98. Sangre Real (montesinadas)
Cuando el equipo de limpieza salía, ella lo enredaba todo otra vez. Los zapatos colgados de las lámparas como banderas, el papel higiénico por el pasillo, pintado de rojo, como una alfombra para las recepciones de estado. Colgados, al revés, los retratos de sus antepasados, algunos pintarrajeados con una cuerda al cuello. Se entraba al dormitorio aplastando miles de bolsas de plástico infladas que crujían al pisarlas, y sobre la cama, un muro de cojines plagados de insectos y una maraña de sábanas custodiaban la corona de aluminio.
Los objetos habían decidido, hace mucho, ocupar para siempre el lugar donde ella los abandonó por primera vez. A la cocina accedieron con palas para retirar un festín de restos preparados para un cóctel imaginario y en el fregadero sobrevivían un buen puñado de corchos, gracias a su habilidad para seguir flotando tras cada naufragio.
Alguien dejó intencionadamente la puerta abierta y los buitres del corazón disparaban ráfagas con sus cámaras al interior de la vivienda, pero los que quedaron fuera consiguieron capturar a su alteza, cuando intentaba forzar un contenedor por la puerta trasera: lo usaría como carroza real para asistir a la próxima fiesta de gala.


Quien tuvo y retuvo. Tras perder todos los papeles y el propio norte, a pesar de vivir en el desorden, tu protagonista aún cree, en su cabeza, conservar el esplendor privilegiado de antaño, aquel al que se había acostumbrado por nacimiento, el que está convencido de llevar en la sangre.
El relato de una decadencia, sin intimidad y con cámaras.
Un abrazo y suerte, Manuel
La cabra tira al monte, y hay muchas cabras (sobre todo de gran tamaño) entre la realeza. Maravillosas chaladuras y estupenda narración. Me has hecho pensar en Bette Davis en «Qué pasó con Baby Jane». Suerte y abrazote, Manuel.
Vaya desorden ha dejado atrás esa princesa destronada. Supongo que cuando caen en desdicha deben de sentirse así. Me gustan las imágenes que creas, a pesar del desorden.
Un abrazo y suerte.
He pensado en la huida de nuestro rey, aunque no creo que se fuera en ese caos físico. Aunque sí creo que huyó en un caos mental de ciertas proporciones, a cuenta del abandono de sus privilegios en su país.
En todo caso, el micro te lleva a cualquier corona y la caída en desgracia. Contado con crudeza y con mucho efecto.