LA PERTENENCIA DE MARÍA
La pequeña y caprichosa hija única María puso morritos, miró al infinito y les dijo a sus padres con aires de superioridad.
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¿Por qué no tenemos más pisos..? Mi amiga Susanita tiene treinta y nosotros, solo veinticinco.
Su padre, también hijo único y rico heredero, no supo qué responderla y para calmarla, la llevó a ver una de sus joyas inmobiliarias, aún, sin inquilinos.
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¡Este está un poco viejo. Deberías reformarlo!
Lo cierto es que no se había modernizado porque, hasta entonces, lo ocupaban varios emigrantes latinos, y por el que pagaban un precio especulativo.
María se hizo mayor y continuó siendo caprichosa y egoísta, fruto e la mala educación de sus padres. Ella no se daba cuenta de que cada vez se estaba quedando más sola porque poca gente soportaba su prepotencia. Acabó siendo una rica agente inmobiliario pero nunca estaba contenta con lo sus pertenencias. Hasta que un buen día, cansada ya de vivir en medio de tanta superficialidad -porque no sabía ser de otra forma- decidió quitarse la vida. Entonces, sí comprendió que ésta no le pertenecía. Y, sin llorar, dijo adiós al mundo…

