63. Euritmia
Quince minutos exactos después de que abra las puertas el Supermercado, el hombre sin nombre aparece cada mañana por el pasillo de los lácteos justo enfrente de la caja en donde Charo, espera impaciente.
Ella atiende a otros clientes con destreza experta. Pasa los códigos por el lector, mete el cambio en la caja y expresa un “que tenga buen día” como un autómata, porque desde que el hombre sin nombre pasea por el súper, ella no puede pensar en nada que no sea él.
Él es una oda a la geometría. Coloca los productos sobre la cinta con precisión quirúrgica. El código de barras hacia arriba y el peso distribuido por centros de gravedad que sólo él conoce.
Charo observa su forma de guardar el cambio en el monedero, respetando el orden decreciente de las monedas, mientras imagina cómo será dormir en su cama: sábanas alineadas en un ángulo de noventa grados, aire fresco y una piel que conjetura pulcra.
Él, sin embargo, observa la anarquía de ella mezclando productos en una bolsa donde el pan aplasta a los yogures y desea que algún día, ella lo rescate de su jaula y le devuelva la libertad.


Para que exista equilibrio tiene que haber dos extremos. Esta pareja tan dispar necesitan el uno del otro para compensar sus excesos y carencias respectivas, seguro que para mucho más también. Algún día alguno romperá el hielo, o sucederá algo que lo propicie, porque sería una lástima que todo quedase en pensamiento, anhelo y distancia.
Conocía la palabra «arrítmico» (por ejemplo yo, a la hora de bailar), pero no la del título. Siempre se aprende algo, y con tus letras, además, se disfruta.
Un abrazo y suerte, Raquel
Son dos extremos que se atraen sin saberlo. Un relato muyyyy equilibrado!
Qué bonito contraste, Raquel. Y qué rabia da que la cajera te pase las papas antes que la leche, cuando se lo has dejado preparado en la cinta, jajajajaja.
Como ves, yo soy un poco ese señor con TOC.
Un abrazo y suerte.
Di que sí, Rosalía. Deberían existir cárceles para quienes pasan el Bimbo o la bolsa de nachos antes que el pack de leche o las garrafas de agua. Con lo ordenadito que dejamos todo para ir montando el carro a la salida. Y no es TOC, es simple necesidad espacial. 😜
Qué delicia de texto, de imágenes, y qué maravillosa relación. Los dos admiran el (presunto) caos del otro, porque ambos necesitan que sacudan sus vidas. Suerte y abrazote, Raquel.
Ay, Raquel, el mega orden de tu cliente protagonista ya no tiene arreglo, me parece a mí. Y tu cajera, quizá tampoco lo tenga, pero ¿Quién sabe?…Un abrazo y suerte, guapa
Qué bien contado, Raquel. La historia de la cajera y el hombre sin nombre merece llegar a buen puerto, pese a lo opuesto de sus comportamientos. Espero que así sea, y compartan esas sábanas alineadas en ángulo recto.
¡Un abrazo, y suerte!
En principio, la historia parece un buen ejemplo de la creencia de que los polos opuestos se atraen, o de simbiosis entre “animales” con necesidades opuestas. Pero… mucho me temo que solo así, con cierta distancia y anonimato relativo, es idílica su situación; situación que has sabido plasmar estupendamente.
¡Que bonito! Ya se sabe que los polos opuestos se atraen aunque me temo que estos no acabarán juntos.
Un abrazo
Hola, Raquel. Lo primero que me hizo entrar en el micro es el título, porque me remitió a Eurythmics, la famosa banda inglesa de synth pop de los años ochenta… En cuanto a lo que pude observar sobre los personajes, el cliente parece tener lo que se conoce como toc de orden y simetría, y ella, la cajera, es una desordenada consuetudinaria. Si él o ella se animaran a pedirse los teléfonos y a conocerse, seguramente encontrarían, el uno en la otra, esa euritmia, esa armonía que tanto anhelan… No por nada dicen que los opuestos se atraen…
Me encantó, realmente.
Un beso grande,
Mariángeles
Raquel, me ha encantado tu micro, me parece muy tierno y está muy bien narrado. Y como romántica empedernida que soy, ojalá alguno de los dos rompa el hielo! Un abrazo y suerte!
Qué bonito… los dos quieren ser rescatados por el otro…
A ver si alguno se atreve a decir algo y acaban en un punto medio, tan felices.
Fue un placer conocerte en este ENTCuento.
Un abrazo,
Carme.