27. Sobre el agua flota una flor (Elena Bethencourt)
A veces, las imágenes que se graban en la retina no son solo recuerdos: son —como su raíz léxica sugiere— máquinas de imaginar. Lo sé porque, cuando mi madre llora, parece que esa imagen se le desprende de los ojos y dibuja otra realidad.
Las lágrimas le resbalan por las mejillas y forman arroyuelos que corren por su cintura y desembocan en un río que atraviesa bosques, campos y pueblos. En sus riberas crecen helechos, pinos y secuoyas que dan cobijo a ruiseñores que cantan “Al pasar la barca, me dijo el barquero”.
En la barca, siempre con el mismo peto verde y blusa rosa, va mi hermana, que mira embelesada la danza de las mariposas sobre verdolagas amarillas.
Mi madre la contempla unos minutos. Como la ve entretenida, aprovecha para bajar de nuevo por la orilla de su río imaginario. Mientras avanza, construye diques y presas, abre zanjas laterales, coloca compuertas… Por último, drena las acequias para asegurarse de que, esta vez, el agua no llena el estanque de riego de mi abuelo Ramón.
No advierte, sin embargo, que —en cada uno de sus intentos desesperados— desvía el cauce hacia el barranco donde, desde aquel día, me encuentro yo.


Tan hermoso y metafórico que no sé si alcanzo a comprenderlo en su máximo esplendor. Me aventuro. Una madre llora desconsolada la muerte de una hija muerta ahogada en un estanque. En su desesperación, no consigue olvidarse de su niña muerta, imaginando desandar el tiempo para evitar la desgracia, sin acordarse de atender a su otra hija viva (o hijo).
Así es, más o menos como lo cuentas.
Está basado en un recuerdo de mi propia infancia, un suceso que pasó en mi pueblo, del que aunque escribiera mil páginas y de mil formas diferentes, nunca conseguiría olvidar.
Gracias por leer y comentar.
Uff, Elena. Vaya maravilla. Tan hermoso como desolador.
La última frase es un mazazo en toda regla.
Enhorabuena.
Gracias, Gabriel. Muy amable. Sí, así es la vida, hay historias dentro de las historias.
Sin palabras me has dejado, Elena. Precioso.
Gracias, Ana María, que a ti te parezca precioso es un gran cumplido para mí.
Elena, las historias más terribles se convierten en poesía al pasar por tus manos. Gran derroche de imaginación.
Un abrazo y suerte.
Lo triste puede ser bello. Gracias por leer, Rosalía.
Al perder a una persona muy querida, es lógico que todo se tambalee. Puede que haya quien intente componer lo imposible, lo que ya no podrá ser, en detrimento de quien sí que está y necesita atención. O puede que haya quien se vuelque en lo que le queda, que no es el caso de tu protagonista. El lenguaje marino o el medio del agua en general, es poesía cuando pasa bajo el prisma de tus sentidas historias.
Un abrazo y suerte, Elena
Sí, es muy difícil hacerlo todo bien y a veces ni te das cuenta de lo que no cuidas como deberías.
Gracias por tus palabras, Ángel y por tus valiosos comentarios. ❤️
Te ha salido un texto poético y lleno de dramatismo existencial. El título , no acierto a interpretarlos.
El título es una metáfora. Cuenta lo ocurrido sin contarlo. Es la imagen que ha quedado en la retina de la madre. Todo apunta a eso, también la vestimenta de la niña: peto verde, blusa rosa, pero no te cuento por si quieres sacar tu propia conclusión. 🥰
Si, es suficiente. Entiendo la metáfora.
Gracias.
Gracias 🙂
Conmovedora la forma tan magistral, sutil y dolorosa de narrar una ausencia. Logras transformar el llanto y el duelo en un paisaje vivo, donde cada lágrima construye un refugio para el recuerdo. Y ese giro final en el barranco solo confirma la sensibiidad con la que hilas la realidad y la imaginación. Bellísimo, as usual. Enhorabuena, Elena.
Gracias, compi. Tristemente, la realidad de esta tragedia superó con creces la ficción que yo te cuento. Gracias por leer 🙂
Elena, tu texto es para leerlo y releerlo y releerlo.
Precioso
Ay, muchas gracias, Hugo.
La lluvia como las lágrimas pueden ser devastadoras. La lluvia porque arrasa con todo lo que se pone a su paso y no se puede domesticar cuando enseña su poder. El llanto por el dolor también nos arrasa cuando por su intensidad nos desconecta del mundo real e inmersos en el no vemos, ni oímos solo nos ahogamos .
Un relato poético, triste y metafórico.
Un abrazo
El llanto también puede ser reparador. Igual nos vendría bien una buena llorera de vez en cuando, sin motivo, por desahogarnos nomás. Justo lo contrario de lo que pasa en mi relato. Da para pensar por qué el llanto, que es agua, desahoga 🙂