Observación 137
El primer indicio se produjo cuando el cristal le devolvió su reflejo unos segundos tarde. En la cocina, el microondas zumbaba sin que él lo hubiera encendido. Dentro, un calcetín giraba lentamente sobre el plato. Encendió la cafetera y, antes de meter la cápsula, el café hirviendo se derramó sobre la encimera.
Salió a la calle y la lluvia subía desde los charcos al cielo. Su sombra se proyectaba tres metros por delante, tirando de él con urgencia. Los coches se detenían cuando el semáforo se ponía verde y arrancaban en rojo sin que se escuchara un solo pitido. Incluso los taxistas cedían el paso a los Uber.
El universo disfrutaba del caos, pero él no.
Ya en la oficina, encendió el ordenador y los números bailaban en los balances mensuales cada vez que parpadeaba. Incapaz de cuadrarlos, reinició el equipo con dedos temblorosos, y la boca seca.
La pantalla mostró una frase que no recordaba haber escrito:
“Observación 137: el sujeto todavía intenta mantener la rutina. Proceder con el colapso total”.
El cursor parpadeó y apareció una nueva línea:
“El sujeto ha leído el mensaje”.
Por primera vez sintió con absoluta certeza que alguien lo estaba observando.

