PARTE DE LA FAMILIA (Ángel Saiz Mora)
Mi estudiado desaliño de mendigo irradiaba compasión y simpatía.
Ayudaba con las bolsas de compra a personas mayores en la puerta de un supermercado. Recibía monedas, algún alimento recién adquirido, o ropa de segunda mano. Nadie sospechaba que mi verdadera intención era descubrir, de forma discreta, el trasiego oculto de cierto individuo durante su jornada laboral.
El sujeto a observar era sospechoso de no dedicarse a la tarea a tiempo completo por la que recibía un sueldo. Pronto comprobé que todas las mañanas acudía varias horas al domicilio de su madre, en un bloque de viviendas frente al autoservicio, por carecer de dinero suficiente para pagar a una cuidadora. Un buen hombre, a quien despedirían con mi informe como prueba testifical.
No escatimé detalles sobre rutinas inexactas y horarios falsos, pero creíbles. En la agencia sabían que era mi último caso, el colofón a una brillante trayectoria como detective privado. Nadie puso en duda que el investigado estaba libre de sospecha de absentismo.
Ahora soy yo quien hace compañía a la buena mujer, su hijo ya no tiene que faltar al trabajo. No solo lleno así mi tiempo de jubilación, también he ganado una madre y un hermano.


Un relato lleno de ternura Ángel. Con la duda entre el cumplimiento de la obligación profesional y las necesidades afectivas que al final salen ganando. Un abrazo y suerte
Qué bonito final. consigues darle la vuelta a la historia y convertir lo que parecía un caso frío en un relato lleno de humanidad. Me deja una sonrisa y calorcito en el corazón. Enhorabuena, Ángel.
Pues mira, me cae bien el detective este, se ha ganado con creces esa nueva familia.
Un besazo Ángel.
Me encanta. Por lo bien que lo has expuesto y por el buen sabor de boca que deja.
Qué guay, Ángel. A veces la vida es amable y la gente, buenas personas. Cuesta encontrarlas, pero haberlas, haylas.
Esta historia es un un win win, porque solo pierde la empresa sin empatía.
Un abrazo y suerte.