Papiroflexia
Con la velocidad y la precisión de experimentadas origamistas confeccionan simpáticas capibaras con los billetes de cien euros, elaboran majestuosos elefantes con los de doscientos, y reservan para sus populares grullas los cada día más excepcionales de quinientos. Transcurridos unos minutos, y con el público entregado y sin haber recibido una sola queja —ni siquiera por parte de los empleados—, guardan las figuritas en sus bolsos y se largan entre aplausos alertadas por los persistentes pitidos de la alarma de un reloj. Probablemente su historia termine ocupando un espacio breve en la sección de sucesos de algún periódico local, aunque no será así para los vecinos del pueblo que acudieron esa mañana a la sucursal de la Caja Rural: ellos podrán contar a sus nietos que se encontraron con las atracadoras de bancos más imaginativas jamás conocidas.


Loa ladrones/as de guante blanco se caracterizan por su habilidad y estilo, lejos de crudeza en las formas y chabacanería. Las de tu relato, además, le echan mucha imaginación, dotándoles de un halo superior al de ladronas o rateras, equiparándolas con populares bandoleras.
Un relato que demuestra que hasta acciones reprobables, si se recubren de creatividad, originalidad y encanto, pueden resultar hasta casi respetables.
Un saludo y suerte, tocayo