68. Cita a ciegas
Hace tiempo que John sobrevive con las oportunidades que le ofrece el azar. Mozo de carga, barrendero, deshollinador, ladrón de tumbas o, si no sale nada mejor, mendigo. En un mal negocio perdió su fortuna y ahora su hogar está entre dos bancos de un parque. La policía a veces lo busca para ofrecerle algún empleo. Hoy va a ser figurante, junto a otros cuatro hombres, frente a la víctima de un intento de asesinato. Camina hacia la comisaría arreglando las arrugas de su atuendo para estar presentable a la hora de interpretar su papel. Cuando llega, se coloca detrás de un cristal con los demás. Al otro lado, una señora de mediana edad entorna los ojos. En la rueda de reconocimiento se encuentra un agente disfrazado de vagabundo. Susurra que la dama metió las gafas en su bolso, se empolvó la nariz antes de entrar y que se llama Susan Wiggins. Ella ve las caras borrosas, aunque es capaz de distinguir los colores. John se acuerda de su mujer. Tiene el mismo nombre, es miope, coqueta y le juró venganza por arruinarla. Entonces mira alrededor y observa que, mientras todos van de negro, él lleva su eterna levita gris.


Muy buena esta sátira. Una historia que a parte de muy literaria puede ser muy real. El final es esa licencia literaria que te permites como autor y que tiene ese toque de humor negro. Muy visual esa imagen de John con su levita gris (prenda que representa su posición perdida) que le dará la puntilla final.
Un abrazo
Gema, muchísimas gracias por pasarte de nuevo por uno de mis relatos. Como esto va de incertidumbre, ¿le dará la puntilla final esa mujer? ¿Es realmente Susan o se trata todo de una casualidad? Todo puede suceder.
Me gusta mucho lo que me dices sobre el relato. Da gusto leerte.
Un abrazo.
Me imagino al jurado leyendo y comentando este relato y me da envidia porque es de los que me gustaría encontrar a mí si estuviera en su lugar. ¿Hace falta que te diga que me encanta?
Jo, Edita, me abrumas. Qué comentario más precioso me has dejado. Después de leerte, a mí también me encantaría que fueses jurado, jajajaja.
Un beso muy fuerte y a mí me ha encantado tu comentario.
Pocas incertidumbres pueden ser más angustiosas que la de John: o termina acusado de intento de asesinato, o sigue con su vida precaria y venida a menos, como muestra el detalle de su vieja levita.
El título es otro acierto, al condensar la esencia del relato y de su incertidumbre. Recuerdo una vez que me contaste la importancia que das a los títulos, porque la tienen. Siempre que pongo uno intento tener presente tus palabras.
Un abrazo y suerte, Pablo
Perfecta como siempre tu lectura y tu conclusión. No sabemos cómo acabará John, si igual o peor. Eso, como debe ser, hay que dejarlo al criterio del lector.
En cuanto al título, hay veces que por más que lo intento n9 me siento a gusto con el que pongo, pero para serte sincero, este creo que sí me ha salid9 bien.
Me alegra mucho que recuerdes nuestra conversación sobre esto. Y es un honor que tengas presente mis palabras cuando titulas un relato. Aunque aquí soy yo el que tiene presente tus palabras, tus comentarios y tus gratos consejos. Eres un Maestro.
Un abrazo, amigo mío.
Qué bien trazado ese camino que nos lleva hasta un final que dejas en vilo y que, aun así, se sabe de sobra cómo va a terminar. Pobre John, encima de la mala vida que tiene, parece que va a acabar entre rejas por un crimen que no ha cometido.
Un abrazo Pablo.
Muchísimas gracias, campeona. Me encanta dejarte en vilo, jajaja.
Lo cierto es que yo no sé cómo terminará esta historia. ¿Acabará John entre rejas? ¿Será su mujer la que está al otro lado? ¿U otra que tiene el mismo nombre y es miope también? ¿O resulta que es Susan y al verlo con esa levita roída ha pensado que ya es suficiente castigo el que viva en la calle? ¿O se le habrán quitado las ganas de venganza? ¿O no? Incluso, ¿es cierto que ha sido víctima de un intento de asesinato, o es un invento en el que ha dado las características de un sospechoso semejante a John para ver si hay suerte y lo encuentra en la rueda de reconocimiento?
Uf, qué de incertidumbres, jajajaja.
Como siempre digo, la historia debe terminar como quiera acabarla cada lectora o lector.
Un beso muy fuerte y enhorabuena, de nuevo, por todos tus éxitos. Y gracias por pasarte por aquí.
Ah, y a todos los finales posibles que aventuras, añado otro más: que vaya a la cárcel pero sea feliz por tener un camastro para dormir y poder comer tres veces al día.
En serio, me sumo a los halagos que han dedicado el resto de entecianos a tu micro: es una película llena de simbolismo, donde la incertidumbre del protagonista se traslada a los lectores. Fantástico.
Un abrazo y suerte.
Un posible final más, Rosalía. ¡Bravo! Muchísimas gracias por tus palabras, por pasar siempre por aquí, y enhorabuena por el mundial que has ganado con ese gran relato. Magia pura. Dale recuerdos a mi amigo Ramón.
Un fuerte abrazo, campeona.
Está en una ratonera. Si la ha premeditado su mujer tiene premio.
Está acabado. El relato se las trae! Bien urdido!
Muchas gracias por pasar por aquí, Rosa. Desde luego no pinta bien para John, aunque nunca se sabe.
Un abrazo.
Hhhmmm… creo que no tengo ninguna incertidumbre sobre la respuesta que va a dar la mujer, pobre John (aunque tendríamos que saber cómo fue ese «mal negocio» para arruinarlos).
Bien contado para que el lector lea ahí unas certezas 🙂
Un beso,
Carme.