33. El gato negro del vecino
Cuando va a salir de casa las dudas le invaden y su corazón se desboca pero, tras unos instantes, las sesiones de terapia dan su fruto y consigue recomponerse. Sabe que la única forma de dejar atrás las supersticiones es exponerse, así que suspira, cierra la puerta y se marcha, repitiéndose que no necesita llevar ningún amuleto ni ejecutar ningún ritual.
Horas más tarde sale de la audición con el papel protagonista. Se siente tan confiado que se sube al hasta ahora prohibido autobús número trece, ahorrándose así un par de trasbordos. Cuando llega a su barrio en menos de media hora y sin el menor percance, la valentía se apodera de él y decide que hoy por fin se mirará en el espejo roto del portal.
Pero ni siquiera llegará a entrar porque el gran Zeus, cansado de sus constantes miradas de terror, le espera en el alféizar sentado junto a una pesada maceta de piedra.


No puede ser que el gran Zeus le tire la maceta. Espero que el hombre ate cabos. Aquí no entra en juego la superstición, sino la probabilidad de que el minino tenga mala leche.
Creo que está sentenciado.
Rosa, sí, me temo que está sentenciado, o al menos esa era mi cruel intención, aunque quizás no haya quedado demasiado claro. Un abrazo y gracias por comentar!
Dicen que el mundo es de los valientes y que el miedo paraliza, pero también guarda la vida. Tu protagonista, de haber perdurado en sus temores, no habría tenido un desenlace fatal.
Un relato sobre el juego de equilibrios en el que nos movemos, como si estuviésemos pendientes de un hilo que siempre puede quebrarse. Original propuesta, Sara
Un abrazo y suerte
Ángel, muchas gracias, recibo todos los comentarios con ilusión pero los tuyos, siempre tan certeros y reflexivos, con más ilusión aún. Un fuerte abrazo de vuelta
Vaya, la pobre tuvo tan mala suerte que ni siquiera podrá echarles en cara a los que seguramente le criticarían por sus miedos o supersticiones que ella tenía razón. Muy original.
Muchas gracias Edita, me alegra que te resulte original! Un abrazo y gracias por comentar 🙂
Me encantan los finales abruptos y sorpresivos. Enhorabuena!
A mí también me encanta que los finales me sorprendan, si lo he conseguido me doy por más que satisfecha. Muchas gracias por comentar!
La profecia que se autocumple.
La venganza de Zeus.
Suerte y saludos
Gracias Sonsoles, un abrazo!
¡Pobre tipo! Ahora que recién está superando su toc supersticioso, va a ir a parar al otro mundo gracias al gato negro de vecino… Una tocadita con su patita negra, y listo. Hace falta tanto y tan poco como eso para que de golpe y porrazo le cambien a uno las circunstancias vitales, y no precisamente para bien…;)
(Entre nos, yo no soy supersticiosa y sí tengo un gato negro. No se llama Zeus, pero igual es divino, se llama Haiku, jaja).
Muy bueno, Sara, me encantó.
Un beso,
Mariángeles
Querida Mariángeles, yo tuve gato durante casi 20 años, se llamaba Wally. Todos los gatos son preciosos, sean negros, blancos, bicolor, tricolor, ¡me flipan! Disfruta muuuuucho de tu michi
Un abrazo!
Tremendo cabronazo el tal Zeus, con un nombre muy bien elegid. Vaya manera de cortar el rollo a tu prota cuando al fin ha encontrado el coraje para vencer a sus miedos.
Un abrazo y suerte.
Gracias Rosalía! sí, parece que este Zeus es tan vengativo y colérico como el dios griego. Un abrazo!