Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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38. Vida contemplativa (Juana María Igarreta)

En el convento del Gran Silencio es la hora del recreo comunitario. Las religiosas pasean con desenfado por el claustro, mientras la madre abadesa las sigue a unos metros de distancia. Intenta reprimir los sucesivos conatos de risa que la asaltan, amenazando romper la severidad de su rostro; son fruto del devaneo de sus pensamientos, más ocupados en lo mundano que en lo excelso. Juega a despojar a las hermanas de sus nombres religiosos, rebautizándolas en la pila de su imaginación: “A sor Tija el nombre le viene como anillo al dedo, pues lleva con mucho orgullo su alianza con Dios. La acompaña sor Teo, que concibe la vida como una tómbola en la que ha sido agraciada con el regalo de la fe. Detrás puede verse a sor Tilegio; se rumorea que aún guarda, oculta entre sus escasas pertenencias, la última bola de cristal. Es íntima de sor Bona, a la que todas envidian por su rico bagaje cultural”.

De pronto, la madre abadesa tropieza y cae. Una de las postulantes corre en su auxilio.

Sintiéndose cautiva de un inesperado embeleso entre los brazos de la joven, la madre abadesa exclama: “ Tú serás sor Prendente”.

16 Responses

  1. Me parece que la señora abadesa ni se imaginaba la revelación que tendría… Un tropezón no es caída, ¿o sí? Por lo que leo, yo imagino que sí, jaja…

    Muy buena y picaresca esta historia de vida contemplativa, Juana, me gustó.

    Un beso grande,
    Mariángeles

    1. Parece que la revelación la pilló con el paso cambiado. Habrá que creerle. Nunca acaba uno de conocerse a sí mismo.
      Es cierto que el tropezón no tiene que derivar siempre en caída, pero sí en muchos casos. Te lo digo por experiencia, jaja…
      Muchas gracias por tus palabras, Mariángeles. Celebro que te guste este divertimento. La verdad es que la madre abadesa y yo lo hemos pasado bien imaginándolo. Otro beso gordo para ti.

  2. Ángel Saiz Mora

    El buen humor y la creatividad, en armónica unión, ayudan a sobrellevar hasta la vida más recta y austera. Qué divertida la vida interior de esta abadesa, y qué imaginativos sus juegos de palabras. Si el resto de hermanas lo supieran ganaría muchos puntos a sus ojos.
    Un abrazo y suerte, Juana

    1. Igual tienes razón, quizás mostrando esa faceta lúdica a las hermanas podría cambiar el concepto que tengan de ella. Pero parece que la madre abadesa de momento no está por la labor, tendrá miedo a que le pierdan el respeto y le pongan también a ella un apodo. Jejeje.
      Muchas gracias por comentar. Otro abrazo para ti, Ángel.

    1. Supongo que sí. No sospechan que tras el semblante adusto de la abadesa se esconde ese juego tan mundano. Qué bueno, yo no quise utilizar «sor Presa» por lo del célebre juego de palabras: «Qué es una sorpresa? Una monja tras las rejas».
      Muchas gracias por tus palabras, Edita.

  3. Rosa Gómez Gómez

    Una imaginación muy entretenida entre la estricta vida monacal. Como es la jefa, se puede permitir jugar con los nombres de sus pupilas. Le auguro mejor futuro de monologuista.
    Divertido!

  4. Rosalía Guerrero

    Jajajaja, y yo me pregunto: ¡qué hace esa mujer siendo abadesa, en lugar de dedicarse a ser monologuista? Desde luego, imaginación y humor no le faltan. O al menos podría hacer una gira conventual, digo yo.
    Un abrazo y suerte.

  5. Hugo Gonzalez Quintana

    Hola Juana,
    Muy interesante tu original modo de nombrar a las sor y ese final abierto a especular que te deja con una sonrisa.
    Muy elegante

  6. Hola Hugo,
    Muchísimas gracias por pasarte y comentar tan amablemente. Valoro mucho que te parezca interesante mi forma de jugar con las palabras, para mí, que me lo paso pipa haciendo estos divertimentos, es también muy interesante que alguien como tú lo vea así. Un abrazo.

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