42. La Imaginadora
Como en el pueblo les sobraban algunas tardes, Matilde aprovechó la vieja cuadra familiar, abandonada desde hacía años, para abrir una ‘Tienda de Posibilidades’.
Colgó un cartel en la puerta:
SE IMAGINA POR ENCARGO
Nadie entraba. Hasta que, un domingo al salir de misa, una vecina cruzó el zaguán, decidida. Pidió buenos trabajos y pisos amplios para sus hijos en la capital.
Con el tiempo fueron llegando más: un padre que quería recordar a un hijo fallecido; una moza que necesitaba una última conversación con su ex; un anciano que pedía dignidad para el final de sus días.
La gente salía aliviada. Matilde se esmeraba. A veces no sabía si entregaba experiencias o solo formas de imaginarlas. Su mejor pago era cada sonrisa agradecida.
Un día, al ir a cerrar, en una gaveta encontró una nota.
Solo decía:
Una vida fuera de sitio
No recordaba haberla escrito. Ni recibido. Pero sintió que aquellas palabras encajaban en alguno de sus huecos.
A la mañana siguiente la tienda ya no abrió.
Aun así, durante semanas siguieron acumulándose peticiones entre los postigos, que el aire dispersaba al anochecer.


El título y las tres frases destacadas aportan brillo extra al texto.
Gracias por lo del brillo. Casi lo apago del todo cuando llevé el ordenador a arreglar. Menos mal que no hubo apagón total.
Hacer feliz a la gente, siquiera durante un rato, merece todos los agradecimientos. Pero como todo lo bueno, dura poco, no se puede vivir permanentemente «una vida fuera de sitio».
Un abrazo y suerte, Esperanza
Hay que mirar por uno mismo, de vez en cuando, efectivamente. Si no, ocupándote de penas ajenas, pierdes tu lugar en el mundo. Y acabas por desaparecer.
Gracias Angel.
Qué relato más dulce y creativo. Y digo bien, porque has creado una profesión maravillosa. Y en él, el aire se encarga de poner las cosas en su sitio, gobernando de alguna manera. Me ha gustado mucho. Enhoabuena, Esperanza!
Antes del aire ella se quedaba, luego con tanta reeescritura y casi pérdida, todo pareció colocarse de modo correcto. O eso creo.
Gracias Susana ♣
Esperanza, qué trabajo más bonito, imaginar vidas y situaciones para los demás. Por desgracia, no se puede mantener demasiado tiempo como le ocurre a tu protagonista. Un joyita de micro.
Un abrazo y suerte.
Los milagros a pequeñas dosis y de vez en cuando, como las recetas de los médicos. Si no, el efecto desaparece.
Gracias Rosalía.
Un abrazo ♣
Después vinieron los psicoterapeutas… pero esta profesión ideada es más romántica. Ojalá que no se hubiera perdido!
Una profesión muy seria y necesaria. Pero en los pueblos la vida va de otra manera. Como en un universo paralelo.
Gracias Rosa 🙂
Me ha encantado, Esperanza, especialmente la ultima frase, que me parece una imagen preciosa.
Enhorabuena-
Muchas gracias, Gabriel. A veces te salen ideas a la primera. En este caso tocó reescribir y probar sinónimos mil.
¡Qué tienda más maravillosa y qué buen trabajo ese de imaginar por encargo!
Que sepas que ma has dejado con una sonrisa.
Muchas suerte, y un abrazo, Esperanza.
Eso ya es todo un premio en sí mismo.
Mil Gracias Rafa 🙂
Un abrazo
A ver si me puedes dar la dirección de esa Tienda de Posibilidades (es para un amigo). Bonito y original relato. El final me trae a la mente el Muro de las Lamentaciones. Enhorabuena, Esperanza.
Si la encuentro, creo que mi gemela también la querría 🙂
Qué curiosa similitud has encontrado. Me encanta cuando ocurren estas cosas en los relatos.
Gracias Antonio ♣
Una idea muy original e imaginativa. Esa maravillosa “tienda de posibilidades” con ese cartel de “Se imagina por encargo”. Y ese final tan evocador en el que las peticiones se las lleva el aire son un acierto literario.
Un abrazo
Qué lujo de comentarios me llevo con mi tienda 💙 ☺️ Lástima que tuviera horario hiperreducido.
Gracias Miles ⭐⭐⭐
Un abrazo Gema.
Aquí no se cumple lo de en casa del herrero…
Por suerte la prota ( espero) encuentre su sitio, como tú has encontrado una profesión maravillosa .
Derroche de imaginación en este texto .
Mucha suerte
Pues oye, Esperanza, no está nada mal la idea. Lo malo es que claro, ni de imaginación ni de sonrisas se puede vivir, pero oye, repartir esas pequeñas alegrías entre el vecindario seguro que mejora mucho la vida en el pueblo. Bonita iniciativa. Un abrazo fuerte y mucha suerte.