40. ITINERANTES
Nuestra familia no encuentra su sitio. El rechazo de cuantos nos rodean nos aísla y vamos de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad con la esperanza de hallar un lugar en el que asentarnos. Pero en todas partes nos hacen el vacío.
Puede que sea por las nubes que tapan la cabeza de papá o por los pájaros que revolotean alrededor de la de mi hermano. Tal vez les impresione el aspecto de Julieta, mi hermana, que aún lleva en el pecho la flecha que le lanzó Cupido la pasada primavera. Mamá se esfuerza, sin éxito, en ocultar su corazón que, de tan enorme, se le ha salido del pecho, y me pide, sin mucho convencimiento, que deje de leer en plena calle para evitar que los personajes de mis novelas, demasiado ruidosos, asusten a cuantos se cruzan con nosotros.
Sin embargo, estamos esperanzados, acabamos de llegar a un nuevo territorio y nada más llegar nos hemos cruzado con un tipo con cola de cerdo que nos ha saludado con naturalidad y ha seguido su camino sin volverse a mirarnos de nuevo.


Muy imaginativo tu texto, con expresiones e imágenes potentes. Final significativo que hace pensar.
Gracias, Edita!
En un mundo lleno de realismo, los imaginativos no son bien comprendidos ni aceptados. Necesitan convivir con personajes de fantasía para no vivir marginados. Puede que al final lo hayan conseguido, puede que ese tipo con cola de cerdo sea del Macondo de «Cien años de soledad»; en todo caso,han encontrado su lugar.
Imaginativa historia, Yolanda.
Un abrazo y suerte
Ya sabía yo que a ti no te iba a pasar desapercibido mi guiño a Macondo, estaba esperando tu siempre valioso comentario.
Un abrazo, Ángel.
Los diferentes siempre llaman la atención. Pero el rechazo es lo peor. Tus curiosos personajes no hacen daño a nadie, pero la gente se empeña en apartarlos.
Ojalá que hayan llegado al sitio adecuado!
Sí, creo que ese destino será por fin el que buscaban.
Gracias, Rosa.
Muy logradas las imagenes del padre preocupado con la nube que le sigue allá donde vaya, el hermano con los pajaritos en su mundo, la hermana enamorada como buena adolescente y la madre con un corazón que se le sale de lo cariñosa que me imagino debe de ser. Me ha encantado tu imaginación desbordante.
Muchas gracias por tu comentario, Liliana.
Un saludo.
Oh, Yolanda, qué bien has reflejado las personalidades de esa familia tan imaginativa. Por cierto, el vecino con el que se cruzan, ¿es Aureliano, el último de los Buendía? Si es así, ademas de un micro imaginativo has hecho un homenaje precioso.
Un abrazo y suerte.
Jeje sí, están en Macondo, me alegra que lo hayas captado.
Un abrazo.
Fantásticos personajes a través de los cuales nos hablas de dos aspectos para reflexionar: el miedo y el rechazo al extraño por una parte, y la felicidad de encontrar tu lugar en el mundo. En realidad, todos somos itinerantes. ¡Qué título más bien escogido!
Mucha suerte, y un abrazo, Yolanda.
Un poco si que lo somos. Todos.
Un abrazo,Rafa.
No he captado la referencia a Macondo, debe de ser que hace ya muchos años que leí la novela (algo menos de 100, eso sí…). En cualquier caso, las imágenes son potentes y el micro tiene su mensaje. Me alegra encontrarte por aquí, a ver si nos vemos en lo terrenal más pronto que tarde. Un abrazo.
Jajaja hombre menos de 100 años seguro.
Pues, Antonio, no sabía donde encajaría esta peculiar familia y pensé que un lugar tan mágico como Macondo sería bueno para ellos.
Al margen de la referencia, tu texto a la par que imaginativo y poético tiene un trasfondo de crítica social. ¿Qué más se puede pedir a un texto? En un mundo que cada vez rechaza más al diferente, al extranjero en definitiva al otro es pertinente ponerlo en evidencia aunque sea a través de realismo mágico.
Un abrazo
Pues sí, Gema. Lo diferente no suele tener buena acogida.
Muchas gracias por leer y comentar.
Hola;
Que interesantes imágenes despierta este texto. No pude evitar imaginar a la pobre con la flecha, el padre con la nube…. Una familia a la que deseo lo mejor.
Un texto ameno y con poso que deja pensando.
Mucha suerte y un abrazo
Muchas gracias por leer y comentar, Hugo.
Un abrazo