95. En algún lugar de Oriente
Estaba el orden y dentro de ese orden giraba un disco. Lo surcaba una aguja que reproducía el Lacrimosa, del Réquiem en re menor de Mozart.
Entonces llegaron los aviones, vaciaron su vientre y terminó la música. Un momento después del estruendo miró a través de la ventana vacía y la pared rota. Percibió el terror que recorría la ciudad como en un Dies irae. Se llevó la mano a la cabeza y miró sus dedos. Vio la sangre y observó su alrededor. El disco de vinilo estaba extrañamente ileso sobre el diván, entre polvo y cascotes de la pared. Pensó en limpiarlo con cuidado. Las alarmas de los coches aullaban, parecían maquinales grillos urbanos. Los gritos salpicaban las aceras como arterias rotas.
Un paréntesis se acomodó en su cabeza durante un minuto. Cuando reaccionó, pensó en buscar a Fátima y los niños. El mundo estaba roto, retorcido, quejumbroso. El desconcierto anidaba en él como un ser extraño. Empezó a correr hacia donde antes hubo una puerta, pero se detuvo por una leve molestia en el vientre. Miró al suelo y después un poco más allá, descubrió sus entrañas desordenadas. Y dejó de pensar en ello.


Un mundo capaz de crear un genio del orden y la armonía como Mozart, y de dotar de sensibilidad a quienes gustan de disfrutar de su obra imperecedera, también es capaz de lo peor, de sembrar destrucción y el peor de los desórdenes, de estropearlo todo en un momento: ilusiones, creatividad, futuro y vida, de no reconocer en los demás a sus semejantes, en no aprender. Tu protagonista dejó de pensar porque es mejor no detenerse en lo incomprensible, en lo contradictorios y peligrosos que podemos ser, en cómo el ser humano cae una y otra vez en los mismos errores, en cómo arde una parte del mundo mientras el resto asiste indiferente, o impotente. Sin querer hacer un juego de palabras, tu relato es potente también, en su mensaje y en la forma de contarlo.
Un saludo y suerte, Marco
Una historia que nos lleva directamente a algún lugar del título, a los horrores de años y años, y que parecen no terminar. Me ha gustado mucho la sensación de desconcierto que nos dejas tras el caos posterior a la destrucción. Esa necesidad de buscar un anclaje, un orden, con la imagen de limpiar el vinilo en mitad del caos me parece genial. Luego piensa en los que ama y luego en él mismo. Un relato que va desde el sosiego inicial a lo descarnado. Tu texto sacude la mente, Marco. Un abrazo y suerte.
Sencillamente terrible. Y la música ayuda a pintarlo todo más siniestro.
Marco, tu micro me parce brillante. No hay peor desorden de la guerra, y algunas llevan enquistadas demasiadas décadas.
Un abrazo y suerte.
Gracias amigos. El hombre se balancea de las luces a las sombras en una deriva peligrosa. Lo peor es que su noche es demasiado larga.