97. Perdido en la vida
Los apuntes esparcidos cubren la mesa. La alfombra salpicada de hojas garabateadas esconde el caos nocturno. Ya no encuentro consuelo en los libros, ni siquiera en la bebida. Guardados en los márgenes de la memoria están los días en que pintaba de azul el cielo y ponía música en horas vespertinas. Y bailábamos, y soñábamos que volábamos juntos con las golondrinas que visitan nuestra ventana. Y tú te fuiste con ellas, aquella tarde de tormenta.
Desde entonces mi vida es un desorden continúo, no logro escribir dos versos seguidos, ni juntar las palabras precisas. Vivo en un bucle de indecisiones que no me dejan avanzar. Mi lugar favorito para aparcar los recuerdos de aquella noche, siempre terminan ahí, en tu compañía vacía, en tu ausencia. Por eso no logro arrancar el vehículo que me saque a flote de mis pensamientos. Porque a pesar de la visita de las musas, algo nada dentro de mí, que siempre me hace naufragar.


Dicen que el tiempo lo cura todo, y que no hay mal que cien años dure, pero algunas ausencias no se pueden llenar con nada, el vacío que dejan lo condiciona todo, que nunca volverá a tener el orden anterior. Que dos personas congenien y se complementen es difícil de lograr, más aún volverlo a repetir. La escritura puede ayudar, ser sanadora, un desahogo, una terapia, pero también ser un parche incompleto a una situación que ya no tiene remedio, como bien sabe tu protagonista.
Un abrazo y suerte, Blanca
Muchas gracias Ángel por tu comentario, lo has explicado muy bien.
Un abrazo
El desorden, en ocasiones, es el resultado de una búsqueda desesperada entre lo que estaba ordenado. Quien se fue era inspiración y orden de una vida (o de dos). Y no hay forma de encontrar el orden en lo que allí queda. Has conseguido un tono magnífico, mantenido de principio a fin, que nos envuelve en la historia, entre descripciones, y que aumenta la sensación de pérdida. Genial. Un abrazo y suerte, Blanca.
Muchas gracias Rafael por tus palabras. Me alegro que haya conseguido esa sensación de perdida.
Un saludo
Qué belleza de micro, qué bien cuentas el desorden que deja el desamor. Y el final, con esa losa que tira hacia abajo y le hace naufragar.
En verdad, las mejores historias de amor son las de desamor. Las otras suelen acabar en rutina.
Un abrazo y suerte.
Muchas gracias Rosalía. Me alegro que te haya gustado mi relato.
Un abrazo
Transmite muy bien el interior del poeta vacío de inspiración.
Solo le diría que a remar! Si quiere seguir navegando.
Muchas gracias Rosa por tus palabras y por tu recomendación, me encanta, así que a remar!
Un saludo