62. HÉROE DESCONOCIDO (Rosalía Guerrero Jordán)
El charco marrón entra por debajo de la puerta. Fuera, los coches se deslizan sobre una masa oscura. Detrás, un muro de barro y cañas se acerca, arrasando todo a su paso.
Entro deprisa y atranco la puerta. Veo crecer la ola antes de que reviente las ventanas. Escalo los muebles del salón, pero me alcanza.
Y comprendo que voy a morir.
El vómito, áspero y terroso, me despierta. Todo está oscuro, pero los intermitentes de la montaña de coches sobre la que me encuentro parpadean.
Entonces, recuerdo.
Recuerdo la masa marrón engulléndome, y bucear a tientas, intentando encontrar la salida. Recuerdo una mano que toma la mía con fuerza, y estira de ella hasta sacarme a la superficie. Recuerdo los bandazos, y los golpes, y la muerte respirando a mi lado.
Recuerdo cómo, a pesar de esa mano, pensé en rendirme.
Le miro a los ojos. A esos ojos que siempre estuvieron llenos de hambre atrasada, de desdicha y de miedo, pero en los que ahora brilla el coraje. El mismo con el que se enfrentó al océano. El mismo con el que me ha salvado la vida, aun a riesgo de perder la suya.


Muy bien reflejada la terrible sensación de angustia en medio de una inundación, el pánico que da la muerte tirando de ti hacia el fondo, ahogándote… Creo que hasta estiré un poco el cuello intentando mantener la cabeza a flote. Menos mal que el final no puede ser más positivo y reconfortante.
A veces necesitamos creer que las cosas malas pueden bien, y que el coraje sirve para algo.
Un abrazo, Edita, y gracias por comentar.
Hace falta valor para escamotear a la muerte prematura su visita en una situación límite, con la naturaleza desatada, pero más aún para arriesgar la propia vida por salvar la de una persona desconocida, por ser persona, eso ya es más que suficiente.
Un abrazo y suerte, Rosalía
Cierto, Ángel. Y lo más alucinante es que muchas personas arriesgan sus vidas por los demás. ¡Incluso lo llegan a convertir en su profesión! Es admirable.
Un abrazo apretao.
Tu historia no es solo de supervivencia también es de solidaridad. Muy buena descripción de la angustia y la de esos ojos que acostumbrados a enfrentarse a un océano se enfrentan a una riada para salvar una vida. Algo que no muchos hacen por ellos.
Un abrazo
Muchas gracias, Gema. Desde luego, el hecho enfrentarse al océano y sobrevivir debe minimizar la sensación de peligro en otras situaciones.
Un abrazo para ti también.
Me ha situado en la Dana. Es posible que hayas recreado, sin saberlo, la historia de alguno de sus protagonistas.
Muyyyy dramática!
Estoy segura de que ese día hubo personas que se convirtieron en héroes sin proponérselo. Por desgracia, también hubo villanos inútiles. Y ya sabemos cómo acabó la cosa.
Muchas gracias por leer y comentar.
El valor, el coraje, la buena gente no distingue de razas ni de colores, lo mismo que lo contrario. Un final feliz para un relato muy bien recreado.
Un abrazo
Muchas gracias, Pilar. En efecto, gente buena hay de todos los colores, igual que mala. Lo importante es lo que no se ve.
Un abrazo.
Hola Rosalía
La muerte nos iguala. El miedo, las pesadillas… y también el coraje y la solidaridad, no entienden de razas. Tú micro nos explica que no hace falta mostrar el color de la piel. El color de la implacable naturaleza es mucho más grande y poderoso, y tan solo deberíamos pensar en unirnos, para sobrevivir a ella, en ella.
Un placer leerte, como siempre.
Un abrazo grande grande
Si lo piensas, por dentro todos somos del mismo color: rojo sangre. Ya todos nos espera el mismo final.
Carpe diem, tete.
Otro abrazo grande (y de puntillas).
Jo, me has hecho llorar. O sea, que lo has descrito perfectamente y has logrado transmitir el horror y la fuerza del coraje de tanta gente… Mucha suerte y un abrazaco fuerte.
El coraje que tuvieron ese día y los posteriores, y el que todavía necesitan para seguir viviendo.
Un abrazote para ti también.
Precioso micro, querida Rosalía, y bien real. Y pensar que hay muchos/as que se niegan a acoger e, incluso, quieran echar a quienes sí lograron llegar, huyendo del hambre, la persecución o la guerra y que trabajan con nosotros sin papeles ni derechos…Me provoca una indignación insoportable. Un abrazo y suerte, guapa.
Se nos ha olvidado que el español también fue un pueblo migrante. Y que lo puede volver a ser. Es imposible estar a salvo.
Un abrazo y muchas gracias por tus palabras, bonita.
Me ha gustado mucho, Rosalía. Cuanta gente buena hay, y cuanto ingrato también. Humano, divinamente contado y muy emotivo. Suerte, compañera. Un abrazo enorme.
¡Muchas gracias! En el mundo hay gente perversa, pero quiero creer que la inmensa mayoría tiene (tenemos) buen corazón.
Otro abrazote para ti también.
Qué buenas imágenes, qué tensión en un micro agobiante, con la atmósfera muy bien construida y con un final que nos deja con buen sabor de boca, y pensando que el mundo es un lugar que aún merece la pena. Me gustó, Rosalía. Mucha suerte y un abrazo