Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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96. El verbo torcido

Todos venimos con un pan, excepto los hijos del carbonero, que llegan al mundo con una gallina bajo el brazo. De ahí que en su casa la alegría dure más que en las nuestras, donde el hambre aprieta en cuanto se nos acaba el último mendrugo. Hemos perdido ya la cuenta de los chiquillos que su mujer ha parido, y es que, pasada la cuarentena, vuelta la mula al trigo y otra vez ese olor a caldo recién hecho que se derrama por las ventanas.

Por eso las mozas del pueblo lo esperan en el camino escondidas tras los matorrales. Creen que su semilla encierra un corral. Le chiflan y, con las enaguas en alto, tratan de seducirlo empujadas por el estómago más que por el deseo. Pero él hace como que no las oye. No logra sacudirse de la cabeza lo que nació de los amores casuales con la lavandera. Sobre todo aquel ñiqui-ñiqui desacompasado, húmedo, que salía de la boca del crío. O lo que quiera Dios que fuera aquello.

7 Responses

  1. Ángel Saiz Mora

    Con tanta descendencia descontrolada, algún elemento inquietante tenía que surgir entre los frutos de su simiente. No obstante, el mérito de este hombre es poder alimentar tantas bocas, en época de escasez, además, sin que el oficio de carbonero parezca, a priori, dar tanto de sí. Él no necesita aventuras externas, con lo que tiene en casa ya tiene bastante. Igual que el mejor maestro echa un borrón, este personaje tan peculiar, con tanta facilidad y buen tino a la hora de concebir, puede tener un mal día, y un hijo torcido entre muchos.
    Diferente y original, Raúl
    Un abrazo y suerte

  2. Me has hecho pensar en Ulises y las sirenas, sirenas de enaguas profundas, por supuesto, de enaguas revueltas (ganancia de pecadores). Solo tú puedes urdir un texto, incluir ñiqui-ñiqui y salir indemne y a hombros 😜 Tengo la sensación de que me has llevado (conducido, mejor) por el texto, como un ilusionista que te hace mirar donde quiere que extravíes la mirada. Lo demás me huele a pura irreverencia, pecador de la pradera, sobre todo si añadimos el título y a la lavandera. Suerte y abrazote, Raúl.

  3. Raúl Aragoneses

    Llegué por los pelos, los mismo que enseñan las mozas de este pueblo. Gracias por tomaros la paciencia y el gusto por comentar, me ayuda mucho saber qué y cómo os llega. Fuerte abrazo a los tres.

  4. Rosalía Guerrero

    Pues no sé qué me gusta mas, si el surrealismo del micro o los juegos de palabras del comentario de Ra fa.
    Hay que ver cuánto ingenio reunido.
    Un abrazo y suerte.

  5. Jesús Navarro Lahera

    Una mezcla de humor, surrealismo, simbolismo, necesidad, oscuridad… que buen desorden tan ordenado para contarnos la historia de ese carbonero, y acabar con el impactante sonido que emite el resultado de uno de sus deslices. Bien, querido Raúl, que manera de jugar con los lectores

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