Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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23. Pareidolias (Gabriel Martín)

La de arriba a la izquierda parece un dragón con las alas extendidas. Debajo, una bruja monta en su escoba. No me canso de mirarlas.

Siempre ha sido así. De niño, mientras los demás jugaban, indiferentes a la belleza que los sobrevolaba, yo encontraba mi refugio entre las nubes. Fascinado, escrutaba incansable sus caprichosas formas hasta que me era revelada la imagen que escondían.

Muy pronto, el cielo no fue suficiente. Apliqué la misma mirada a las manchas de humedad, a los charcos, a los rostros que se adivinaban en los enchufes. La primera vez que me afeité, una medusa roja me observó un instante desde la cerámica blanca del lavabo, antes de escurrirse por el desagüe. Extasiado, casi hipnotizado, no me importó la herida en la mejilla.

He aprendido mucho desde entonces. Se nota en la última pieza, la del dragón y la bruja. Es magnífica. Podría pasarme horas delante. Hay tanto que descubrir, tanto que imaginar. El ángulo del corte, justo en la base de la carótida, ha obrado maravillas en la sábana. El conjunto que formará con las otras quince es extraordinario. Aparto el cuerpo y la doblo con cuidado. Aún no está seca del todo.

15 Responses

  1. ¡Madre mía, Gabriel! Con lo suave que empieza la historia, un niño imaginando las formas de las nubes o de los charcos (me encantan los charcos), hasta que se descubre su perversa afición oculta. Estupendo desarrollo y magnífico hachazo final.
    Besotes.

  2. Ángel Saiz Mora

    Nada más imaginativo que aventurar formas en las nubes, para extender luego esa afición de conformar figuras a otros soportes; nada más perverso que propiciar manchas en sábanas con con la sangre de otro, sin respeto por la vida, convirtiendo una afición creativa e inocente en la práctica más atroz.
    Un abrazo y suerte, Gabriel.

    1. Muchas gracias, Ángel. En efecto, es como comentas.

      Siempre solemos definir la imaginación como algo positivo en sí mismo. No siempre tiene por qué ser así. El mal puede ser muy «imaginativo».

      Una fuerte abrazo.

  3. Rosa Gómez Gómez

    Además de haberme descubierto una nueva palabra, me has dejado “de pareidolia”. Lo que parecía un juego casi de niños, deriva al final en una tremenda escabechina protagonizada por este poético y macabro asesino.

    1. Gracias por la lectura y el comentario, Rosa. Te voy a ser sincero: yo también la he descubierto hace poco, visitando unas cuevas en las que el guía que se empeñaba en mostrarnos formas y rostros en las estalactitas… aquí hay relato, me dije.

    1. jajajajja ¡¡¡Gracias, Marco!!! Tú también matas siempre de maravilla. ¿Te has fijado que no se dice de qué o quién es el cuerpo que aparta? Esperemos que no sea un gato.

      Un abrazo

      1. Marco Sánchez-Vallejo

        Más te vale jajajaja Me gusta mucho como giras hacia la oscuridad «Muy pronto, el cielo no fue suficiente.» y después la medusa roja. Muy chulo Gabriel.

  4. Rosalía Guerrero

    Tremendo giro final: a partir de la medusa roja ya vi que la historia iba a tomar otros derroteros, pero no sospechaba que el dragón y la bruja iban a dejar se ser color blanco nube para convertirse en rojo sangre.
    Por cierto, me encantan las pareidolias, te asaltan en los sitios más insospechados.
    Un abrazo y suerte.

    1. Hola, Rosalia.

      Sí!!! La medusa se escurre por el lavabo ahí para que el giro final no sea de 360 grados, que es mucho giro.

      A mí también me gustan mucho, ando siempre a la caza y captura.

      Gracias por la lectura y por el comentario.

  5. Hugo Gonzalez Quintana

    ¿ El protagonista no se llamará Hermann y de apellido Rorschach?

    Menudo cuadro ha quedado.
    Un giro que me dejó alucinando.
    Preciso , metódico y para admirar. Me refiero a tu texto, no al
    Protagonista

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