65. Muñecas (Patricia Collazo)
Peina por última vez a la muñeca, su única pertenencia. La guarda en el armario, donde aún cuelgan la camisa de rayas y el abrigo que usa para ir al colegio, pero no el vestido largo que le han comprado para que él la conozca. Ese ocupa la pequeña maleta sobre la cama. Lo ha estrenado una semana atrás.
Aquella tarde, él la había mirado sin prestarle atención, y se había encerrado en la sala con su padre.
—Van a hablar cosas de hombres —había dicho con tono triste su madre.
Cuando salieron, ella, roja de vergüenza, no había levantado la cabeza. No le había mirado a la cara. Solo sabía que tenía zapatos de viejo.
Su madre entra al cuarto con el vestido blanco y vaporoso plegado sobre el antebrazo y una sonrisa forzada en el rostro. Lo deposita junto a la maleta.
Con delicadeza la hace sentar sobre su falda y mientras calla todo aquello que quisiera o debiera decirle, empieza a peinarle el largo cabello por última vez.


Esos padres han vendido a su hija, una niña pobre como ellos, que ahora pertenecerá a un hombre. Un drama que cuentas con tu maestrìa sin un guion prefijado, sino salpimentado con detalles que encajan perfectamente al final.
Un abrazo y suerte, Patricia
Qué terrible destino el de miles de niñas vendidas, a viejos, jóvenes, familias ricas, o mafias. Sin embargo, a casi nadie parece importarte.
Un abrazo y suerte
Solo puedo decir ¡terrible! Lo demás queda bien explicado en el texto y en el subtexto.
Un sbrazo
Muñecas… De plástico y de carne, al mismo nivel, Solo que la de plástico está mejor tratada.
Un relato que refleja una terrible injusticia que se sigue manteniendo.Enhobuena, Patricia. Escribes de una forma envidiable.Saludos.
Hola Patricia
De niños, el terror y la vergüenza nos hacen incapaces de levantar la mirada, y tratamos de componer el mundo con lo q vemos en el suelo, en esos zapatos de viejo.
Un relato que inquieta a base de detalles, un final que se intuye , pero no por ello deja de doler.
Enhorabuena, un placer leerte, como siempre
Que triste destino para una niña obligada por la pobreza. Con palabras certeras: muñeca, zapatos de viejo,… lo has dicho todo.
Una narración plena de sutilezas para exponer en toda su crudeza la barbarie del mercadeo con las propia hija.
Con la excelencia habitual de la catedrática Collazo.
Besos.
Tremenda historia tan real y cotidiana como oculta a la sociedad que mira para otro lado. Siempre es la mujer la mercancía… Habría que añadir a los siete pecados capitales el octavo: la indiferencia ante el crimen.. El relato da pinceladas que cierran con el horror. Enhorabuena Patricia.