63. Elaboración artesanal
Aunque ya soy mayor, sigo sin soportar esos chillidos al clavarles el cuchillo en el gaznate. Y eso que la tía Julia es de las mejores matanceras: rápida y limpia. Después siempre llega la fiesta. Hoy, además, me dejarán participar en el atado.
Lo nuestro es un negocio familiar. Un matriarcado. Mamá se encarga del adobo. Yo la observo porque continuaré con el oficio. A la carne picada le ha añadido pimentón, sal, ajo, pimienta y vino blanco. La veo amasar con sus manos y espero ansiosa el momento de la embutidora.
De pronto, un timbrazo inesperado nos paraliza. Cualquier descuido podría delatarnos. Siento escalofríos y dudo de mi valentía. La abuela, cauta, va hacia la puerta y regresa con una desconocida. La mujer trae un brazo en cabestrillo, negrales verdosos en la cara —reveladores de su historial—y un terror inabarcable en las pupilas.
Mamá, sin preguntar quién la ha enviado, acepta el encargo. Pero yo desconfío. “Ella nos necesita” —dice la abuela— y me convence con su voz protectora. La tía Julia afila ya la hoja. No tardará en aparecer el cerdo buscando a quien cree de su propiedad.


Un cerdo puede ser un mamífero para consumo humano, del que se aprovechan hasta los andares, o un humano de la peor clase posible, la de los maltratadores. La cadena de producción de esta familia unida puede que haga una excepción en su rutina, aunque la coordinación será la misma.
Un relato que sobrecoge, bajo el lema de «a grandes males, grandes remedios».
Un abazo y suerte, María
Pues sí, las justicieras matanceras a la defensa de las maltratadas.
Un abrazo,Ángel y graciaaaas por comentar.
Jajajaja, perdona que me ría pero me ha encantado tu spanish noir. Aprovechar la idea de la matanza del cerdo para cargarse a otro tipo de cerdos casi como una labor humanitaria. Jajajaja. ¡Genial!
Un abrazo
Bienvenida siempre la risa. La verdad es que te las imaginas ahí: la abuela, la tía, la madre…con sus tradiciones de pueblo y… resulta que los chorizos y morcillas tienen sorpresa.
Gracias por comentar, Gema. Un abrazo.
Para mí, que soy de aldea y en mis tiempos mozos he presenciado la matanza del cerdo “normal”, me resulta muy fácil imaginar la escena, que no es nada agradable, por cierto. Ya si cambiamos de especie… el acto resulta todavía más macabro, incluso si el bicho en cuestión se lo merece. Muy logrado.
Ay, Edita, mi familia es de un pueblo de Badajoz y hacían matanza cada año. Todavía recuerdo los chillidos del guarro y eso que me metía bajo la cama de la habitación más lejana.
Un abrazo y gracias por comentar.
María, que bien llevado el tema del coraje. Y aún mejor cómo lo ambientas y lo cuentas.
Yo también de lo macabro que es, me he reído un poco je,je…
Me ha gustado mucho
jajaja. Macabro, pero macabro.
Gracias por comentar Pilar.
Un abrazo
Sorprendente!! Menudo coraje se gastan en ese matriarcado. Me encantó.
Mujeres corajudas, desde luego. Me alegro de que te haya gustado Maribel.
Un abrazo
María, por suerte nunca llegué a asistir en una matanza en el pueblo de mi madre, así que no me ha quedado trauma, pero puedo visualizar perfectamente la escena.
Me encanta el giro final: ese tipo de cerdos deberían acabar en la trituradora. Y si no hay cuerpo, no hay delito.
Un abrazo y suerte.
Como bien dices: hay que hacer desaparecer las pruebas.
Un abrazo grande, Rosalía, y suerte también para ti.
Hola Maria
Yo no me comería esos chorizos y morcillas, puag, pero si que se los compraría, con tal de que el negocio siga adelante, jeje.
Superoriginal, me ha encantado.
Enhorabuena y suerte
Pues te advierto que un buen adobo hace maravillas jeje. Pero no, yo tampoco los probaría. Gracias por comentar, Alberto.
Un abrazo
Gore, gore. Soy de una zona en la que la matanza del cerdo era el centro de la vida. Así que lo estaba leyendo confiada. Aunque extrañó que fueran las mujeres quienes lo mataban. Habitualmente eran los hombres porque fuerzas para sujetarlo. Luego, lo del matriarcado me pareció lógico. Porque en mi pueblo son las mujeres quienes sostienen la vida cultural, social y casi económica. Pero al llegar al final: pum! El hachazo! Mejor dicho, navajazo.
Has sabido guiarnos a una trampa mortal.
Muy interesante!
Sí que es gore. Ya sabes tú cómo chillan cuando les meten el tajo. Para mí será inolvidable. Pero me apetecía darle una vuelta de tuerca a la matanza aprovechando el coraje de estas mujeres.
Gracias por comentar, Rosa.
Un abrazo.
A mí lo que me daría es mucho asco comerme esas morcillas, pero claro que siempre se pueden suministrar a clientes «seleccionados». Me ha encantado tu giro negro, María. Mucha suerte y un abrazo fuerte.
Como para no darte «asquito». Jeje. Pero ojalá que a todo cerdo le llegase su San Martín. Mucha suerte también para ti y un abrazo grande,Aurora
Ayyy Maria, me ha encantado. Yo que adoro en terror, el gore y la justicia divina, he disfrutado como una enana. Un abrazo y suerte, bonita. ❤️
Gracias, Nuria, y que siga esa racha tan merecida. Nena, tú vales mucho.
Un abrazote.