31. LOS TRASTOLILLOS
Virtudes siempre ha sido amante del orden y así lo dispone en su casa. Cuando sale, tiene la costumbre de volver sobre sus pasos para comprobar que no quede ninguna luz encendida o que haya desenchufado la plancha o apagado los fuegos de la cocina, así puede marchar tranquila. Pero, a pesar de su esmero por tener cada cosa en su sitio, los trastolillos esconden sus gafas de leer, sacan libros de la estantería o guardan su labor de ganchillo en la nevera -le cuenta al doctor, que la escucha con una sonrisa. Virtudes se pregunta de qué forma las pastillas que le ha recetado consiguen hacer desaparecer a los trastolillos ¿Quién comprende los misterios de la ciencia? El caso es que se había acostumbrado a esos pícaros duendes que parecían querer jugar con ella, a ese desorden mínimo que la obligaba a buscar por los rincones como cuando era niña. Así que ha decidido dejar la medicación y colocar a la vista una caja de bombones para atraerlos de nuevo. Ya se han comido tres.


Ja ja ja. Esta historia tiene duende. Virtudes me cae simpática. Ahora ya sé a quién le echaré la culpa de los bombones evaporados: a un trasgo goloso.
Resulta que esos duendes existen como personaje de leyenda y en la Cantabria que tú tan bien conoces, como también en la imaginación de tu protagonista, que los utiliza como juego para entretenerse, como también para justificar su propia adicción al dulce.
Un relato tan tierno como divertido.
Un abrazo y suerte, Paloma
Cuánta ternura hay en este relato. Me ha encantado. Bienvenidos sean esos trastolillos que tanta compañía hacen a Virtudes.
Un abrazo, Paloma
Qué lindo pintas a una mujer con deterioro cognitivo. Me encantan esos trastolillos. En mi pueblo así se le llaman a los niños cuando hacen travesuras. Supongo que en el resto de España también.
Muchas gracias por vuestros comentarios. En efecto, los trastolillos son, según la mitología cántabra, unos duendes domésticos. Y es que los mitos son las respuestas a las inquietudes y los problemas de la humanidad, por eso todos los pueblos tienen los suyos. En mi casa vive algún trastolillo, seguro que también en las vuestras.
Ay, Paloma! que relato más bonito. Me ha encantado.
Un abrazo
Pues acabo de aprender sobre unos duendecillos que desconocía, de forma bien simpática. Creo que Virtudes, con la ayuda de los trastolillos, se acabará toda la caja de bombones, jeje.
Un beso,
Carme.
Un entrañable juego entre la realidad y lo soñado. ¿Se comen los trastolillos los bombones, o es la propia narradora o un nieto que viene por allí? Un saludo y suerte, Paloma.
Para mí Virtudes ya ha entrado en esos tiempos difíciles donde el olvido hace tanta compañía. Parece que ella, firmemente creyente de estos duendes, los echa mucho de menos porque se sentía acompañada. Ainsss. No sé si era tu intención, pero dentro de la ternura hay mucha miga aquí.
Hermoso.
¡Suerte con él!
Besos
Quiero ser amiga de Virtudes, con sus fallos de memoria, sus trastolillos, y su caja de bombones. Un personaje que has creado con mucho mimo.
Un abrazo y suerte.
Un relato delicioso como un bombón. Esos dulces seres que todo lo trastocan, empezando por la mente de Virtudes, son maravillosos. También el texto de principio a fin. Me encanta el ritmo. Suerte, Paloma, y un abrazote.
¡Qué bonito!
Me llamó la atención el título. Mi abuelo me llamaba trastillo o trastete, según la fechoría que hubiera hecho.
Luego me encantó el tono y la máxima de dulzura y mensajes potente que tiene.
Gracias por este desorden tan conmovedor