22. ARLETTE (Miguel Ángel Jiménez)
La suerte de asomarse a un agujero mágico, donde el espacio y el tiempo se funden; donde puedes ver sin ser visto; de ver lo auténtico, sin engaños ni poses prefabricadas. Es una posición de poder.
También hay mirillas mágicas que no solamente ven las formas, sino que además ven tus pensamientos. Tus secretos inconfesables. Además, pueden escarbar en tu memoria y descifrarla.
El día que conseguí tener en mi poder esta mirilla mágica me sentí poderoso. Busqué a Arlette, mujer de la que siempre estuve enamorado y a la que nunca se lo dije por temor a su rechazo.
El día que la encuentre miraré dentro de sus pensamientos para descubrir caminos que me acerquen a ella, con cautela, en silencio, con delicadeza y siempre en guardia para que ella no descubra jamás mis secretos, mi parte oscura, mis crímenes ocultos, pues fui yo quien mató a su marido el día de su boda.
Oigo susurrar mi nombre. Me vuelvo y veo a Arlette sonriente mirándome detrás de unas gafas de sol a la moda. Observo que ha conseguido una mirilla mágica de última generación. Su sonrisa me heló el alma. Sonó un disparo. Yo fundí a negro.


Hola, Miguel Ángel. Si tuviera que resumir el micro usando un refrán, sería éste: «La venganza es un plato que se sirve frío», y en este caso, también a quemarropa, aunque la combinación de ambas cosas suene contradictoria… Esas mirillas mágicas provocan fascinación y espanto a partes iguales; qué bueno que existan sólo en la ficción de tu micro (y ojalá que nunca lo hagan en la realidad).
Una chica de armas tomar esta Arlette, y con sobrados motivos…
Muy bueno, me gustó.
Un beso,
Mariángeles
Tu protagonista muere porbñ falta de imaginación, o al menos por no acertar con la fantasía adecuada, por dar por hecho que eliminando al marido, ella se r3ndiría a sus pies. También es cierto que para asegurarse compró esa mirilla, sin caer en que siempre termina habiendo una tecnología superior.
Un saludo y suerte, Miguel Ángel
Gran contraste entre la delicadeza poética del inicio y ese giro final tan magistral y oscuro. Muy bueno, Miguel Ángel
Hala, Miguel Ángel, qué bien empieza la historia, tan imaginativa con ese invento, y qué mal acaba para todos los implicados. Con razón, por otra parte. Me encanta la frase final.
Un besazo.
Gracias a Mariángeles, Ángel, Sergio y Ana María por vuestros comentarios.
Muchos besos y abrazos para todas.
El agujero mágico del principio se convirtió en negro al final, Y por el camino, nos has regalado unas mirillas por las que ir viendo tu estupendo relato.
Muchas gracias, Edita.
Los agujeros mágicos lo mejor que tienen es que no existen.
Así no nos roban nuestra intimidad. Sería horrible.
Lo único que es nuestro.
Un abrazo y gracias por tu comentario.
Buenas historia la de ese cazador cazado. El pobre no sabía que no se puede forzar al amor. Y menos, matando a la competencia el día de su boda, ¡hasta ahí podíamos llegar!
Desde luego, Arlette es un mujer de armas tomar.
Un abrazo y suerte.
Gracias Rosalía. El amor no se puede forzar y la intimidad no se puede vulnerar.
Gracias por tu comentario.
Un abrazo Rosalía
Por esa mirilla se ve lo oscuro y se nos va la luz. Muy sofisticada esa misteriosa Arlette.
Hola;
Un buen giro con este texto.
Imaginó e imaginó, pero jamás pudo vender la piel del oso . Fué antes cazado.
Agudo el contraste entre fantasía inicial y oscuridad final.
Gracias JM y Hugo por leerme y comentar. Un abrazo
Arlette, un nombre potente y cargado de fuerza, como ella que fue rápida y lista. No sé dónde leí que a la mirilla se le llama ‘judas’ por el tema de la traición de ver sin ser visto. Me ha encantado tu relato, Miguel Ángel, ¿te imaginas que existiesen esas mirillas mágicas? Uih, qué peligro
¡Abrazo!
Gracias Aurora por tu comentario.
Sería horrible.
La intimidad es lo último que nos queda como espacio de libertad.
Ahora empiezo a dudar ya si existen o no esas mirillas.
Qué miedo
Un abrazo