Aún no ha vuelto
El párroco, durante los oficios, observa los últimos bancos con una sonrisa adolescente esperanzada. Los feligreses mascullan y especulan.
Doña Ana, la dueña de la mercería, se queja ante los clientes: ha recibido un requerimiento por impuestos impagados. No la compadecen.
La pequeña de los Martínez camina orgullosa: su Julián volverá pronto. Le han llegado noticias. Lo proclama para desmentir a todos los que aseguraban que no regresaría. Nadie la cree.
Las gentes del pueblo añoran el equilibrio anterior. Los rumores se amontonan sobre silencios desconcertados.
Todo comenzó con su tedio y su hartazgo por tanto pedaleo con los mismos perros intentando morderle los tobillos. Las más de las veces, bajo afiladas tormentas o un sol caníbal
Primero se entretenía conociendo lo ajeno, luego empezó a intercambiar destinos; para acabar por torcer palabras y crear mensajes.
Hoy ha sido él quien ha recibido una carta inesperada. Al leerla, ha perdido la sangre del rostro bajo un sudor frío.
Madre, mis hermanos y yo nos hemos mirado en muda complicidad. Hicimos lo que consideramos necesario para él, aunque el texto pudo ser excesivamente despiadado.
Ha salido descompuesto con su bicicleta funcionaria. Sin mirar atrás, escribiendo esta vez con polvo.

