Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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45.- Renacimiento.

El invierno largo y criminal hizo prisionero al valle y no muestra intención de liberarlo.  La nieve sepulta la aldea mínima. El ganado no sobrevivió y la tierra permanece dormida, petrificada. Apenas brota humo de las chimeneas, demasiado arriesgado aventurarse a buscar leña. En la última choza, un vientre se desgaja hasta alumbrar una niña escuálida que cae al suelo tras un último conjuro que crispa la noche. Yacen unidas por un cordón sanguinolento que palidece por minutos. La criatura gana la batalla y se queda con el aliento terminal de su madre, pero el frío vence al calor mortecino de las brasas y la va amoratando, adormeciendo. La está matando.

Suena lejano un violín zíngaro desafinado y algunas notas traspasan el ventanuco desquiciado,  sorteando los copos de la nevada infinita. Invaden la cabaña y acarician a la niña, que despierta temblorosa, sin un ápice de calor para mantener esa vida que arranca ya miserable. La única compasión a su llanto desgarrado es una gata negra recién parida que hace por darle de mamar. Una hilera de antorchas amenazantes llega vociferando plegarias. Dictan sentencia.

Culpables. Las llamas danzan sin tan siquiera rozarla, aunque solo por esta vez.

Cosas del diablo.

6 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    En Galicia se dice que quien no cree en las brujas sí que da por hecho su existencia, una contradicción que hace que, al menos, se le de una oportunidad a la magia, aunque sea, negra, como la gata providencial salvadora, para dar por posible la presencia de unas mujeres dotadas de dones diferentes a los del común de los mortales. Ellas también lo son, mortales, pero eso no quita para que puedan burlar las llamas, al menos una vez, con las que intenta ponerles fin el pueblo llano y temeroso, que todo lo atribuye al maligno, a alguien hay que culpar de los propios miedos.
    Un relato lleno de fuerza, con muy buenas descripciones y el sonido de un violín, que acaricia en medio de la calamidad y parece llamar a la vida.
    Un saludo y suerte, Álvaro

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