40. ITINERANTES
Nuestra familia no encuentra su sitio. El rechazo de cuantos nos rodean nos aísla y vamos de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad con la esperanza de hallar un lugar en el que asentarnos. Pero en todas partes nos hacen el vacío.
Puede que sea por las nubes que tapan la cabeza de papá o por los pájaros que revolotean alrededor de la de mi hermano. Tal vez les impresione el aspecto de Julieta, mi hermana, que aún lleva en el pecho la flecha que le lanzó Cupido la pasada primavera. Mamá se esfuerza, sin éxito, en ocultar su corazón que, de tan enorme, se le ha salido del pecho, y me pide, sin mucho convencimiento, que deje de leer en plena calle para evitar que los personajes de mis novelas, demasiado ruidosos, asusten a cuantos se cruzan con nosotros.
Sin embargo, estamos esperanzados, acabamos de llegar a un nuevo territorio y nada más llegar nos hemos cruzado con un tipo con cola de cerdo que nos ha saludado con naturalidad y ha seguido su camino sin volverse a mirarnos de nuevo.


Muy imaginativo tu texto, con expresiones e imágenes potentes. Final significativo que hace pensar.