24. Migrar
La mujer del cuadro movió los ojos de un lado a otro modificando levemente su expresión de aburrimiento. Alzó un poco el cuello y pudo constatar que ya nadie se ocupaba de nada. Desentumeciéndose, decidió salir.
Le sorprendió el impacto del aire acondicionado sobre la piel, y ésta, reaccionó del mismo modo que reaccionan las pieles cuando se sienten agredidas: arrugándose.
Nada volvería a ser igual, estaba segura de ello, pero no pudo evitar acercarse al ventanal y contemplar los cambios de la ciudad en esos, _calculaba_, doscientos años. Imaginaba rupturas, destrozos, murales, incendios…
Para su sorpresa, todo permanecía igual.
Podría ser que no había salido de un cuadro sino que se había metido en otro.
Esperaba tener más suerte esta vez.

