79. El coleccionable
Es otra forma de ordenar la vida, una enciclopedia no es más que eso, y la mía es especial, dijo el vendedor. Tenía un rostro afable, de edad indefinida, y le gustaron la elegancia de su traje negro y sus modales exquisitos; además, tal era el tono persuasivo de su voz y su capacidad de seducción que casi no tuvo que enseñarle el fascículo de muestra. Allí, el hombre, al reconocer momentos de su infancia, le invadió esa sutil melancolía que se tiene cuando alguien evoca recuerdos olvidados y, fascinado, se suscribió a la colección.
Esa misma melancolía se hizo progresiva según iba recibiendo las entregas que rememoraban su adolescencia, sus estudios, su trabajo, las mujeres que había amado, su matrimonio, su jubilación, la muerte de su mujer, la soledad, el zumbido intermitente emitido desde una pantalla conectada a su corazón y el estridente pitido continuo que lo silenciaba.
Al médico de guardia le fue imposible apartar los más de ochenta volúmenes de la enciclopedia que constreñían y aplastaban al anciano en la cama de UCI para practicarle la RCP. Solo pudo certificar, en una nota a pie de página, al final del último tomo, que todo estaba en orden.


Ese aparente caos lleno de incertidumbres que es cualquier vida, podría ordenarse en fascículos agrupados por vivencias y épocas hasta llegar al final. Tu protagonista ha tenido una larga existencia, como una extensa enciclopedia, y como todo, ha de tener un final, pero ahí queda su obra, como queda lo escrito, como queda este relato.
Un abrazo y suerte, Rafa
Así es, Ángel, unos ven su vida en un segundo, como si fuera una película, y otros pueden leerla en fascículos «cómodamente» en su cama de la UVI.
Muchas gracias por tu comentario y un abrazo de vuelta para ti.
Estupendo relato en forma de metáfora, comparando una larga vida con una enciclopedia de extensos y pesados tomos. Me gusta como has ido pasando progresivamente de una narración realista hasta el final, alegórico y sorprendente.
Un placer leer tu comentario, Edita. Muchas gracias por pasarte por aquí.
Un abrazo hasta ese norte tan bonito.
Si, una vida ordenada en fascículos. Idea interesante y bien desarrollada.
El orden final es una forma elegante de la muerte. Un acierto!
Muy agradecido por tus apreciaciones, Rosa.
Un abrazo para ti.
Me encanta el tono con el que discurres hacia el final que es mezcla de tristeza, humor, un cierto romanticismo enciclopédico y de vida serena. Los recuerdos de toda una vida sobre el corazón. Me gusta la idea de una vida como enciclopedia, Rafa, tocayo. Suerte y abrazote.
Muchas gracias por tu comentario, tocayo. Ya ves el juego que da la vida. Puede ser una tómbola, tómbola, tómbola de luz y de coloooor (y siento si se te pega el estribillo y estás ahí, con la canción todo el día dale que te pego), como en la canción, una enciclopedia… o lo que nosotros queramos.
Un abrazo de vuelta para ti.
A mi a parte de gustarme mucho el paralelismo de la vida del protagonista con la enciclopedia que compra por fascículos, he recordado a esos vendedores que venían a casa,efectivamente trajeados,ofreciendo enciclopedias como si fueran un seguro de éxito para los estudios de los hijos.
Y ese final tan bien descrito con la muerte como fascículo final .
Un abrazo
Hola, Gema. Yo también recuerdo esos vendedores puerta a puerta de antaño. ¡Cuántas familias no se hicieron con una enciclopedia de este modo!
Muchas gracias por pasarte por aquí, y un abrazo de vuelta.
Jo, qué bien contado. Quienes tenemos cierta edad también podríamos releer nuestra vida en fascículos coleccionables de una enciclopedia.
Un abrazo y suerte.
Muchas gracias por tu amable comentario, Rosalía. Yo más que fascículos ya acumuló varios tomos, aunque de momento, y crucemos los dedos, bien encuadernados 🤞😛.
Abrazos de vuelta para ti.