24. Migrar
La mujer del cuadro movió los ojos de un lado a otro modificando levemente su expresión de aburrimiento. Alzó un poco el cuello y pudo constatar que ya nadie se ocupaba de nada. Desentumeciéndose, decidió salir.
Le sorprendió el impacto del aire acondicionado sobre la piel, y ésta, reaccionó del mismo modo que reaccionan las pieles cuando se sienten agredidas: arrugándose.
Nada volvería a ser igual, estaba segura de ello, pero no pudo evitar acercarse al ventanal y contemplar los cambios de la ciudad en esos, _calculaba_, doscientos años. Imaginaba rupturas, destrozos, murales, incendios…
Para su sorpresa, todo permanecía igual.
Podría ser que no había salido de un cuadro sino que se había metido en otro.
Esperaba tener más suerte esta vez.


Fantasear con la posibilidad de introducirse en la escena o pisaje de un cuadro puede que lo hayamos pensado alguna vez; que sea el personaje de una pintura quien salga o entre es aún más imaginativo. Habría que ver la cara que se les queda a quienes conocen esa pintura y un día ven que ha desaparecido su elemento principal.
Un abrazo y suerte, Susana
Muy original e imaginativa esa migración entre cuadros.
Susana, me gusta mucho la idea del personaje saliendo de su cuadro y asomándose a la ventana, o metiéndose en otro.
Si decides alargar la historia me gustaría mucho leerla.
Un abrazo y suerte.
Nadie asegura que los cambios sean para mejor.
Una bonita e imaginativa historia, Susana.
Me ha gustado mucho.
Como si fuera un trampantojo. Qué curiosa, y a la vez peligrosa, idea. Si sale al siglo XX y se encuentra un atasco kilométrico en hora punta, seguro que se vuelve dentro de su marco. Más vale el aburrimiento a veces.
suerte ♣