21. Tremens
La luz de la bombilla del techo filtrándose entre sus párpados y el frío de las baldosas pegado a sus huesos le hacen suponer que, otra vez, se halla tendido en el suelo.
Agita los dedos entumecidos de una mano, se frota las legañas, pestañea. Recorre con la lengua la boca y reconoce el sabor de siempre: a tabaco rancio, a vómito de ginebra, a aguarrás. No le resulta extraño, a veces da un trago al frasco equivocado. Del gusto metálico a sangre y los dientes rotos deduce que, esta vez, ha caído de frente.
Percibe entonces algo nuevo, un cosquilleo que va del tobillo a la nariz. Al llegar a los ojos, distingue una hilera de hormigas que se cuelan por los lagrimales y desaparecen dentro, rumbo al cerebro. Ahí escarban, trituran y arrancan tejido, después emprenden el camino inverso.
Mientras los insectos mordisquean sus últimas neuronas, eleva la vista al caballete. Allí, un vendaval agita las ramas retorcidas de un sauce que recorta el ocaso como un espectro. Concentra su mirada en una grieta del tronco y una mueca de espanto deforma su rostro al divisar la marabunta de hormigas entrando y saliendo, alborotadas por tanto alimento.


La imaginación es un arma poderosa que, bien dirigida, tiene potenciales efectos benéficos. Dicen que nada grande se ha hecho sin que alguien no lo haya imaginado antes. Pero toda arma tiene también el peligro de un uso o derivación perversa, en este caso, mostrar lo que en verdad no existe, pero no es inocuo, porque aterroriza, paraliza y condiciona.
Un relato inquietante, que muestra que nuestro peor enemigo podemos ser nosotros mismos.
Un abrazo y suerte, Susana
Muy bueno, Susana, mucha suerte.
Saludos.
¡Ay, Susana! Me has agotado mi repertorio de piropos. Este texto, además, no he necesitado descubrir el nombre del autor para saber que era tuyo. Lugo, al verlo, he dicho: ¡La madre que la parió!
El delírium tremens es eso, “ver hormigas”. Lo has contado estupendamente. Una persona totalmente perdida a consecuencia de una devastadora adicción. He atendido a algunas que han pasado por ahí.
Se ve, se huele, estremece (esa hilera de hormigas entrando por los lagrimales)… qué gran trabajo, Susana.
A ver, maestra. A medida que leía tu relato me empezaron a picar los ojos.
Entré en pánico.
La descripción que haces estrenecen todos mis nervios.
Qué horror.
Qué grande eres maestra
Qué pasada, Susana. Eso es un ejemplo de porqué está tan caro entrar en el recopilatorio anual.
Por cierto, he buscado el cuadro que describes y no estoy segura de si se trata de Munch, o quizás de Van Gogh, aunque Picasso también usaba las hormigas como símbolo de podredumbre.
Un abrazo y suerte.
Hola , Susana:
Unas descripciones tan claras hacen que la imaginación se dispare y que el texto se sienta.
Gran delirio
Aunque la descripción de las hormigas entrando en él y devorándole el cerebro es inquietante a mí lo que más me ha gustado es la idea y la imagen de las hormigas saliendo del cuadro. Muy original .
Un abrazo
Genial el relato, lo que cuentas y cómo lo cuentas. Mis aplausos!
En tu texto, yo veo a Dalí (será porque es mi primer referente al pensar en hormigas saliendo de lugares inverosímiles en sus cuadros).
Un beso, preciosa.
Carme.