65. DESORDEN MENTAL (Rosalía Guerrero Jordán)
El despertador grita dentro del armario, y el café brota hirviendo de la ducha. En el comedor, las sartenes saltan por la ventana, y las lámparas se niegan a encenderse. Los libros se cocinan a fuego lento en la bañera, mientras los vinilos bailan claqué sobre la encimera.
La ropa interior se esconde debajo de la cama, y el vestido flota cerca del techo, como si mi cuerpo les resultara extraño.
Las llaves han huido del bolso, pero consigo atraparlas. Encuentro los zapatos escondidos en la nevera, y el teléfono haciéndose arrumacos con el cargador detrás de la cajonera.
Yo no sé qué me ocurre en la cabeza, pero desde que llegaste a mi vida la casa está del revés. Por eso no quiero alejarte de mi regazo, pero mi tiempo se acaba y debo regresar.
Salgo despacio y cierro la puerta sin hacer ruido, mientras siento una gota de leche escapando de mi pecho.


No sé si es brutal, estremecedor o absolutamente tierno. Lo que sí sé, es que me encanta! Enhorabuena, Rosalía!
Muchas gracias, Susana.
Un beso!
Si una criatura no lo trastoca todo es que nadie ni nada más podrá hacrlo. Hablamos de un desorden faacinante, maravilloso y para el esto de la vida.
Un desenlace inesperado y una realidad muy cierta.
Un abrazo y suerte, Rosalía
Por mucho que te digan, nunca te imaginas hasta qué punto te cambia la vida.
Un abrazo para ti también, Ángel.
Tu relato me ha descolocado totalmente. No sé que me pasa en la cabeza. Menos mal que mi pecho no gotea leche…
Ay, sí, menos mal que vamos dejando fases atrás. Esa etapa es preciosa pero absolutamente agotadora.
Un besazo, Edita.
Es fantástico (en todas sus acepciones) y a la vez tremendamente real. El mundo patas arriba con 3 kilos de vida empeñados en crecer a nuestro lado y trastocar nuestro tiempo. Qué duro y qué gusto. Un delicioso texto de caos vital. Abrazote y suerte, Rosalía.
Muchas gracias, Rafa. Es tremendo el poder de esos tres kilos.
Otro abrazo de vuelta para ti también.
Qué bueno, y que certero es tu micro, querida Rosalía. Un hijo es una maravillosa y arriesgada aventura, que acapara la atención durante años de tiempo a cambio, eso sí, de ser una experiencia extraordinaria. Un beso y suerte, guapa.
Muchas gracias, Puri. En efecto, es una toda una aventura.
Otro beso para ti, bombón.
Rosalía, vaya micro más bueno. Describes un desorden que minimiza el que contemplo casi a diario en la habitación de mi hija adolescente, así que tal vez a partir de hoy vea ese caos con menos espanto.
Bromas aparte, el texto me ha encantado, y qué bien transmites el poder transformador de una criatura a nivel vital, emocional e incluso doméstico.
Por cierto, espero que tus vinilos sigan bailando claqué sobre tu encimera por mucho tiempo. Da un punto divertido a la caótica situación.
¡Un abrazo, y suerte!
Jajajaja, con el tiempo los adolescentes cambian y comienzan a recoger la habitación.
Muchas gracias por pasarte a leer y comentar. Y sí, los vinilos siguen a lo suyo, ahora bailan debajo de la ducha.
Un abrazo!
Me lo he leído pensando, desde la primera frase, que te habías ido por lo fantástico, hasta que el último párrafo lo pone todo en su sitio. Un pelín exagerado pero es cierto que la llegada de un bebé lo trastoca todo, tan cierto como que es una experiencia maravillosa. Lo de la adolescencia… uff, vamos a dejarlo estar.
Mi punto favorito: los arrumacos del teléfono y el cargador, jajaja. Y seguro que mi marido vota a favor del café saliendo de la ducha.
Un besote enorme, sis.
Sis, que la fantástica eres tú, a mi me cuesta más irme por esos derroteros. Y sí, yo también voto por una ducha de café in the morning!
Besazo!
Lindo relato . Una cosa, Rosalía. El penúltimo párrafo no termino de entenderlo. A donde regresa? Y por qué tiene que irse?
Ay, al trabajo, que se acabó la baja maternal, siempre resulta demasiado corta.
Un abrazo, Rosa.
Qué bueno, Rosalía. La verdad es que describes a la perfección el caos que producen los hijos, al igual que el amor infinito que les procesamos. Enhorabuena y muchísima suerte. Un abrazo enorme.
Muchas gracias Nuria. Qué tendrán esos locos bajitos, que en cuantito te descuidas te sacan la cabeza…
Otro abrazo para ti.
Hola, Rosalía. El caos descripto en micro, con el despertador gritando en el armario, etc, etc, me hizo pensar en una especie de País de las Maravillas, y luego, al llegar a esa maravillosa última frase con la gota de leche escapando del pecho, se me hizo la luz: se trata de una mamá, que pasada la hora de amamantamiento, debe volver al trabajo y no quiere que su bebé se despierte… Imagino que la maternidad es así; pone la vida de la madre patas para arriba. Lo más parecido que conozco lo estoy experimentando este fin de semana, cuidando a mis sobrinas junto con la abuela porque sus papás viajaron, y yo misma siento que me han puesto patas para arriba… En fin, espero sobrevivir para seguir comentando micros, jaja…
Un beso grande,
Mariángeles
Ay, Mariángeles, dicen que a quien dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos. Ánimo, seguro que sobrevives!
Un beso para ti también.
Qué bueno, qué linda manera de contar ese desorden interno al que se ve empujado el cuerpo, ese revoltijo de emociones que debe sentirse al tener una criatura creciendo dentro. Fantasía a raudales, imágenes que recuerdan a los cuadros de Dalí, y un cierre tierno para rematar un microrrelato genial. Bravo, Rosalía. Un abrazo
Muchas gracias, jefe!
Un abrazo de vuelta!
Llegada a casa del hospital, felicidad y miedo a la vez, los puntos tirando depresión post parto, noches sin dormir, cansancio, comenzar el destete y para terminar la dura separación cuando toca incorporarse a la vida laboral ¿cómo no va a descolocarse la vida?.
Tu Rosalía ,desde ese realismo mágico lo has descrito perfectamente.
Un abrazo
Muchas gracias, Gema. En los comentarios se nota quienes somos madres.
Un abrazo para ti y gracias por comentar.
Qué buen cierre. Leo absorta ese mundo mágico que has creado y, de repente, la gota de leche que lo pone todo en su sitio. ¡Estupendo!
Un abrazo, Rosalía
Muchas gracias, Maria, la verdad es que empecé a desordenar la casa pero no sabía muy bien por donde iba a salir. Pero salí!
Otro abrazo para ti.
Muy bueno, Rosalía, tan real como fantástico, genial.
¡Abrazo!
Gracias, Aurora bonita!
Besotes.
Guau Rosalía, me encanta! Qué maravilloso desorden el de los bebés, aunque yo lo viví hace muucho tiempo, lo recuerdo con infinito amor. Me gustan todas las imágenes que propones, el café saliendo de la ducha, la ropa levitando… felicidades, es buenísimo. Un abrazo y MUCHA SUERTE MAÑANAAAAAAA
Cada objeto totalmente desubicado desde el cambio drástico con el nuevo habitante del hogar.
Y qué penita da dejar al bebé…
Bonito relato, con esa gota de leche final para acabar de situar al lector.
Un beset,
Carme.