39. Papiroflexia
Con la velocidad y la precisión de experimentadas origamistas confeccionan simpáticas capibaras con los billetes de cien euros, elaboran majestuosos elefantes con los de doscientos, y reservan para sus populares grullas los cada día más excepcionales de quinientos. Transcurridos unos minutos, y con el público entregado y sin haber recibido una sola queja —ni siquiera por parte de los empleados—, guardan las figuritas en sus bolsos y se largan entre aplausos alertadas por los persistentes pitidos de la alarma de un reloj. Probablemente su historia termine ocupando un espacio breve en la sección de sucesos de algún periódico local, aunque no será así para los vecinos del pueblo que acudieron esa mañana a la sucursal de la Caja Rural: ellos podrán contar a sus nietos que se encontraron con las atracadoras de bancos más imaginativas jamás conocidas.


Loa ladrones/as de guante blanco se caracterizan por su habilidad y estilo, lejos de crudeza en las formas y chabacanería. Las de tu relato, además, le echan mucha imaginación, dotándoles de un halo superior al de ladronas o rateras, equiparándolas con populares bandoleras.
Un relato que demuestra que hasta acciones reprobables, si se recubren de creatividad, originalidad y encanto, pueden resultar hasta casi respetables.
Un saludo y suerte, tocayo
Muchas gracias, tocayo, siempre tan acertado con tus comentarios.
Ja ja ja. Las atracadoras eran imaginativas, pero más lo es su creador.
Gracias por el halago, la verdad es que a mí también me hizo gracia. 😉
Simpático, tu relato. Y muy lucrativo!
Gracias por el comentario, mis intereses son menos ambiciosos que los de las protagonistas, sin duda. 🙂
Un atraco con entretenimiento incluido, así parece que duela menos que te estén robando delante de tus narices. Muy divertido y original, Ángel.
Gracias Liliana, me alegra tu apreciación.
A ver, solo por disfrutar de su destreza con el origami y contar la batallita a los nietos vale la pena dejarse robar. Y es que, hasta para delinquir es buena a imaginación.
Un abrazo y suerte.
Gracias, ¡la imaginación al poder!, otro abrazo.
Así da gusto que te roben… ¡Éxito!
Gracias, aunque robar esté feo… 😀
Si cualquier papelito es una buena excusa para los que somos origamistas, bien me puedo imaginar lo que son esos billetes para esas ladronas de motricidad tan fina… ¡Y vaya si supieron verle el filón a un hobby en apariencia tan lúdico e inocente!
Si imaginación no les faltó para robar el banco, supongo que tampoco les falta la plancha para alisar tanto billete… 😉
Muy bueno, Ángel, me encantó.
Un beso grande,
Mariángeles
Hola Mariángeles (casi tocaya también), muchas gracias por el comentario. Te daría con gusto una de las grullas de las protagonistas, pero tendrás que conformarte con otro beso grande 😉
Jajajaja, no me importaría nada tener una de esas grullas en mi salón, solo con motivos decorativos. Un relato muy ingenioso.
Un saludo
Gracias Gema, siendo solo con motivo decorativo, tampoco me importaría tener muchas… 😀
Hola Angel; ¿ En qué pueblo dices que era? Me apetece tener un par de grullas a ver si crían. Muy divertido tu relato.
Hola Hugo 😀
Muchas gracias!
Pues mira, sí, puestos a que te roben, por lo menos que lo hagan con creatividad. Al de los 500 euros le ha salido caro el taller de papiroflexia, pero bueno, peor hubiera sido una pistola en la nuca, ¿no? Espero que tengas mucha suerte. Un fuerte abrazo, Ángel.
Otro abrazo, Aurora.
Gracias por tus deseos.