDA»

 

Con motivo del 8 º ENTCuentro que celebraremos el próximo 2 de marzo en la villa de Comillas queremos invitaros a participar en este concurso que nos ha propuesto La Gilda, el restaurante donde comeremos y cenaremos el día 2 de marzo, con el objetivo de que desde sus mesas ya nos lleguen algunos efluvios de … inspiración.

La Gilda nos ha puesto todas las facilidades del mundo para disfrutar de sus comedores y su buen hacer en los fogones, y creemos que una buena forma de agradecerles su amabilidad es pagarla con eso de lo que nos sobra en esta casa… imaginación.

Asistentes y no asistentes al ENTCuentro, estáis todos invitados a este

 

1º Concurso de Microrrelato LA GILDA

cof

Sus bases son las siguientes.

1 – Pueden participar usuarios de la web estanochetecuento.com y amigos y conocidos de la página.

2 – Podrán presentarse un máximo de 2 relatos por autor.

3 – El relato, que se publicará únicamente como comentario en esta entrada del blog www.estanochetecuento.com, y tendrá un máximo de 100 palabras sin incluir el título.

4 – El relato será de temática libre, pero parte o la totalidad de su acción deberá localizarse en la mesa de un restaurante.

5 – El plazo para su presentación será desde la publicación de este post y durará todo el mes de febrero.

6 – El jurado estará formado por los representantes del restaurante La Gilda. En el caso de que alguno de los ganadores no se haya identificado debidamente será inmediatamente eliminado y el premio pasará al siguiente.

7 – Este concurso se fallara publicamente durante la cena del próximo 2 de marzo en el restaurante La Gilda.

8 – El premio para el relato ganador es una cesta de productos locales, la aparición del microrrelato ganador en la Carta del Restaurante durante la temporada 2019, y la inclusión del relato en el recopilatorio Esta Noche Te Cuento de 2019.

78 Responses

  1. Chispazos de imaginación cruda en masa gris escarchada

    Inmersa en su cháchara, mamá fue impermeable a mis tirones de manga. Por eso se perdió la batalla de las aceitunas, el naufragio de los mejillones y la conquista de los pepinillos. Yo miraba al camarero por si era un mago disfrazado haciendo trucos para entretenerme, pero no. Las otras mesas parecían normales. Sólo en la nuestra los tenedores avanzaban amenazantes entre las copas, las cucharas excavaban tumbas en el mantel y los cuchillos troceaban sin piedad a cualquier aperitivo. Tal era la matanza que la mesa parecía una ensaladilla gigante. Hasta que mamá gritó y me dejó su móvil.

  2. Yolanda Nava Miguélez

    LA CENA

    En los entrantes le dije que tenía unos ojos preciosos. En el primero hablamos del futuro, le confesé que aspiraba a pintar amaneceres y ella aseguró que planeaba ser feliz. Con cubiertos plateados cortamos silencios y compartimos cucharadas de risas rebozadas en salsa de ostras. En los postres, envueltos nuestros nombres en chocolate y nata, nos presentamos. Para entonces ya habíamos olvidado los asientos vacíos en nuestras respectivas mesas, y brindábamos con copas llenas de complicidad.

  3. A LOS POSTRES

    No levanto la mirada del plato, la cuchara sube y baja produciendo un ruido al chocar con la porcelana. Enfrente sucede algo parecido y los sonidos al unirse forman una melodía, triste y machacona que embota mis sentidos.
    Sabe que nuestro matrimonio se ha roto, que quiero a otra persona y que hoy, en este restaurante, el mismo donde hace veinte años nos declaramos amor eterno, estoy cocinando mientras como, una disculpa, un perdón que quizás no me conceda.
    Se me juntan las palabras en la boca y no pueden salir.
    Se lo diré a la postre.

  4. Paloma Casado Marco

    TODA UNA VIDA
    Aquí fue donde vinimos a cenar la primera vez. Te atreviste, con el rubor coloreando tus mejillas, a acariciar mi pierna con tu pie descalzo. Nos habíamos bebido entre los dos una botella entera de Albariño. Aquí te entregué el anillo de compromiso y aquí celebramos los cumpleaños de toda la familia. Hoy hemos querido despedirnos antes de que cierren el restaurante. Todos tenemos derecho a jubilarnos.
    Noto tu pie abriéndose paso entre mi pierna y siento, como el árbol viejo, una savia nueva que asciende por mi cuerpo. Tantos años juntos y te sigues poniendo colorada.

  5. Paloma Casado Marco

    LA PREGUNTA QUE NUNCA TE HICE
    Me voy a jubilar –comenta tras tomar nota de la comanda– traspasaré el negocio y…Mientras Carmina habla, recuerdo los tiempos en que ayudaba a su madre en la cocina y yo acababa de llegar del pueblo para preparar las oposiciones. Ese pequeño restaurante, con sus guisos sencillos y el trato cariñoso de los dueños, hacía que me encontrara como en casa. Continué visitándolo a menudo, aunque ya pudiera permitirme lugares más caros.
    ¿Dónde iré yo ahora? Y la pregunta parece sorprenderla. Querría haberle confesado: ¿cómo voy a pasar el resto de mi vida sin verte?

  6. RESISTENCIA
    —La tortilla de patata de mi abuela era lo más —dijo Román, nostálgico.
    Mientras, Mauro rajaba bellotas heladas con una navaja.
    —Escogía las cebollas más tiernas de la huerta y las freía con un pimiento verde. Después, batía los huevos recién puestos por gallinas que vivían felices, en libertad, comiendo gusanos. Recuerdo de críos cuando los cogíamos calientes, con las plumas pegadas a la cáscara.
    —Por qué no te vas a la mierda —susurró Mauro, mientras chupaba una raíz.
    En aquella cueva de la sierra seguía nevando. Todo el mes sin parar de nevar.

  7. Esperanza Tirado Jiménez

    CADA DÍA

    Entra siempre a las tres en punto. Sonríe y escoge su mesa. Él se acerca atento. Se saludan, como cada día y le entrega la carta. Ella la toma y la posa en la mesa, acariciándola como si de una valiosa joya se tratase.

    Escoger el menú forma parte de una ceremonia no escrita en la que el tono del ‘Gracias’ o del ‘Buen provecho’, que aparecen fuera de carta, indica si ese día queda menos para sentarse juntos a la misma mesa. Y compartir algo más que los platos de un delicioso menú.

  8. Jesús Alfonso Redondo Lavín

    EL RENCO
    Por cuarta vez, con patente iracundia, Sinforiano, un alcalde trasmerano, requirió al camarero que equilibrase su mesa. Bartolo, el camarero, se agachó, quitó el trozo de papel que infructuosamente había colocado en anteriores intentos, puso una cuña de corcho y se fue a otros quehaceres.
    El alcalde tentó el tablero de tal forma que el corcho salió despedido. El edil, fuera de sí, pegó un empujón a la mesa, se levantó, tiró la servilleta al suelo, cogió su sombrero y su cachava, cruzó el comedor cojeando sobre la abultada alza de su zapato izquierdo, dio un portazo y se fue.

  9. CENA SORPRESA

    Está realmente atractiva esta noche. La observo en la mesa de este restaurante lujoso que ella ha elegido y vuelvo a verla como en los primeros encuentros. Me aguarda una sorpresa, me ha dicho. Casi no puedo probar bocado, tal es mi excitación, pero doy buena cuenta del vino.

    Míralo. Apenas come, le basta con devorarme el escote. Qué iuso, después de tanto tiempo de indiferencia. íMmm! La langosta, exquisita. Pido mi coulant de chocolate y me relamo de placer. Me pregunta por la sorpresa:
    -Te dejo,, cariño. Tengo la maleta en el coche. Paga tú y pide un taxi.

  10. Gilda

    Ayudar a mamá en los fogones era mi pasión. Verlo a él, al otro lado de la cocina, me distraía. Yo era una mocosa cuando a él lo esperaba a la salida cada día una chica diferente. Tenía sueños. Quería ser fotógrafo, explicar historias. Mientras yo, jugaba a inventar recetas. El día que me dijo que se iba, que hiciera la maleta y lo acompañara, le contesté que mi vida era el restaurante. ¿Cocinar? – me preguntó -. No, crear historias – le contesté. Gilda ha empezado a acompañarme en la cocina, le gusta. Aunque debo controlar su pasión por la fotografía.

  11. MESA PARA DOS

    Por el propósito esdrújulo de ella quedaron en el Ágora, un restaurante también del agrado de él por hallarse en la calle Newton número 7, cabalístico, impar y primo.
    Para ella brócoli con orégano y fécula de primero; nécoras de segundo.
    Para él lo del número 3 y el 14 de la carta, para el que el algoritmo forme Pi.
    Ella se fijó en sus omóplatos, en su cráneo, en su acústica.
    Él admiró la tangente de sus curvas, sus cosenos, sus senos.
    Consensuadamente pasaron la noche en el hotel Ábaco.
    Pírrico, afirmó ella.
    Innumerables, contó el.

  12. Modes Lobato Marcos

    EVANGELIO GASTRONÓMICO SEGÚN SAN JUAN 14:12

    En verdad os digo, tomates míos, que sólo los verdaderamente buenos entraréis en el Cielo de «La Gilda».
    El resto, sentirá en sus propias carnes el castigo del Infierno, allá en Buñol.

  13. Javier Viadero

    Calma en la boca y sonrisa en los ojos,D. Luis vivía su vida tenue entre la mesa del restaurante donde le servía la comida a diario, su escaparate-vivienda y una placita cercana, en la que se sentaba a leer los días de sol, abundantes en aquella ciudad mesetaria.
    Aquella plaza era su mar, creo. Siempre pienso que las buenas personas tienen uno propio, incluso tierra adentro.
    Me fui de allí cuando dejó de sentarse en la mesa que yo atendía. Ahí ya no pude soportar más la ausencia de mi mar, ni la convivencia con gente carente de él.

  14. Javier Viadero

    – Me gusta esto. Me recuerda cuando era pequeño.
    Asiento con la cabeza.
    «Esto» es la lluvia vemos caer mientras comemos al lado de la ventana. El camarero trae los postres, bombas de calorías y azúcar, único acto de desafío a la vida al que nos arriesgamos ahora, nosotros, salvajes que vivimos a tumba abierta, domesticados por la edad como plantas de interior.
    – Antes llovía más.
    Su frase queda en suspenso sobre nosotros, vehemente.
    Cuando éramos niños, llovía más. Y la vida, que hoy se escurre en nuestras manos, era inabarcable.
    – Sí – concedo – llovía más.
    Y dejo que la lluvia diluya.

  15. Esperanza Tirado Jiménez

    EL AVISADOR

    Excelente trato. Comida exquisita. Buenos precios. Licores caseros. Para repetir.
    El boca a oreja a boca se va extendiendo por todo lo largo y ancho de las redes.
    Un jefe de camareros que no sabe de vinos. Demasiado caro para lo que ofrecen. Renueven esa carta anticuada.

    Perder estrellas sin saber que tenías media constelación ganada.

    No volveré nunca más. Dan fritanga y cobran caviar. El vino era simple cosechero. Ni se sabían la clave de su propio wifi.

    Volver al origen. En la próxima temporada se prescindirá del ingrediente del avisador en el menú.

    Oído cocina.

  16. Romina

    LA GUARIDA
    Desde 1999 quedamos cada domingo en este restaurante a echar el rato y recordar hazañas de cuando gozábamos de nuestros superpoderes.
    En más de una ocasión salvamos al mundo de las garras del la mezquindad.
    Por suerte ya no nos necesitan, aunque todavía conservamos algunos poderes, en alguna ocasión la camarera que ignora nuestra identidad, titubea estupefacta preguntándose como aprecio la botella de orujo en nuestra mesas, yo sin ir más lejos hay días que me tengo que ir volando y Johnny si se esfuerza aun consigue hacerse invisible, pasamos buenos ratos aquí, este restaurante es ahora nuestra guarida.

  17. Gloria Arcos Lado

    CUANDO AÚN SABÍAMOS SOÑAR

    Los sábados era nuestro día.
    Lo dejábamos todo: trabajo, niños, preocupaciones…Y como por arte de birle birloque, volvíamos a ser libres por unas horas.
    _¿Recuerdas? Cogíamos nuestro maltrecho seiscientos, Naranjito, enfilábamos la carretera de la Costa desde Finisterre al apartado restaurante en Louro.
    Allí, sentados en aquella mesa, observábamos el azul intenso del mar y el verde brillante de los pinares, mientras dábamos cuenta de almejas, nécoras y chopitos.
    Y, entonces, recordábamos con tristeza los inicios de nuestra intensa historia de amor, embebida en los rigores del paro, que logramos atenuar con grandes dosis de ironía y pasión.

  18. María José Escudero

    Dudas razonables sobre una mesa para dos

    Reservamos mesa en el mismo restaurante donde se me había declarado hacía unos años. Yo acudí un poco antes de lo acordado y, a medida que pasaba el tiempo, comprendí que mi interés por el Menú de la Casa era mayor que el que me suscitaba su próxima presencia. Aunque juntos habíamos aprendido a maridar vino y comida, temí que lo nuestro no casara. Y decidí escaparme, pero el aroma envolvente de unos mejillones picantes me detuvo. Luego llegaron él y su sonrisa con un vermut entre las manos. Y mientras nos servían, compartimos dudas y un aperitivo de espárragos

  19. LENTEJAS CON CHORIZO

    Siempre en la mesa del fondo, la que da al parque infantil, y el bastón colgado de la silla. Mientras mira jugar a los niños remueve despacio las lentejas, como no queriendo acabarlas. Le gustan así, con el caldo espeso, como las de su madre aunque de pequeño las odiaba; si pudiera verle ahora devorándolas cada jueves… Antes dejaba el chorizo por recomendación médica. Ya no. Mañana es viernes. Toca pescado, y la camarera le dirá, como siempre, que ponga cuidado en no pincharse. No sabe que la mayoría de las veces es a propósito. Por ver si aún sangra.

  20. Fido´s–like place

    Mira a su cuñado sorprendida apartando el pie semidesnudo. Parece abducido por su entrecot. Su marido, sentado frente a ella, charla embelesado con María. En ese momento el camarero le sirve la lubina a la sal y vuelve a sentir la inesperada caricia. Se gira bruscamente hacia su suegro que discute sobre fútbol con su hermano. Aun a riesgo de llamar la atención, levanta el mantel y explora bajo la mesa. Unos ojitos tristes la interrogan y un calambre traspasa su corazón. Se endereza agitada y se percata de que todos la observan en silencio, esperanzados. Su cinofobia se resquebraja.

  21. CRIMEN SIN CASTIGO

    La policía no tardó en llegar, pero no supieron muy bien qué hacer. La puerta del restaurante estaba forzada, sí, pero no faltaba nada. La recaudación seguía en la caja y de la despensa no se habían llevado ni siquiera el jamón que colgaba del techo.
    La única prueba del delito se hallaba en la cocina. Los agentes desfilaron uno tras otro, destaparon la olla y alabaron el aroma que desprendía el guiso de alubias y berza. El sargento metió la cuchara y lo probó. En el comedor, con las muñecas esposadas, el aspirante a chef aguardaba el veredicto.

  22. FLECHAZO

    Al entrar en el restaurante le sorprende lo pequeño del local. Solo seis mesas, como seis islas, cada una con su pareja de náufragos mirándose a los ojos. La comida parece no importarles. Teresa piensa en salir huyendo. Aquel no es el mejor escenario para una cena solitaria y no le apetece que el camarero le ofrezca su sonrisa de consolación con cada plato. Pero la recepcionista del hotel donde se aloja ha sido muy efusiva en su recomendación: cenará muy bien y deseará volver.

    Después ha susurrado algo ininteligible. Ahora cree que ha dicho: se enamorará de esta tierra.

  23. Nuria Rozas

    INOLVIDABLE

    Nunca olvidó a la mujer pelirroja que se sentó en la mesa del rincón para disfrutar sola del vermú. Tras darle un sorbo, se quitó un guante, muy despacio, perturbadoramente sensual. Después cogió un pincho del platito, con su delicada mano desnuda, y lo sostuvo una milésima de segundo entre sus dientes, antes de envolverlo con su jugosa lengua e introducirlo de una vez. El bocado perfecto de guindilla, anchoa y aceituna desaparecía así ante la mirada de soslayo de todos, incluido él mismo, que no pudo evitar preguntarle su nombre para bautizar a aquel picante aperitivo.

  24. Jesús Alfonso Redondo Lavín

    Gilda y gilda

    Mediados los años 40, Margarita Carmen Cansino, desnudaba sensualmente sus brazos y contoneaba sus caderas al ritmo del “Put the blame on Mame”, provocando en los censores espasmos en sus músculos cremásteres, mientras buscaban aquellas “erres” que la tele cambió a rombos.

    Por esos días, Txepetxa, chiquitero donostiarra, salió del cine y entró con la novia en Casa Vallés. Con los aperitivos en la mesa, tomó una piparra, que le recordó al guante, encorsetó una aceituna con una anchoa chorreante de aceite y clavó un palillo en el conjunto. Así nació “la gilda”.

    ─ De primero, ¿qué tomarán los señores?

  25. MARIDAJE

    Unen las manos sobre el mantel mientras ojean la carta de su restaurante favorito. Siempre acuden a la cita por separado. Prefieren mantener el misterio. Sentados a la mesa, con los ojos surcados por las huellas que deja una vida de añorarse, se miran como la primera vez. Con los años, la decoración y el menú son más sofisticados, también su manera de amarse. El calor de su amor flota en el ambiente mezclado con los exquisitos aromas que escapan de la cocina.

    Tiemblan al despedirse con un apasionado beso antes de regresar a la soledad de sus vidas paralelas.

  26. Pepe Sanchis

    A CIEGAS

    -¿Cómo te conoceré?
    -Será fácil. Tú solo piensa en el nombre del restaurante.
    Eva llega primero y elige el rincón más romántico.
    Manuel entra más tarde. Ocupa una mesa libre al otro extremo del local. Se sienta y espera. No observa a nadie con ningún detalle especial. Después de unos cuantos martinis, se larga sin cenar.
    Una vez en su casa, desilusionada, mientras se quita el vestido, Eva descubrirá que ha olvidado en el armario los largos guantes de terciopelo negro.

  27. Modes Lobato Marcos

    LAS PEORES BESTIAS CAMINAN ERGUIDAS

    Al día siguiente de tu entierro, entré en nuestro restaurante y empecé a cocinar.
    Mientras lo hacía, miles de lágrimas brotaron de mis ojos y cayeron en la olla.
    Y en ese instante descubrí el ingrediente secreto de tu famoso cocido montañés, mamá.

  28. AIRES DE GUERRA

    —Mejor te largas ya —me espetó tras la servilleta—, pero una cosa te advierto —un trozo de espinaca ocultaba parte de su colmillo— que la casa me la quedo yo. Y a los chicos, ni tocarlos.
    Resopló exasperada y las llamas de las velas se estremecieron. Entonces se acercó a nuestra mesa un violinista sin tacto para atacar una pieza romántica junto a su melena. Ella clavó muda sus uñas rojas en el inocente mantel blanco y el músico también comprendió que las guerras estallan sin esperar a los postres. Acabábamos de perder la paz y el tiramisú.

  29. Salvador Esteve

    EL POTAJE

    Ganar el concurso culinario abriría la puerta a su sueño. El guiso debía resultar perfecto. Pero en el interior de la cazuela una batalla se cocía a fuego lento. La patata presumía de ser el ingrediente principal. El pimiento se jactó de que él daba realmente el sabor. La portavoz de las alubias comentó que ellas eran mayoría.
    Con la discusión en plena ebullición, el ajo, que siempre piensa con la cabeza, alabó la fuerza da la unión. Todos asintieron y el caldo estalló en un ¡glu, glu! de júbilo. La cocinera respiró aliviada, la armonía de sabores había regresado.

  30. Salvador Esteve

    TRANSICIÓN

    Era el cumpleaños del abuelo y la felicidad envolvía la mesa del restaurante. El niño observaba embelesado, pero el metre asesinó la armonía, solo quedaba una ración de salmón salvaje, el plato estrella que todos habían pedido. Nadie retrocedió en su demanda. El camarero optó por dejarlo en el centro, y entonces estalló la guerra. Blandieron las uñas y entre puñetazos y golpes el abuelo buscaba velas que soplar. Bajo la mesa, con el plato en la mano, el pequeño, viendo las bajezas humanas y hambriento, cruzó la inocencia; de la hamburguesa con patatas al salmón con aroma de miel.

  31. Esperanza Temprano Posada

    HOY COMEMOS…

    Como cada mañana, se sienta en la única mesa que no tiene mantel y diseña el menú del día. Si hace frío o está nublado, algún primero de cuchara cae, porque los caldos cocinados al trantrán o las legumbres guisadas con mimo son capaces de derretir el corazón más gélido. De segundo podrán elegir entre una carne del lugar salpimentada con cariño o un pescado de la zona con aroma de alegría horneada entre fogones. Y de postre no puede faltar la tarta de queso de la que todos piden la receta, esa que ella guarda celosamente tras su sonrisa.

  32. Manuela

    CALOR
    Noche de calor en el restaurante.Son treinta invitados por compromiso.Los ventanales abiertos, esperan la brisa que no llega. La madre de la novia, chincha con el calor. Una niña de tres años, escapa de los brazos de sus padres. Se ancla en la mesa de los novios. Un murmullo de conversación mezclado con el calor pesa en el ambiente. Los novios, aburridos, con la cría de un colo a otro. Los postres, lo único que endulza la boda. Llegan los gritos:qué se besen. La niña se planta en medio y grita: Un simpa, a correr.

  33. Ángel Saiz Mora

    REVELACIONES

    Un silencio de estupor dominó los entrantes.
    La incomodidad se acentuó durante el primer plato. Cuando les sirvieron el segundo por fin la hija habló a los padres, muy tradicionales. Dijo entender que les costase asimilar su condición sexual, pero eso no cambiaría el amor por Nerea, a quien acababan de conocer. La madre confesó que hubiera querido tener nietos. Nerea hizo entonces un anuncio: querían adoptar dos niños; luego añadió que le gustaban tanto como el fútbol, igual que su querido Racing. El padre, socio histórico del equipo, abrazó a la futura nuera.
    Hubo risas a los postres.

  34. Gelines del Blanco

    TARTA DE QUESO Y OLVIDOS, AL HORNO.
    Cuando a la Gilda se le aflojaron los recuerdos, desprendiéndose a pedazos, Anita los recogió, para evitar que se estrellaran en el olvido: Base de galleta fina, bien prensada ¿tú quién eres? Soy tu nieta. Mezcla yogur, queso crema, pues te pareces a mi Carlos, una pizca de ralladura de limón, azúcar, huevos frescos, harina… esa mirada azul es suya… pon la mezcla en el molde acariciado con mantequilla y lo metes al horno, calentito. ¿Dónde está Carlos? Tras aquella línea del horizonte, abuela. Extiende mermelada de briñones y nostalgia. ¿Puedo ir con él? Aún no, sigamos con el recetario…”.

  35. Antonio Toribios

    NADIE ES PERFECTO

    Estaba sentado frente a aquella señora, que por edad podría ser su madre, y no recordaba cómo había empezado todo. El presentador pululaba solícito entre las mesas. Cámara, acción. “Y qué aficiones tienes”, dijo la señora haciendo un mohín entre picaresco y protector. Y él tartamudeó un “bueno…, me gusta leer”, casi inaudible, mientras pensaba cabreado: “¿Pero, quién demonios elige aquí las parejas?”. Llegó el salmón confitado y con él un “y cómo te gusta que te masturben”, que le hizo dar un salto en la silla. “¡Mamá!”, gritó. Y ella, quitándose la careta, respondió: “No, hijo, soy tu padre”.

  36. Antonio Toribios

    安心 (Socorro)

    Se nos hizo tarde y la urgencia nos hizo elegir un restaurante japonés en una calle llena de espléndidos figones de comida autóctona. Sin embargo, enseguida nos cautivó el ambiente minimalista y el sonido de las cítaras. Un camarero nos tomó reverencialmente la comanda. Todo era exquisito, desde el tataki de salmón al ramen con naruto. Al terminar salimos por una puerta posterior, tras una genuflexión ceremoniosa. Pronto nos perdimos en un dédalo de calles. Un samurái pasó a caballo y tuvimos que escondernos. Desde entonces vivimos en las cloacas. Hay más gente, pero todos hemos olvidado nuestro idioma.

  37. Ángel Saiz Mora

    ELLA, ÉL

    Ella apenas probó la ensalada de ventresca, centrada en monopolizar la charla. Él solo percibía un runrún, con toda su atención en las papilas gustativas.
    La mujer disfrutaba de poder dar rienda suelta a su incontinencia verbal, el hombre con cada bocado del sándwich de pastrami.
    Tras la tarta de queso ambos alcanzaron el éxtasis. Ella, porque nadie antes había soportado con tanta paciencia su verborrea. Él, por su estómago satisfecho.
    Embelesados cada uno en su paraíso, habían olvidado dónde estaban.
    El presentador del programa de citas celebró la compatibilidad de la nueva pareja ante millones de telespectadores.

  38. Las croquetas de La Gilda

    Me llega el olor a cebolla recién rallada, y es que el mundo se divide entre los que rallan o cortan. Dejo la Barbie Superstar, con sus aires de soy rubia pero trátame como a una morena, y acudo para oler de cerca. Mamá sofríe con delicadeza la cebolla, añade lo justo de sal, pimienta y nuez moscada. Recuerdo la música de fondo de la radio y su tararear bajito. El secreto está en la cuchara de palo – me dice. Cada mordisco me acerca a aquella niña, sonrío y pido otra ración. Suena la misma canción.

  39. Gloria Arcos Lado

    NOSTALGIA DE LA FELICIDAD PERDIDA

    Apenas solíamos salir.
    Nuestros recursos eran escasos y los destinábamos a facetas menos fascinantes: créditos, letras, comida…
    Pero en nuestro tercer aniversario quisiste darme una sorpresa. Y aunque no teníamos trabajo fijo, tiraste de tus escasos ahorros y me invitaste a un restaurante de postín.
    Como si fuera “Gilda”, me puse mis mejores galas para estar muy hermosa.
    Entregamos las llaves al aparcacoches y nos sentamos en el restaurante más bello que jamás había visto.
    Situado en un antiguo pazo, contemplábamos la costa mientras saboreamos con fruición cada plato.
    ¡Este momento mágico me recuerda hoy, que algún día fuimos felices!

  40. Federico Correa Gil de Biedma

    ÚLTIMA VOLUNTAD

    Había sido una concesión del juez. Sí, extraña, tanto como la petición.
    De su exiguo ropero eligió su mejor camisa, viejo regalo de su difunta madre, y unos no menos viejos pantalones. La cena en La Gilda estaba siendo como recordaba, deliciosa.
    Había solicitado mesa para dos. Frente a él un plato vacío, que no impedía a su mente rememorar, incansable, tiempos pretéritos que nunca volverían. Esbozó una sonrisa melancólica al último sorbo de vino, con el vaso en alto murmuró una breve plegaria; gracias, juez, por esta inesperada cena.
    La última.
    Al alba, todo habría terminado.

  41. Federico Correa Gil de Biedma

    POR SIEMPRE

    Cada aniversario a la misma hora, en el mismo restaurante, La Gilda.
    La misma mesa con vistas al jardín, los mismos comensales.
    Ella, con el mismo vestido de siempre, y un zapato cómodo, como le gusta añadir. Pide lo de siempre, como si sus espaciadas visitas pudieran ser recordadas. Mientras aguarda la llegada de los entrantes su mirada escapa por la ventana, saltando de flor en flor.
    Él, se asoma dichoso entre las oscuras nubes. Lleva más de cuarenta años esperándola.
    Sus miradas se cruzan.
    Sonríen.
    Ya queda menos.

  42. Belén Sáenz

    CRECER
    Sobresalen de la caperucita las trenzas deshechas, además de esos ojos, esas orejas, esos dientes tan grandes que ahora tiene. El leñador, con la sopa aún sin probar, contempla fascinado cómo las vísceras sangrantes de abuelita, que la muchacha ha pedido como plato único, tiñen sus ropas de aldeana con un carmesí sorprendente. Esta carísima invitación a cenar bien vale el desenlace que promete la noche, piensa excitado cuando salen del restaurante enlazados por la cintura. Desde la espesura del bosque, Feroz aúlla orgulloso a la luna roja para anunciar la caza del nuevo miembro de su manada.

  43. Laly

    Bocados de tiempo

    Sebas mira con devoción la mesa y se santigua ‒Buena cosecha, ésta‒.

    Josefa reprende a los jocosos nietos ‒ ¡Qué haréis vosotros de viejos!

    Cómo explicarles que en ese cocido duermen inviernos, veranos, rocíos y cansancios. Que lleva dentro griterío de matanza, calor de cuadra y fuego lento. El pan esconde soles, quejidos de hoz y trillo, madera de artesa, mandil de madre y viento. Allí hay sombra de huerto, algarabía de gallinero, silencio de bodega y tiempo… mucho tiempo.

    Cómo explicarles que cada bocado es sagrado… es un bocado de tiempo.

    Por eso Sebas, se santigua y guarda silencio.

  44. DEMORAS
    Era nuestra primera cita y llegué con una hora de retraso. Kathy, espléndida, ya estaba sentada en el restaurante. No pareció molesta ni ofendida. Le presenté mil excusas, a cual más burda e increíble, que ella escuchó sin perder la sonrisa. Me flagelé pidiendo los platos más caros y los mejores vinos, sin dejar de disculparme por la tardanza. Ya en los postres, Kathy me dijo:
    –No insistas más, Carlos, no te preocupes, no tiene importancia. El amigo que nos presentó ayer te diría que cobro por horas.

  45. NUNCA ES TARDE
    Acababan de servirme la ensalada cuando le vi entrar en el restaurante y dirigirse a mi mesa.
    -Disculpa el retraso, no encontraba aparcamiento.
    La lechuga que tenía en la boca me impidió hablar.
    -Has hecho bien en empezar. ¿No te habrás convertido en vegetariana, verdad?
    Entre sonrisas, antes de que pudiera contestarle, llamaba al camarero y decía:
    -Quiero lo mismo que ella.
    No pude evitar sonreír.
    -Estás estupenda, oye. Se nota que te cuidas.
    -Gracias –acerté a decir.
    -¿Y a mí, me notas el gimnasio?
    Yo asentí. Él llenó las copas.
    No supe su nombre hasta la segunda cita.

  46. Impermeables
    Sentados a la mesa de tu restaurante preferido, te cojo la mano. Tú echas furtivas miradas hacia el artilugio negro, junto a la servilleta. Necesitas comprobar si titila, si la vibración ha sido imaginada o real. Sabes que odio que estés pendiente del móvil.
    Apago el mío y lo dejo caer dentro de la jarra de agua. Me miras con ojos desorbitados.
    — ¿Es sumergible?
    Niego con la cabeza. Cuando cojo el tuyo te incorporas de un salto. La batalla termina con tu teléfono sumergido junto con nuestro futuro, y la caja del anillo en el contenedor de la esquina.

  47. CUENTO MODERNO

    La chica de rojo y su amante velludo se devoraban en una mesa del restaurante.
    —Estás como un queso
    —Y tú para mojar pan.
    —¡Qué ojos almendrados tienes!
    —¡Para que me engullas con la mirada!
    —¡Qué boca de fresa tienes!
    —Para que me comas mejor.
    En eso llegó el novio de la muchacha con unas perdices que había cazado para el restaurante. Al ver a su chica tan acaramelada con otro, le hincó el diente a la cocinera, que tras años en ayunas, tenía incluso más ganas que su nieta de que alguien se la zampara.

  48. PARROQUIANOS
    Se presentó en el restaurante un día de Corpus Christi, a la hora de comer, hace ya tres años. Desde entonces, no ha faltado al almuerzo ningún jueves. Se sienta en la mesa del rincón y espera serenamente nervioso a que le sirvan. Es un oxímoron sencillo, contradictorio pero coherente, siempre con hambre hastiada. Durante el café, suele entablar conversación con los clientes. Es capaz de defender una opinión y la contraria. Al mismo tiempo. Después de tanto trato y relación, a todos nos resulta agradable. Y repulsivo. A la vez.

    EdH2019

  49. Manuela

    EL ESPEJO
    Mi mujer,ordenó colocar un espejo al final del restaurante.Buscaba profundidad.
    El hombre de la segunda mesa, paseó la mirada por la reforma,se topó conmigo, vio en mi luna su semblante de alcohólico. Salió sin pagar.
    El de la cuarta mesa, cuando me vio ensayó galanterías. Se fue plantando a su cita cuando en mi luna vio a su mujer.
    La dueña del local, no encontró perspectiva, en mi reflejo vio su funeral.
    Mi mujer, indecisa como siempre, no tardó en retirar el espejo.
    El negocio prosperó con la reforma.
    Mi mujer murió al mes de la reinauguración.

  50. Paqui, la portera

    «Que se joroben las del edificio que esta que viste y calza no piensa irse de la mui. Menos mal que fui yo, y no la Loren, la que sencontró a la Marce saliendo de la clínica. De esto ni mu, ¿eh?, me dijo después, no quiero que sentere todo el barrio… ¿PERDONA?, ¡yo soy una tumba!, qué limporta a nadie si sa puesto la 90 o la 100, quién lapreñao a su María, o por qué su marido últimamente no duerme en casa… ¡El camarero con los churros, qué pinta tienen, al ataque chicas que senfrían!».

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