31. Tutankamon
Sentado en su trono observó con curiosidad la entrada de la pieza. Estaba cubierta por un tafetán bordado en oro y fue conducida a la sala a hombros de una docena de esclavos. Cuando cesó la música de la fanfarria quiso descender majestuoso para ser él mismo quien desvelara lo que se ocultaba bajo los paños,
Las lisonjas de sus cortesanos fueron las habituales en lo que parecía la entrega de un nuevo obsequio. Le cautivó de inmediato el acabado de los relieves y la suavidad del tapizado interior en seda carmesí, que le invitó a acomodarse en aquel espacio un tanto exiguo, pero muy confortable.
Ahora es incapaz de alejar de la mente las palabras insistentes del visir para que su real persona comprobara que el sellado era hermético y la insonorización perfecta. Sobre todo, no deja de preguntarse por qué tardan tanto en abrir de nuevo la tapa dorada del sarcófago.


Se mantiene interesante hasta que al final te arranca una sonrisa. Bien ambientado, es facil imaginar lo que se lee.
Me gustó.
Pues no descarto que esto pasara en aquel tiempo. Jajajaja. Las intrigas políticas han existido siempre y eliminar un rey para poner otro. Cortando cabezas o encerrarlo en un sarcófago.
Una historia con enjundia y con humor.
Un saludo
Gracias Gema..En realidad el sucesor de Tutankamon fue su visir. Ahí lo dejo…
El pobre Tutankamon, de una manera o de otra, parece que no terminó bien, En el final imaginativo y sorpresa que dibujas para él ni siquiera se molestaron en embalsamarlo. De momento, encerrado de forma preventiva en el que será su último lugar físico, aún tiene la incertidumbre de si alguien volverá a abrir esa tapa.
Un abrazo y suerte, Jero