Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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Vida contemplativa (Juana María Igarreta)

En el convento del Gran Silencio es la hora del recreo comunitario. Las religiosas pasean con desenfado por el claustro, mientras la madre abadesa las sigue a unos metros de distancia. Intenta reprimir los sucesivos conatos de risa que la asaltan, amenazando romper la severidad de su rostro; son fruto del devaneo de sus pensamientos, más ocupados en lo mundano que en lo excelso. Juega a despojar a las hermanas de sus nombres religiosos, rebautizándolas en la pila de su imaginación: “A sor Tija el nombre le viene como anillo al dedo, pues lleva con mucho orgullo su alianza con Dios. La acompaña sor Teo, que concibe la vida como una tómbola en la que ha sido agraciada con el regalo de la fe. Detrás puede verse a sor Tilegio; se rumorea que aún guarda, oculta entre sus escasas pertenencias, la última bola de cristal. Es íntima de sor Bona, a la que todas envidian por su rico bagaje cultural”.

De pronto, la madre abadesa tropieza y cae. Una de las postulantes corre en su auxilio.

Sintiéndose cautiva de un inesperado embeleso entre los brazos de la joven, la madre abadesa exclama: “ Tú serás sor Prendente”.

2 Responses

  1. Me parece que la señora abadesa ni se imaginaba la revelación que tendría… Un tropezón no es caída, ¿o sí? Por lo que leo, yo imagino que sí, jaja…

    Muy buena y picaresca esta historia de vida contemplativa, Juana, me gustó.

    Un beso grande,
    Mariángeles

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