41. UNA MADRE
Ahora que se acerca el momento, piensa a menudo en él. Antes era solo algo que iba creciendo dentro de ella, una solución a sus problemas. Sabe que es un varón –como deseaban– pero no sabe qué nombre le pondrán. Siente algo de temor –siempre se siente ante un parto– aunque esta vez estará bien atendida en esa clínica de lujo. Lo imagina con ojos claros y los rasgos del padre, aunque por una especie de travesura del destino, quizás también herede algo de ella, quizás se parezca a sus otros hijos.
Las noches en que no encuentra la postura para dormir lo acaricia a través de su vientre. A veces canturrea una nana para tranquilizarlo o le cuenta cosas de su vida. En su imaginación lo ve succionando su pulgar tras nacer, hermoso como todos los pequeños milagros de la vida. Lo ve crecer y dar sus primeros pasos, lo ve decir su primera palabra que no será “mamá”.
Siente la primera contracción y le duele tanto como no poder amamantarlo. Con la segunda telefonea al hombre que pagó por su vientre. “Apresúrese, ya está viniendo su hijo”.

