64. Ley de vida (Jesús Alcañiz García)
Más bien ley de muerte para aquellos ancianos que han sobrevivido rodeados de libros, figuritas de porcelana, recuerdos de viajes con el IMSERSO, colchas de ganchillo, álbumes de fotos, muebles viejos, zapatos, ropa pasada de moda hace décadas… Hogares de nuestra infancia que, desmantelado el delicado sistema que conforman, se abandonan a la entropía por esta ley implacable. Los puestos del Rastro acogen con profesional indiferencia cuanto ha sido rechazado hasta por los chamarileros: restos de naufragios de secano apenas carentes de valor venal, entre un batiburrillo de vidas cruzadas, con sus cachivaches ahora inservibles, desperdigados en mantas por el suelo, cubiertos de esta pátina de mugre con que los degradan el continuo manoseo y la intemperie, en este desorden cruel que aniquila sin piedad la lógica que los pudo unir un día.
Un domingo crees reconocer unas gafas tiradas entre una muñeca desnuda y manca y un peine de carey al que le falta una púa. Regateas por ellas, pagas el doble, ofendido por un precio que aún te resultaba ridículo para semejante profanación, para un último intento de reordenar tu propio caos desde la presbicia de tu abuelo.


Somos de acumular objetos pensando que siempre estarán con nosotros, porque, como ellos, nos creemos eternos, pero es «ley de vida» que con la muerte todo se disperse y desordene, o hasta desaparezca. Tu protagonista, con esas gafas, parece haber aprendido a ver su existencia con una perspectiva más verdadera.
Un abrazo y suerte, Jesús
Ley de muerte… Ya está, no se puede resumir mejor. Me gusta y me deprime al mismo tiempo.
Cierto. El mundo, y por ende la vida, tienden al caos. Y gracias que así sea, para que se nos vire y revire la existencia con sus oportunidades. Anclarnos al extremo de algo es una forma de parar el movimiento (justo antes de todo pueda girar, claro). Genial, Jesús. Abrazote de los grandotes y suerte.
Jesús, me gusta mucho el texto, y me encanta la frase final: reordenar tu propio caos desde la presbicia de tu abuelo. Dejas el micro en todo lo alto. Enhorabuena.
¡Un abrazo, y suerte!
Duro y real. Triste y hermoso a la vez. Muy bueno, Jesús.
Un abrazote.
Nuestros abuelos acumularon, yo creo que queriendo tener lo que les hurtó la postguerra. Cuando tuvieron cierta capacidad económica se encontraron con el consumismo desbocado y se subieron a él. Nosotros ya nos lo encontramos y lo hemos normalizado.
Un relato evocador que trae tantos recuerdos como lectores pasamos por él.
Buenísimo, tocayo. Después de un bombardeo de objetos, que se acumulan ante nuestros ojos y nos pintan a la perfección los tenderetes, desvelas en la última frase todo, y completas así un micro sobre el desorden que está muy bien ordenado y escrito con mucho oficio. Un abrazo
Un homenaje triste y justo. Denostamos ese mundo , es verdad, a veces caótico, ruinoso y pasado de moda,en el que viven nuestros ancianos sin darnos cuenta del valor que tiene para ellos.
Un abrazo